Por qué los candidatos buscan hacernos llorar y no pensar

Las campañas electorales tienen como objetivo emocionar y no proponer. Cada partido construye su propia épica. 

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Pablo Icardi

Cristina presenta su libro.

Se argumenta con la cabeza, pero se ejecuta con el corazón. Puede sonar exajerado, pero es más o menos lo que pasa en el cuarto oscuro donde a la hora de votar. Elegir a un representante parece un acto de extrema racionalidad, pero, lo saben los consultores y mucho más los dirigentes políticos, es un hecho emocional. Una realidad peligrosa si se tiene en cuenta lo que se decide cada domingo de elecciones.

Desde esa premisa se construyen las campañas electorales. Y, pues, si decidimos el voto con esa lógica, los candidatos no requieren hacer propuestas; sin más bien construir una realidad verosímil para seducir, antes que contar una propuesta para convencer. En el oficialismo y la oposición están en pleno proceso de construcción de esa realidad. Cada uno con su guión; con la intención de recordar la memoria emotiva que impulse el voto.

La ex presidenta Cristina Fernández dio clases de ello. Como si no hubiera pasado el tiempo, la presentación de su libro fue un montaje que apuntó a lo emocional en un mensaje dirigido a reactivar a sus fanáticos. En la previa el video expuesto en simultáneo en todos los canales hacía parecer que el libro Sinceramente hubiera sido editado por la editorial Eloisa Cartonera y no por la empresa editora más grande del mundo (como ocurrió). Cristina no habló de ser candidata y de “volver”, solo porque no hacía falta, pues la redundancia no es el mejor de los recursos literarios. Su público, el de los fanáticos, se encargaba de ello.

La construcción de la épica K sigue intacta y funciona. Los conceptos de Cristina eran detonantes, aunque sin explicación argumental, cuestión que genera más inquietud. Mencionó un “nuevo contrato social”, por ejemplo, sin hacer referencia sobre si hablaba de la obra re J.J. Rosseau para tener una nueva institucionalidad, o si simplemente hablaba de algún acuerdo esporádico. Con astucia periodística, en el diario La Nación le preguntaron a la salida al ex juez Eugenio Zafaroni sobre el tema. Y una de las respuestas fue que hace falta una nueva Constitución.

Cornejo el memorioso

La construcción de un relato no es exclusivo de un partido y un candidato. Todos necesitan un guión que se acomode a sus conveniencias. En Mendoza ocurre igual, aunque con un enfoque distinto. En el caso del oficialismo, por ejemplo, el gobernador Alfredo Cornejo busca traer el recuerdo emocional de cuando él fue electo y ganar por contraste.

Sus ejes discursivos vuelven a ser Paco Pérez, los intendentes que tuvo el PJ y las sospechas de corrupción. Si esos fueron los ejes de campaña en 2015, ahora los refrescarán. Y es Cornejo el encargado de transmitir ese relato. Sin necesidad de cuidar su imagen, el Goberndor se expone para golpear, mientras que su candidato, Rodolfo Suárez, ocupa un rol “propositivo”.

A Cornejo no le disgusta esa función. Y algunos datos de la realidad le ayudan a nutrirse. Ocurre, por ejemplo, con las causas judiciales contra ex funcionarios. Fue condenado Luis Lobos y es el segundo intendente que tiene una sentencia en contra por casos de corrupción. Hay otro intendente imputado y la semana que viene ocurrirá otro hecho fuerte: podrían comenzar a ejecutarse las causas civiles por extinción de dominio. Es decir la justicia Civil podría iniciar los trámites para quitarle los bienes embargados a quienes están imputado por causas relacionadas con la corrupción.

Puede ponerse en duda si la justicia de Mendoza es oportunista y toma decisiones justo en época electoral. Pero lo que es seguro es el intento de capitalización política que busca hacer el oficialismo de esos hechos.

De nuevo, lo que buscan es refrescar nuestra memoria emotiva, antes que reflexionar sobre lo que se puede hacer a futuro.

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