Opinión: Innovación para el desarrollo de Mendoza

El diputado nacional Federico Zamarbide se enfoca en lo que le hace falta a la provincia de Mendoza para encarar un camino rumbo al desarrollo.

Federico Zamarbide

Zamarbide.

En cada crisis, se reaviva la discusión sobre la matriz productiva de Mendoza y el probable agotamiento de la misma. La crisis es una oportunidad para re-pensarnos y potenciar así nuestras oportunidades de desarrollo.

En este artículo, quisiera valorar la Innovación como factor de desarrollo para la provincia de Mendoza. Luego analizaremos la importancia de la calidad institucional y la calidad de vida como factores de progreso para nuestra región.

Mendoza se encuentra alejada tanto de los puertos del Atlántico como los del Pacífico. Los costos de logística en un país con grandes distancias y con altos valores del transporte terrestre, son proporcionalmente muy elevados, afectando gravemente la competitividad de nuestros bienes exportables. La situación se agrava más cuando se trata de productos a granel. En el mundo actual, transportar productos baratos es muy caro.

Mendoza tuvo que sortear históricamente estos inconvenientes, para que nuestra industria vitivinícola, por ejemplo, pueda competir en el mundo con la chilena, cuyos viñedos y bodegas están a escasos kilómetros de los puertos.

Las distancias a los grandes centros de producción y consumo del país hacen que nos sea difícil competir con otras regiones. Pero la innovación y el desarrollo tecnológico nos brindan una oportunidad: la industria del software y la comunicación. Aquí los costos de logística no son un problema, por una razón muy sencilla: en estas industrias tecnológicas, las distancias no existen.

Un programador puede estar prestando servicios desde su casa en Salto de Las Rosas, San Rafael, generando divisas a través de un contrato con un cliente chileno o centroamericano. Sólo necesita una conexión a internet digna.

En relación a esto, recientemente aprobamos la Ley del Régimen de Promoción de Economía del Conocimiento, con incentivos fiscales para la industria del software, electrónica, producción audiovisual, biotecnología, nanotecnología y nanociencia. Somos optimistas sobre el futuro de estas actividades en Argentina.

Pero la Innovación no se limita a las industrias de base tecnológica: debe atravesar toda nuestra matriz productiva. La agricultura en Israel es competitiva porque son los grandes innovadores en sistemas de riego, por citar un ejemplo. La innovación en sistemas de transporte (bi-trenes, red ferroviaria más eficiente, mejor conectividad aérea) es también una forma de reducir nuestros costos logísticos y ser más competitivos aún en bienes exportables considerados tradicionales.

Otro punto a considerar es que los sectores de más rentabilidad de la cadena de valor son aquellos que más invierten en innovación. En un estudio sobre Cadenas Globales de Valor, los autores Santarcángelo, Schteingart y Porta afirman:

 “... Las empresas que gobiernan las producer-driven1 suelen subcontratar algunas fases de la producción, pero retienen para sí la I+D y la manufacturación (compleja) del bien final.”

De más está aclarar que las empresas conservan estos segmentos de la cadena porque es donde concentran rentabilidad. Esto es así no sólo en las industrias tecnológicas y de inversión inicial alta. En todas las cadenas comerciales el segmento que más innova es el que más gana. Ergo, si queremos rentabilidad debemos ser innovadores.

Si sólo seremos desarrollados si somos innovadores, la educación es un factor clave. En este sentido, tanto Gran Mendoza como San Rafael se consolidan como polos universitarios. Sólo en este último departamento hay más de 90 carreras universitarias, y más de 2600 estudiantes matriculados en carreras técnicas. Nada mal para una comuna con 192 mil habitantes.

Valga aquí un cambio que nos debemos animar a dar: en los países desarrollados, a las universidades se las premia con recursos públicos cuando se insertan en la comunidad en que están ubicadas. También cuando interactúan con el sector productivo para transferir conocimiento y tecnología.2

En lo que respecta a Educación e I+D, la Universidad Nacional de Cuyo forma parte de una poderosa herramienta de vinculación: el Instituto Tecnológico Universitario (ITU). El mismo está presente en varios puntos de la Provincia, lo cual es una ventaja para generar un territorio innovador. Además, tiene la ventaja de tener cierta flexibilidad curricular, lo cual es importante cuando de tecnología se trata. Las rigideces de la burocracia suelen atentar contra los procesos educativos disruptivos.

Finalmente, tenemos que tener presente que innovar implica arriesgar. Entonces, de lo que se trata es de incentivar a los agentes económicos a tomar riesgos. Para ello deben darse condiciones de estabilidad, que les den un marco de seguridad ante la incertidumbre que implica innovar. Estabilidad que sirva como trampolín para arriesgarse apostando al futuro. Estabilidad basada en Reglas de juego que definiremos en la próxima columna.

1- Son aquellas Cadenas Globales de Valor dominadas por el productor, intensivas en capital y de alta tecnología como la industria electrónica, automotriz o aeronáutica.

2- Instituciones para la Innovación, MANUEL MARFÁN, en “Innovación para el Desarrollo de Territorios Inteligentes”.

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