La expectativa de un partido que hace 8 años no gana en Mendoza

El PJ tuvo su último festejo en 2011, cuando Francisco Pérez logró la gobernación. Si hoy se impusiera en la provincia, será una victoria para festejar con moderación: nacionalizó la campaña para que ganara la fórmula presidencial. Qué evidencias dejó el tramo final de las campañas y cómo podría proyectarse este escenario en la batalla por la gobernación.

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JUAN CARLOS ALBORNOZ

Uceda con Alberto Fernández y Anabel Fernández Sagasti.

Prensa PJ.

El justicialismo mendocino no festeja un triunfo electoral desde 2011. Es en el partido en el que es más alta la expectativa este domingo: los sondeos hablan de una elección por lo menos cabeza a cabeza entre la lista propia provincial y la que tiene entre sus principales candidatos al gobernador Alfredo Cornejo.

Si la larga sequía peronista que empezó tras la asunción de Francisco Pérez al frente de la gobernación se cortara hoy, habrá festejo asegurado. Aunque también deberá imperar el análisis moderado: la victoria será, más que nada, de la fórmula nacional del partido.

Es que el justicialismo local fue dócil a esa estrategia de "nacionalización" que Alberto Fernández y Cristina Fernández impusieron en todo el país. La propia candidata a diputada nacional del PJ, Marisa Uceda, se autodefinió como un complemento y cedió todo el protagonismo de la campaña a la fórmula nacional.

Sin embargo, al menos en un sector del PJ, en estas horas cuesta contener la emoción, tanto por lo que ha pasado hasta ahora como por lo que podría ocurrir.

En pocos meses, Unidad Ciudadana (los discípulos locales de Cristina) obtuvieron logros inesperados.

A principios de este año, Anabel Fernández Sagasti habría aceptado gustosa la candidatura a la vicegobernación, ya que el liderazgo del justicialismo estaba en otro lado.

Sin embargo, los desacoples internos entre su grupo y el de los intendentes peronistas derivaron en una interna impensada y en un triunfo en las urnas que convirtió a la senadora nacional en candidata a gobernadora del partido.

Que ese grupo, en el cual los principales referentes son jóvenes, ahora se acerque a una victoria, menos de dos meses después de haberse impuesto en la interna, les infla el pecho a los militantes.

Nadie se anima de todos modos a festejar de antemano y hasta incluso hay quienes se dan por hechos ante la posibilidad de disputar una elección "palo y palo" nada menos que con el gobernador de la provincia.

Las encuestas, hasta donde pudieron ser creíbles, hablaron de una elección pareja, con diferencias para uno u otro que están abarcadas en el margen de error de todo sondeo.

Hablaron, más que las encuestas, los gestos de los protagonistas y la intuición de unos cuantos analistas del escenario electoral. Cornejo terminó la campaña en tono agresivo y en el peronismo, si bien fueron contestados los embates, hubo una actitud mucho más serena. Una y otra son las posturas típicas del que tratar de no perder y el que tiene confianza en ganar.

Más que de las virtudes propias, el resultado de hoy probablemente hable más de cómo condicionaron a los candidatos provinciales sus referentes nacionales. Para bien o para mal.

Las que vendrán después, en dos turnos, sí serán batallas bien mendocinas, cara a cara, debido a que las elecciones fueron desdobladas. El 1 de setiembre se votará en cuatro departamentos que hoy domina el justicialismo y el 29 se elegirá el próximo gobernador.

Pero aunque todos los que se enfrentan en Mendoza estén a mitad de camino y el resultado de hoy no sea un golpe definitivo, será imposible al final de esta PASO evitar que haya alegrías y decepciones marcadas.  Y más que nada, proyecciones y nuevas estrategias para los combates decisivos que están por venir.

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