Fernández Díaz: "Es una obligación discutir con Perón, ese padre malévolo y genial"

El reconocido periodista y escritor presentó la edición actualizada de "El hombre que se inventó a sí mismo", una biografía no autorizada del periodista Bernardo Neustadt. De paso, con su particular estilo y una mirada apasionada, el hoy exitoso conductor radial analiza la realidad nacional. 

redacción mdz

Jorge Fernández Díaz, quien además de su éxito literario encabeza uno de los programas más escuchados de radio Mitre.

Después de casi cuatro décadas como periodista, y de haber publicado una docena de novelas, relatos y crónicas, Jorge Fernández Díaz aseguró en Mar del Plata que su objetivo sigue siendo aquel con el que fantaseaba cuando era un chico que devoraba la colección Robin Hood: "Siempre quise ser un escritor de aventuras, y aun quiero serlo".

Fernández Díaz visitó la localidad balnearia para presentar la edición actualizada de una obra suya que durante 25 años él mismo rechazó, El hombre que se inventó a sí mismo (Planeta), una biografía no autorizada del periodista Bernardo Neustadt, con la que se reconcilió en 2018, y que cree que "a la distancia, puede leerse como un libro de aventuras".

Neustadt fue el primer periodista empresario. Inventó una manera de hacer periodismo, que uno puede imitar o cuestionar, y su vida es la postal de una época muy convulsionada del país".

-¿Qué fue lo que inventó Neustadt?

-Como vocero y lobbista del establishment, creó un negocio que fue continuado por otros. Una forma de trabajo en la que su ambición pesó mucho: quiso ser multimillonario, quiso ser un operador político. Inventó una manera de hacer periodismo, con su propia productora, con su negocio, y eso puede usarse bien o usarse mal.

-Neustadt buscó deliberadamente influir en el poder. ¿A usted le importa ser leído por gente poderosa?

-Me leerán, pero a mí no me interesa hablar por ejemplo con el Gobierno. Voy quizás a algún café cuando me invitan, pero para no ser descortés. A mí me interesa más que me lean otros escritores, o intelectuales a los que yo desafío a pelear porque se han movido con verdades cristalizadas durante mucho tiempo.

-¿Y qué cambios impone el hecho de ser un best seller desde hace años y poder recuperar un libro que usted mismo negaba?

-Es interesante. Un poco mirándolo en retrospectiva, yo soy hijo de la colección Robin Hood y del Cine de Súper Acción. La película y la novela estuvieron muy pegadas. Luego, en el periodismo estuvieron muy pegados el diario y el libro. Ahora, el ensayo y la columna. Es decir que creo que siempre quise ser un escritor popular, por eso escribí un libro sobre San Martín, un libro sobre mi madre, dos policiales y novelas de amor. En cada área me metí respondiendo a esos valores, a pesar de que soy un lector de toda la vida de Borges, Hemingway y de los grandes escritores de la alta literatura.

Siempre quise ser un escritor de aventuras y sigo queriendo serlo. Y a la distancia, el libro de Neustadt es un libro de aventuras o se podría leer como tal". 

-Hay otra gran "aventura" que cruza este libro y también muchos otros suyos: La Argentina. ¿Por qué?

-Porque yo soy un apasionado de la Argentina. Cuando me enojo en la radio la gente cree que exagero, pero es que me duele en serio. Y a veces siento que la Argentina es un fracaso catastrófico. Argentina tenía las condiciones para crecer de una manera espectacular. Y nosotros hemos fracasado por décadas y décadas de problemas.

-¿Es optimista respecto del futuro?

-Yo no me puedo permitir el lujo del escepticismo. Y además no lo siento.

-Como analista político que escribe sobre la actualidad, ¿lo entusiasma este 2019 marcado por las elecciones?

-Me aterra, porque me parece que lo que está en juego en la Argentina es una guerra de sistemas. Los argentinos van a tener que decidir en qué sistema democrático queremos vivir. Es tan extremo, porque una parte de la política plantea salirse del sistema democrático y representativo: reformar la constitución, sacarle las partes liberales históricas, colonizar a fondo la justicia. Hay un proyecto en marcha de un sector que tiene peso que implica terminar con la democracia occidental tradicional. Eso me parece que es romper el sistema. 

Hoy hay dos argentinas: una más volcada a lo nacional, al consumo interno, al vivir con lo nuestro. Y otra más cosmopolita, más exportadora, liberal en el sentido político. Esas dos argentinas nunca se han puesto de acuerdo".

-¿Y no ve ese acuerdo en el horizonte?

-No, porque me gustaría que el peronismo entrara en ese sistema virtuoso. Pero es muy difícil explicarle esto, y yo lo puedo decir porque he votado al peronismo durante muchísimos años y he formado parte de ese gran malentendido. Creo que la gran discusión es con Perón, que es el gran escritor de conciencias del siglo XX. Perón fue al siglo XX lo que Sarmiento fue al XIX. Por eso me parece una obligación discutir con ese padre malévolo y genial.

-¿En qué plano plantea esa discusión?

-En que el peronismo tiene que superar un pecado original muy difícil, porque es una tara constitutiva: nosotros somos la patria y lo demás es la partidocracia. Esa es una idea que no ha permitido que las dos Argentinas se sienten a negociar. Me parece que hay una parte del peronismo que cree un poco en esto, y otra que cree que eso es la pasteurización del peronismo y quiere seguir manteniendo una idea sectaria. Y no hay un reconocimiento de que con este sistema fracasamos. El argentino, la sociedad y la dirigencia no creen que la Argentina haya fracasado.

-¿La literatura te permite exorcizar esos enojos?

-Sin dudas, en muchos libros vuelco lo que yo he visto en los fondos de la política argentina. Y la columna que yo hago los domingos también la tomo como una pieza ideológica, como un ensayo. Me tomo muy en serio el tema, porque yo tengo pasión por la Argentina.

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