El voto pensado se impuso al voto emocional

Aunque la lógica y los cálculos de los gurúes del marketing político aventuraban una derrota para el oficialismo, en virtud de un contexto económico durísimo, primó la valoración del votante que puso en la balanza la gestión local e incluso replicó ese razonamiento en las comunas estratégicas.  

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Rubén Valle

Rodolfo Suarez y Anabel Fernández Sagasti 

Los duranes barbas que campeaban en la previa electoral en Mendoza insistían con la apelación al voto emocional, lo que explicaba de alguna forma que se hiciera tanto hincapié en la esperanza, en "recuperar" la alegría, en un contexto donde la crisis económica no daba margen para el más mínimo optimismo.

Fue el peronismo quien apeló al discurso esperanzador de la mano de una potencial vuelta del PJ al poder en la provincia. Sin embargo, mientras Anabel Fernández Sagasti planteaba un menú de propuestas encuadradas en el populismo K de manual (remedios gratuitos, boleto educativo y guarderías también sin costo, generación masiva de empleos), desde el oficialismo pusieron sobre la mesa temas a priori "piantavotos" como recuperar la minería o sostener el polémico Ítem aula.

La principal mochila que portaba el candidato de Cambia Mendoza, la inevitable asociación con el gobierno nacional, pesó menos en las urnas que los logros de la gestión de Alfredo Cornejo en cuanto a haber ordenado la provincia y poder exhibir obras concretas pese a un panorama económico más propicio para el estancamiento que para la acción.

Independientemente de las cifras finales, el triunfo de la fórmula Suarez-Abed habla de un voto pensado, no emocional, no la apuesta a ciegas. Si hubiera primado la bronca generalizada por la acción e inacción del gobierno de Mauricio Macri, claramente el resultado hubiera sido otro. 

Mostrando su sapiencia de animal político, Cornejo supo ver a tiempo que si no desdoblaba la elección provincial la "ola Alberto-Cristina" se hubiera llevado puesto los cuatro años que le demandó a Cambia Mendoza volver a encarrilar a la provincia.

Como aspecto positivo para el peronismo, incluso en el impacto de la derrota, es haber podido sellar una trabajosa unidad, lo que en teoría servirá para fortalecer su rol de opositor, además de perfilar a jóvenes candidatos llamados a ocupar un importante rol en la renovación de esa fuerza.

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