De la Rúa: el voto fallido y la decepción de aquella opción progresista

En el día de su muerte y en medio de las evocaciones de rigor, recordarlo como un hombre honesto no le da a De la Rúa una estatura política mayor que la que pudo alcanzar. Los hechos y la historia del país y sus dirigentes son fuentes insustituibles para ir más allá de opiniones parciales y sacar otras conclusiones. 

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Rubén Valle

La dupla ganadora: Fernado De la Rúa y Chacho Álvarez.

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La historia del votante argentino, salvo contadísimas excepciones, es la historia de una recurrente frustración. La mía, la mayor, está asociada a Fernando de la Rúa.

Tras una década de "menemato", la propuesta de la Alianza, en la que confluían partidos de centro e izquierda moderada, y donde la Unión Cívica Radical y el Frepaso iban a la cabeza con dirigentes de trayectoria irreprochable como Graciela Fernández Meijide, era una opción "progresista" que no podía fallar.

Así fue como la dupla De la Rúa-Carlos Chacho Álvarez obtuvo el 48,5% de los votos y se abría un crédito enorme.

La apuesta a José Luis Machinea en Economía, al no reducir el gasto fiscal y tener que recurrir al "blindaje" del FMI para tapar grietas mayores, marcó uno de los primeros fracasos en cadena.

Lo reemplazaba un sólido Ricardo López Murphy, quien tenía un plan y equipo como reencauzar el rumbo perdido, pero sin el crédito político necesario su paso al costado dio pie a la peor opción y al principio del fin: la llegada de Domingo Cavallo. Regreso igualmente fogoneado por el propio radicalismo como por esa clase media que no se resignaba a quedarse sin el fantasioso 1 a 1.

Saltando detalles, llegamos al infame "corralito" que terminó por sellar la ruptura hacia adentro y hacia afuera. Sumado a esto, y no como gesto menor, el fogoneo histórico del peronismo para siempre soplar al que está al borde del precipicio y confirmar que la caída era inminente.

La falta de un liderazgo y una cosmovisión política más astuta y convincente, confluyeron en un cúmulo de errores que no podía terminar de otra manera que abordando el hoy mítico helicóptero del adiós.

Recordarlo como un hombre honesto no le da a De la Rúa, en el día de su muerte y las evocaciones de rigor, una estatura política mayor que la que tuvo. Los hechos y la historia están ahí al alcance de la mano para ir más allá de opiniones parciales como esta y sacar otras conclusiones. 

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