Cómo impactará el "cordobazo" en el mapa político nacional

El resultado de Córdoba es histórico para el peronismo de esa provincia. Sin embargo, ningún candidato nacional puede capitalizarlo, salvo el propio Schiaretti. Cambiemos y la UCR perdieron por partida doble. Para Macri puede ser una señal de la "oportunidad perdida": en esa provincia gestó su triunfo en 2015.

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Pablo Icardi

La mesa del PJ "No kirchnerista"

Si algo le faltaba al gobierno nacional para agudizar su crisis es tener un calendario electoral como el del 2019; con elecciones anticipadas en distritos donde no tenía ninguna chance real de llegar al poder o, incluso, mostrar aún más sus debilidades. El caso de Córdoba es justamente eso: Scharietti no tenía competencia real y para colmo la alianza Cambiemos se rompió por las diferencias internas del radicalismo. El resultado fue categórico en las urnas y dudoso en sus efectos. Es que Córdoba es una provincia que en lo político vive una paradoja. Muchos la califican como “antiperonista”, pero gobierna el justicialismo con comodidad desde hace más de dos décadas.

Eso es lo que explica cómo en 2015 el propio Scharetti lograba la conducción, pero a la vez Macri se hizo fuerte y consiguió el apoyo electoral que necesitaba para ser presidente. También que en la campaña no haya habido referencias nacionales, a pesar de la importancia electoral que tiene la provincia mediterránea. Un hecho político importante es que el kirchnerismo esta vez no intentó hacer sombra. Por temor al ridículo electoral de otros momentos, y también por conveniencia política. Un gesto que no pasa desaparcibido.

Esa imagen de “independencia” que construyó el peronismo cordobés le permitió, en la gestión, litigar con los gobiernos kirchneristas y ahora cobrar con Macri. Y en lo político Scharietti se sube el precio: fue uno de los fundadores del “peronismo federal” y tiene en sus manos un resultado electoral contundente en uno de los distritos más importantes del país. En esa mesa golpea fuerte: Massa es puro voluntarismo, Urtubey no despega, Pichetto es un negociador sin votos y Scharetti ganó con el 60%. 

Cambiemos, desarmado  y sin liderazgo

Para Macri Córdoba no solo es un dato negativo por el resultado de su candidato. También porque puede ser una señal de la “oportunidad perdida”, tras la confianza que el electorado cordobés le dio en 2015. Aunque está claro que la política no es matemática y mucho menos los cordobeses se dejan arrastrar por un nombre, la tracción que puede sugerir Schiaretti no es despreciable. Habrá que ver hacia dónde se vuelca. Lo cierto es que ningún candidato nacional puede capitalizar el resultado de Córdoba. Si hay una elección que tiene identidad política propia, es la de esa provincia. Claro que con una figura que tiene intenciones de ir más allá.

Más allá de la diferencia de votos, Cambiemos mostró sus fisuras en la elección de Córdoba y también la falta de conducción política. Macri, Carrió y Cornejo no lograron evitar el quiebre. El radicalismo volvió a mostrarse más como una federación de partidos comunales, plagado de mezquindades, que como una fuerza nacional. La ruptura entre Negri y Mestre deslegitima a los dirigentes que ahora deben intentar rearmar una estrategia nacional. El propio gobernador de Mendoza y presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, quedó mal parado. No tiene mucho que mostrar más allá de buena voluntad. En el radicalismo perdieron todos. Los que insisten en refozar Cambiemos, y los que quieren reconstruir una identidad con otros horizontes.

El dato “resiliente” que analizan en el oficialismo nacional es que “otra vez ganaron los oficialismos”. Claro que esa es solo media verdad: ganó el oficialismo en la provincia, pero perdió el oficialismo en la Ciudad de Córdoba, donde justamente gobernaba un radical y ahora habrá un peronista.

El otro análisis minimalista que hacen en Mendoza es que “en Córdoba se provincializó la elección” como quieren hacerlo acá.

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