Alejandro Grimson: "Necesitamos comprender al peronismo si queremos entender a la Argentina"

El antropólogo presentó su libro "¿Qué es el peronismo?", donde fusiona los recursos de la crónica y el ensayo para captar la complejidad de un recorrido que arranca en 1945 con el gesto fundante de Juan Domingo Perón, las coordenadas culturales que dieron origen al menemismo, la aparición del kirchnerismo en el crispado paisaje social posterior a la crisis de 2001 y el escenario que en 2015 materializó la derrota a manos de la fuerza Cambiemos.

redacción mdz

Alejandro Grimson.

El antropólogo Alejandro Grimson aborda en ¿Qué es el peronismo? el fenómeno político más complejo de la historia nacional, en un texto que propone repensar el movimiento surgido hace 74 años como una identidad política cambiante que a lo largo de su devenir se ha alimentado tanto del fervor de sus dirigentes como de la vehemencia de sus detractores.

Revolucionario y conservador según el corte histórico donde se sitúe la mirada, el peronismo es "la identidad política más persistente del país", una definición que para el autor de "Mitomanías argentinas" tiene como requerimiento central desechar la idea de una formación monolítica: "El peronismo no es algo de una vez y para siempre. Los análisis han procurado asirlo o simplificarlo pero el peronismo siempre ha desbordado a sus estudios".

En ¿Qué es el peronismo? Grimson fusiona los recursos de la crónica y el ensayo para captar la complejidad de un recorrido que arranca en 1945 con el gesto fundante de Juan Domino Perón y desgrana un saga de acontecimientos como el asesinato del líder sindical José Ignacio Rucci, la masacre de Ezeiza, las coordenadas culturales que dieron origen al menemismo, la aparición del kirchnerismo en el crispado paisaje social posterior a la crisis de 2001 y el escenario que en 2015 materializó la derrota del peronismo a manos de la fuerza Cambiemos.

-¿Por qué analistas e historiadores a lo largo del tiempo siguen empeñados en descifrar la naturaleza del peronismo?

-Necesitamos comprender al peronismo si queremos entender a la Argentina. Creo que hacemos mal las preguntas relevantes para entenderlo. La pregunta acerca de si el peronismo es de izquierda o de derecha se basa en una presuposición equivocada. Si uno toma cualquier país "normal" del mundo va a identificar una extrema izquierda, una centro izquierda, un partido más socialdemócrata, uno de derecha o de centro derecha y uno más de ultraderecha. El peronismo desde 1945 hasta ahora ha encarnado cada una de esas variantes. El error está en tomar a la política como una línea que va de derecha a izquierda: hay que pensarla como un volumen y mirar de otra manera a los peronismos en su devenir histórico. 

El peronismo es tan complejo como el comunismo o el socialismo, solo que a diferencia de ellos hace ostentación de su complejidad: los peronistas están orgullosos de ser un fenómeno incomprensible para el resto".

-El antiperonismo también ha capitalizado esa supuesta dificultad para construir su retórica...

-Sí, los antiperonistas utilizan esa supuesta inentendibilidad como justificación de su lucha contra el peronismo en todas sus expresiones y variaciones a lo largo de 74 años, que incluyen desde una educación del pueblo para que no siga votando al peronismo hasta golpes de Estado, bombardeos y situaciones de exterminio. A lo largo del tiempo hubo distintos tipos de antiperonismo aunque todos han puesto en el eje la idea de cómo se termina con algo que se considera anormal: una enfermedad, una aberración que tiene que ser curada o extirpada según las diferentes interpretaciones.

-Habla de una lógica relacional por la cual es necesario poner al peronismo en diálogo con el antiperonismo. ¿En una sociedad con componentes tan antinómicos, qué valor tuvo para la supervivencia del peronismo esta dialéctica tan fervorosa?

-Mucho. Aramburu, por ejemplo, fue una fábrica de peronismos. Muchos se habían hecho peronistas en el 45, 46, 48... pero al mismo tiempo otros que habían sido críticos con Perón, cuando gobernaron los liberales de manera brutalmente autoritaria se fueron acercando al peronismo ante el horror de lo que veían. De hecho, una parte de la juventud peronista de los 70 son los hijos de los antiperonistas del 55. Muchas veces el antiperonismo es generador de peronismo. Hoy se podría decir por ejemplo que hay kirchneristas de Néstor, de Cristina y también de Macri.

-Una de las hipótesis de su investigación es que el peronismo crece cuando su base de sustentación es heterogénea y por el contrario entra en un período de sombra cuando se repliega en una homogeneidad. Bajo esa lógica, ¿se podría leer el devenir de cualquier fuerza, como el caso de Cambiemos?

-Claro. La regla es que no puede haber mayorías que no sean heterogéneas. No existe un triunfo del 50 por ciento sin heterogeneidad porque no existe una homogeneidad de tal magnitud. El 54 por ciento obtuvo Cristina Kirchner cuando fue reelegida en 2011 fue heterogéneo en términos sociales y políticos porque incluía a Scioli, Massa, Moyano, De la Sota, la CGT, etc... Cuando esos dirigentes ya no estuvieron, el resultado no fue el mismo. En el caso del triunfo de Macri eso es bien visible: con sólo diferencia de meses sacó el 24% en las PASO de 2015 y a partir de entonces va agregando heterogeneidad en cada una de las instancias: en la primera vuelta obtiene el 34 por ciento y después en el balotaje un 51%.

-Si tomamos en cuenta que Cristina Kirchner fue reelegida en 2011 con ese margen y que cuatro años después el espacio que lidera perdió las elecciones ¿Los electorados son maleables y migran la orientación de su voto por razones que van más allá de lo económico?

-Lo económico es muy relevante pero no es monocausal del voto. Ahí entran en juego también las configuraciones de sensibilidad de los distintos sectores sociales, las nuevas agendas... Eso explica que muchos de los sectores que votaron a Cristina en 2011 empezaron a plantear después que había por ejemplo fallas importantes en el tema del transporte público que estaba muy dañado. También empezó a pesar el tema de la seguridad. Hacia 2012 o 2013 si el kirchnerismo pretendía mantener o ampliar ese 51%debía haber prestado atención a cuáles eran las nuevas agendas. En ese contexto no tuvo la capacidad de generar un relato del futuro y el centro del discurso estuvo más concentrado en los logros del pasado. 

La gente no suele votar en función de los logros del pasado. Los partidos tienen que ofrecer una agenda de futuro".

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