Vivir enojado: el karma de los dirigentes y políticos

Ser una figura dedicada a la política tiene sus desventajas, y una de ellas es cuando tiene ataques de ira. ¿Por qué les pasa?
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Nicolás Munilla

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Vivir enojado: el karma de los dirigentes y políticos

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Vivir enojado: el karma de los dirigentes y políticos

Muchas veces, para los dirigentes y políticos no es fácil mantener la calma en momentos donde se presentan situaciones tensas o incontrolables. Perder los estribos, como se suele decir popularmente, puede generar dolores de cabeza para el político y su entorno a posterior, sobre todo si los arrebatos se manifiestan en público o toman demasiada trascendencia en la sociedad.

Pero esto no es tan sencillo como parece serlo. Si bien son seres humanos como cualquiera, los políticos tienen una mayor carga de responsabilidades y exposición pública que la gran mayoría de las personas, por lo cual termina potenciando ciertas actitudes negativas (o también positivas), más allá de las particularidades psicológicas de cada individuo.

José Alberto Muñóz es psicólogo y presidente del Colegio de Psicólogos de Mendoza. En principio, el profesional contextualizó este tema en el estudio de dos ramas de la psicología:

 "Por un lado está la psicología política, la cual tiene distintas ramas de estudio sobre la política, como por ejemplo saber cómo se generan los movimientos populares y su impacto en términos electorales".

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"El otro aspecto está relacionado con la psicología del individuo, para no agotar solamente en el proceso de entendimiento del individuo, porque puede ser engañoso", agregó. La necesidad de abordar la temática desde esos dos aspectos se basa en que "se ve con mucha facilidad cómo hay un mal uso de terminologías que tienen que ver con situaciones psicológicas absolutamente normales que atravesamos todos los seres humanos como elementos de trastornos en las conductas de los dirigentes".

Presiones y arrebatos

Muñoz explicó que "una persona que está sometida a infinita cantidad de preocupaciones a múltiples cantidades de problemas de gran tamaño y muchas posibilidades de solución, como un dirigente o un político, está expuesta a una presión inconmensurable".

Por su parte Ana Krieger, psicóloga e integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explicó:

 "El arrebato es una expresión emocional que en general tiene que ver con estar fuera de sí mismo, un desborde de un eje equilibrado donde la persona transmite un estado de impotencia".

"Muchas veces estas cuestiones que aparecen irruptivas, violentas o autoritarias, tienen que ver con una sensación de impotencia donde lo que se quiere transmitir o lograr en el otro es algo que solamente pareciera que se puede conseguir desde ese estado", agregó.

Egocentrismo

¿Por qué los políticos tienden a enojarse ante las críticas? Krieger señaló que "en general, tienen una elevada idea de sí mismo. Un político que quiere llegar a conquistar el poder tiene que hacer una configuración mental donde apuesta y está seguro de que va a conquistar lo que pretende. Son personalidades que tienen poca tolerancia a la frustración".

"Esta situación, que da seguridad y fuerzas donde otras personas se derrumbarían, muchas veces choca con la realidad misma", indicó. Es ahí cuando se produce un quiebre que desemboca en un episodio de ira: "En ese momento se produce un desencuentro entre el ideal que persigue y lo que realmente obtiene. Tiene una reacción de enojo porque no coincide la realidad externa con la realidad interna, le dice algo que no quiere ver".

Muñoz brindó una explicación similar: "Uno tiende a reaccionar mal cuando se marcan cosas que uno considera que no son ciertas o que sí lo son, provocando esa reacción en función del enojo de ir marcando la verdad".

Repercusiones en la ciudadanía

Los enojos públicos, o que trascienden públicamente, de los políticos no suelen ser bien vistos por parte de la sociedad y provoca un replanteamiento de los ciudadanos sobre la confianza que le brindan al dirigente.

Krieger sostuvo que las expresiones negativas "producen efectos de angustia y temor en las personas que asisten a este tipo de arrebatos. Si los gobernantes o políticos se arrebatan frente a los gobernados (pueblo) pueden generar temor, ansiedad, inseguridad, desazón y desamparo".

En ese sentido, Muñoz señaló que "si un político o un dirigente solamente se expresa a través de la ira, siendo el único mecanismo que tiene para canalizar las frustraciones, más temprano que tarde habrá una percepción por parte de la ciudadanía de qué clase de dirigente es y si conviene o no depositar la confianza de todos".

Que se enojen o lloren no significa que estén locos

Más allá de que un arrebato o cualquier expresión sentimental esté en el ojo público, es poco conveniente calificar a un político con determinada patología psicológica o utilizar una retórica similar para criticarlos.

"No comparto que se utilice como cualquier atributo de expresiones emocionales ni enfermedades en función de denostar políticamente, tanto porque es ilegal en la Ley de Salud Mental, es muy peyorativa y estigmatiza a las personas que sufren trastornos patológicos", sentenció Muñoz.

¿Qué es lo que el político tiene que hacer?

Para Krieger, es importante que el dirigente o político se dé cuenta de su estado: 

"Si el político se da cuenta que reacciona mal, es un paso muy importante, porque nunca se sabe hasta donde pueden darse cuenta de su reacción".

Por su lado, Muñóz enfatizó en que el político debería "tratar de encontrar mecanismos de accesibilidad a dispositivos profesionales que le permiten aliviar esa sintomatología de ira".

"La construcción que puede hacer un político a partir de su enojo es, si hay situaciones que están vinculadas con sus propios padecimientos internos, tratar de encontrar algún proceso que le permita revertir esas situaciones", concluyó.

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