Política Una de las obras más demoradas

Veinte años para hacer dos kilómetros de ruta

El desarrollo de Potrerillos es uno de los ejemplos de cómo en Mendoza la planificación y las obras de largo plazo son difíciles de llevar a cabo. En marzo se inaugura el túnel de Cacheuta que costará un 600% más que la inversión original prevista. El Estado cambió una vez más las reglas de juego para los inversores en el perilago del dique.
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Marcelo Arce

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Veinte años para hacer dos kilómetros de ruta

Tuvieron que pasar casi 20 años, cinco gobernadores, ocho ministros de obras públicas, otros tantos secretarios de Ambiente y varias decenas de funcionarios provinciales más para que Mendoza empezara a cerrar el plan de obras sobre una de sus joyas turísticas: el dique Potrerillos.

En poco menos de un mes, la provincia dejará inaugurado el túnel que volverá a conectar la villa de Potrerillos con Cacheuta, una obra que había sido proyectada en el 2000 y cuya construcción fue paralizada en 2008 porque estaba mal hecha.

Todo el desarrollo de esa zona es el ejemplo de cómo se encaran proyectos de envergadura y de trabajo a largo plazo: para hacer un túnel en un cerro y construir 2.200 metros de camino se tardaron años y, en consecuencia, se pagaron mayores costos.

El túnel de Cacheuta fue proyectado en $63 millones y hacerlo costó $380 millones, es decir, un 600% más de fondos aportados, fundamentalmente, por el Banco Interamericano de Desarrollo.

En este punto las idas y vueltas fueron infinitas. Las obras fueron paralizadas el 22 de septiembre de 2008 ya que el proyecto original tenía un defecto: cuando se diseñó el trazado, durante el gobierno de Julio Cobos, se lo hizo a través de un cerro que no resistía la construcción de un túnel.

Este camino era una de las obras complementarias que la provincia encaró tiempo después de la construcción de la presa Potrerillos y con financiamiento internacional (el recordado préstamo del BID por U$S 75 millones que se acreditó en 2005 y que se denominó "Mendoza Productiva) se le adjudicó a la UTE conformada por Homaq SA, Rovella Carranza SA y Panedile SA que, tiempo después, paralizó los trabajos argumentando, entre otros motivos, que el proyecto realizado por la Provincia está mal realizado.

Uno de los asuntos más controversiales de aquella época fue que, a pesar de que habría estado al tanto de esta situación desde el principio, la empresa perforó la montaña y avanzó con la construcción de un túnel que conducía hacia ningún lado. En las laderas del cerro, el tipo de roca encontrado hacía imposible el avance de la ruta, con lo cual quedó descartado que un camino pasara por allí. Eso sí, la UTE certificó ese trabajo y lo cobró.

Otro de los problemas fue que la empresa que hizo el dique, CEMPPSA, recomendó no permitir el tránsito sobre el coronamiento de la presa por motivos de seguridad y porque allí están instalados los sensores electrónicos del dique, que podrían ser robados o dañados.

Ante esto, en setiembre de 2008 y ya durante el gobierno de Celso Jaque, la construcción de la ruta se paralizó y se inició una larga discusión que obligó al entonces gobernador a prometer que, antes de irse del poder en 2011, el tema iba a quedar solucionado. Pero nada de eso pasó.

Mendoza debió iniciar un largo proceso de renegociación con el BID para volver a conseguir financiamiento y además, con mucho de vergüenza. Le habíamos presentado al organismo de crédito internacional un proyecto irrealizable.

Pero para poder obtener los fondos necesarios, hubo que cambiar su proyecto. Lo que en principio fue un túnel y un camino que iba a pasar por encima de la presa para unir Cacheuta con Potrerillos, se transformó en un camino de 2.000 metros con un nuevo túnel que se ubicará más al sur que el ideado en un primer momento, que incluye caracoles de subida, dos puentes y un camino de vinculación con la entrada al actual perilago de Potrerillos.

El papelón fue más grande cuando quedamos ridiculizados en televisión. En 2016 Discovery Channel emitió uno de los episodios de su ciclo "Horror de cálculo", en dónde con sorna, pero con mucha información, ridiculizaban la situación de una ruta que terminaba contra una pared de montaña porque por allí, hacer pasar un túnel de 300 metros, era inviable.

La historia del perilago

La construcción del túnel y de la ruta serán un paso importante para terminar con años de frustración en la zona. Pero todavía falta, y parece que mucho, para otra de las patas fundamentales para que el lugar se convierta, como alguien la calificó alguna vez, en "la nueva Carlos Paz de la Argentina".

El gobierno de Alfredo Cornejo definirá en unas semanas nada más, un nuevo cambio en las reglas de juego para atraer inversores y llevar adelante el proyecto de perilago que, en marzo próximo, cumplirá 16 años.

En esa fecha se registrará un nuevo aniversario de la firma por parte del entonces gobernador Roberto Iglesias, del decreto 1022/2002 que creó la Comisión de Coordinación del Desarrollo para el perilago de Potrerillos (Codepp), organismo que iba a tener a su cargo la tarea de la concreción de un proyecto turístico en las orillas del dique, cuya inauguración había sido en diciembre de 2001.

Si bien se avanzó con la construcción del camino que corre junto a una parte de la costa, el plan turístico estuvo sujeto a los vaivenes políticos de los últimos tiempos.

Durante ocho años, en los gobiernos de Iglesias y de Cobos, se avanzó con la idea de hacer un gran desarrollo inmobiliario en la margen sur del dique, a través de la inversión privada, que pasaría a ser circundada por edificios públicos destinados principalmente a dotar al lugar de infraestructura para la práctica de deportes náuticos y servicios sanitarios.

La idea madre era la conformación de un ente regulador que iba a encargarse de controlar la explotación de los terrenos fiscales en torno al espejo de agua. La Legislatura avaló incluso ese plan, con la sanción de una ley en la Cámara de Diputados que después no prosperó.

Llegó luego Celso Jaque y cambió todo. De un proyecto de explotación privada (y de un potencial negocio inmobiliario para pocos) se pasó a un uso público exclusivo.

Se estableció que sólo 104 hectáreas iban a quedar disponibles en torno al perilago y se comenzó a trabajar en la búsqueda de algún inversor para avanzar.

Unos meses después de tomar esa decisión, en noviembre de 2010, un estudio de arquitectos mendocinos conformado por seis profesionales (Gustavo Barea, Daniel Gelardi, Federico Inchauspe, Julio Miranda, Hugo Muñoz y Federico Sampieri) ganó el primer premio en el concurso público que se realizó para encontrar al responsable de hacer el proyecto de la obra. Por ello cobraron un premio, que rondó los $500.000.

Lo que presentaron fue un sector de 300 metros destinado a playa y un largo muelle de 60 metros para actividades deportivas, entre otras iniciativas a lo largo de 7 kilómetros. (Foto)

Francisco Pérez pareció darle otro impulso a la obra y avanzó con el estudio de arquitectos locales y trabajó para construir la zona de playa y el muelle. Aunque Paco nunca dispuso los $100 millones necesarios para hacer lo que se había anunciado y se fue sin siquiera, como se había prometido, mejorar la zona de servicios en donde está emplazada hoy la estación de YPF o hacer baños públicos.

Cornejo tomó la decisión de sepultar ese proyecto. "Era una locura ejecutarlo, porque lo que se pretendía era hacer otro centro de alto rendimiento deportivo en el perilago. Era otro elefante blanco de Pérez", describió Humberto Mingorance, el secretario de Ambiente de esta administración.

El gobierno dice ahora que avanzará ahora hacia la conformación de un fideicomiso y que buscará inversores a través de la ley de Participación Pública Privada que sancionó la Legislatura, en donde el Estado pondrá las tierras para encontrar concesionarios que la exploten a largo plazo.

Será difícil el trayecto: tras casi veinte años de tantos cambios legales, hoy por hoy son casi nulas las ofertas privadas para explotar una de las zonas con más potencial turístico de la Argentina.