Una visita presidencial con una sola pancarta de apoyo

En el acto realizado en Las Heras no hubo protestas contra el presidente, pero tampoco grandes señales de apoyo. Solo una jubilada se acercó a darle fuerza a Mauricio Macri en el momento más dificil de su gestión.
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MDZ Política

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Una visita presidencial con una sola pancarta de apoyo

Una visita presidencial con una sola pancarta de apoyo

Una visita presidencial con una sola pancarta de apoyo

Una visita presidencial con una sola pancarta de apoyo

 En su paso por Mendoza Mauricio Macri no habló acerca del cuestionado acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Tampoco hizo referencia al proyecto de la oposición para retrotraer el precio de las tarifas a los valores de noviembre del 2017. Su visita parece haber tenido un valor simbólico en un contexto adverso en el que su gestión se ve amenazada por la situación económica. En ese marco, el grito de apoyo de Graciela fue lo único que se escuchó más allá de las escuetas palabras del presidente y el gobernador Alfredo Cornejo.

Ambos se retiraron del centro de entrenamiento del Instituto Universitario de Seguridad Pública sin hacer declaraciones a la prensa pero eso poco le importó a esta jubilada lasherina.

Lo cierto es que no se acercaron muchas personas al lugar en el que se realizó la entrega simbólica de 1000 chalecos antibalas para mujeres de la Policía de Mendoza. Ni militantes ni opositores decidieron participar de la jornada.

Solo una persona llegó con una cartulina celeste para expresar su apoyo a Macri. Graciela, una jubilada que cobra la mínima caminó los 500 metros que distancian su casa del centro del IUSP y junto a sus nietas se quedó hasta el final del acto.

Sola, le gritó al presidente cuando aterrizó en Las Heras y rápidamente llamó la atención de los asesores del presidente y del gobernador, que se acercaron a pedir sus datos.

Luego de hablar con ellos, caminó de nuevo a su casa donde seguirá teniendo las mismas necesidades que siempre. Pero renovada su confianza en el mensaje que escuchó de la boca del propio presidente, que aunque no la saludó seguramente pudo escuchar sus gritos desde el otro lado del alambrado.