Política Así viene el año político

Una campaña entre espejismos y la posibilidad de enamorarse

Qué hará el oficialismo y qué, la oposición para intentar captar la atención de los votantes y más que su voto.
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Gabriel Conte

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Una campaña entre espejismos y la posibilidad de enamorarse

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 ¿Alguien imagina que Cristina Kirchner hará un timbreo al azar, solamente acompañada por un grupito de militantes? ¿O que su nuevo estilo soft incluirá la posibilidad de escuchar en lugar de ser adorada, tocada y objetivo de selfies a su paso? Todo será un espejismo. Esa palabra que volvió para quedarse en el idioma español al ser incorporada por la Real Academia de la Lengua y que los ingleses ya enaltecieron en Oxford como la que sobresalió por su uso y abuso al año pasado, "posverdad", se construye con más fuerza que nunca. Buscarán construir una realidad ficticia tan creíble que parecerá verdad. Nuevamente se apostará a posicionar una nueva dimensión del país, el país del "ellos" y el de "nosotros" en donde siempre los otros son los malos, por supuesto.

Veremos a una Cristina Kirchner sin banderas propias, pero será recibida por gente propia. El esquema comunicacional al que apela el gobierno que fue expulsado en las urnas hace un año y medio y que puja por volver, por las buenas o por las malas -tal como confiesan sin descaro muchos de sus dirigentes- no necesita de "extras" cinematográficos, sino simplemente mostrar lo que tienen. Harán caminar a su referente sobre tierra firme, sin ninguna posibilidad de alteración. Impoluta, querrá demostrar que tiene "modales", que se mueve fuera de Puerto Madero o El Calafate con soltura e intentará hacer creer que la quieren y necesitan mucho, apelando al recurso que todo peronista siempre sueña con poder usar: "El operativo clamor".

Así y todo, no es malo que ocurra. Peor sería que los agoreros que la rodean y que fueron desplazados del frente del escenario hacia bambalinas, vean cumplidos sus deseos de caos, en el que están convencidos de que pueden sacar mejor provecho que en las urnas.

Para las elecciones hace falta que la gente los mire y elija. En el caos, nadie ve nada: cunde el descontrol, y la desesperación y el miedo llevan a que se potencie a nivel general la idea de necesidad de "un salvador". Colgando al borde de un supuesto abismo, ¿no te entregarías al primero que te convenza de que pueda salvarte? En este plan se anotan muchos de los que no dejan ver en público oficialmente desde el peronismo, pero tampoco han sido descartados. El ostracismo siempre resulta un mejor refugio para tramar ideas oscuras.

Del otro lado está el gobierno y su gente. Adentro no hay mucha armonía ni cunde el exitismo, salvo los macristas puros. Más bien requieren de un "coucheo" constante para volver a convencerse de que quieren seguir todos juntos tirando hacia adelante. Gestionar no es sencillo y muchos de quienes integran el frente han preferido dejar a los estaban en los cuadros medios, a modo de piloto automático. Prefirieron no cambiar. Canjearon su continuidad temporal en un puesto a un costo altísimo: que hayan áreas completas del Estado que no funcionen, que se equivocan constantemente o que hacen lo contrario a lo que deberían hacer. Allí la culpa no siempre es del otro: es propia. Y el ruido que ocasiona a las posibilidades electorales del oficialismo va directo y sin maquillaje ni preparación hacia el electorado tal cual lo concibe el gurú Jaime Durán Barba: a las cosas que a diario hacen las personas que viven en un país.

Por ello, el oficialismo tiene una doble tarea y de eso hablaron en el encuentro que tuvieron este fin de semana en Parque Norte: una campaña hacia adentro, que es política y otra hacia afuera que, al igual que la que decidió adoptar el peronismo en todas sus acepciones, será lo menos previsiblemente política que se pueda.

El Gobierno tienen como obligación consolidarse y convencer a sus integrantes, aunque sea un poco tarde para que algunos todavía mantengan sus dudas en pie. Y la oposición tiene que enamorar, ese término que usan los publicistas políticos que no es erróneo, porque la gente vota no solo con el cerebro, sino con todo el cuerpo y si no siente maripositas en el estómago cuando ve o escucha a un candidato o a una propuesta política, ya sea por H o por B, por cualquier cosa que sea le despierte en su ser, no lo registrará a la hora de tener que hablar del tema con sus amigos y parientes y mucho menos a la hora de emitir su voto. (Un dato a tener en cuenta: el pánico suele generar, también, sensaciones parecidas al amor; no equivocarse).

Ahora sí: ¿hay espacio para un "camote" político en una Argentina que está mucho peor que lo que nos contaron durante una década y que empezó una recesión por lo menos dos años antes de que el peronismo fuera derrotado en las urnas? Lo hay si transmiten esperanza, dicen los especialistas en "vender a un candidato. 

El asunto es que eso que nos "vendan", eso que "compremos", no tiene devolución.