Un golpe de timón que mete presión más allá de Maipú

Alejandro Bermejo declinó de la posibilidad de seguir en el poder después de 2019 y ni siquiera le dio paso a alguien de la tropa azul ni a su hermano Adolfo: eligió como futuro candidato a alguien ajeno a su entorno. El gesto es fuerte en medio del debate sobre la reelección de los intendentes y puede condicionar a quienes se han eternizado como intendentes. El elegido para tomar la posta es Matías Stevanato, un joven que está obligado a demostrar que es la verdadera renovación. 

Juan Carlos Albornoz

Matías Stevanato, junto al intendente Alejandro Bermejo, en la presentación de ayer.

Matías Stevanato, junto al intendente Alejandro Bermejo, en la presentación de ayer.

Muchas conjeturas produce la designación de Matías Stevanato como nuevo jefe de gabinete de Maipú. Pero también hay un gesto fuerte. Además de la obviedad de que Stevanato será el candidato para la sucesión de los hermanos Bermejo en el departamento, ambos han decidido mandar un mensaje al resto de los caciques que se eternizaron en el cargo de intendente.

Habrá que ver cómo acusan el impacto los intendentes más veteranos del PJ, como Roberto Righi (Lavalle) y Jorge Giménez (San Martín), y aquellos que ya han sido reelegidos, pero no tantas veces como los anteriores: Emir Félix (San Rafael) y Martín Aveiro (Tunuyán).

Mete presión que un intendente reelegido haya declinado de la posibilidad de seguir en el poder. Y no lo ha hecho para abrirle camino a algún soldado azul ni a su hermano Adolfo, quien ya fue intendente y tiene buena imagen: el que pasa ahora por la alfombra roja es un peronista joven y ajeno a su entorno ¿Copiarán el ejemplo los otros intendentes peronistas?

Sin ninguna cláusula constitucional que los obligue, los hermanos Bermejo se han corrido del medio ¿Qué harán ahora, por su parte, los caudillos oficialistas que también vienen de varias reelecciones?

Liviano de cargas y sin algún apetito evidente para el corto plazo (bastante poco probable parece que un intendente "cansado" vaya a convertirse en el próximo candidato a gobernador del PJ), Alejandro Bermejo se dará desde ahora el gusto de las repetidas despedidas al estilo "Chalchaleros" y empezará a salir de la escena con el capital político a salvo.

Los peronistas son protagonistas en Maipú desde hace décadas y esa historia les hace minimizar a los Bermejo el gesto incomprensible de haber "bendecido a un adversario". Dicen ellos que las rivalidades son circunstanciales y ponen como ejemplo que ellos mismos se enfrentaron con algunos compañeros, como el Chiqui García.

Pero una cosa muy distinta sería, según el razonamiento de los hermanos peronistas, entregarle el municipio al radicalismo. Los hermanos Bermejo, en ese sentido, han empezado a sentir el aliento en la nuca del cornejista Néstor Majul, quien no se pierde un solo acto en Maipú y es un muy probable competidor del peronismo para el año que viene. Por eso han puesto manos a la obra con anticipación.

El panorama que vieron Alejandro y Adolfo en el municipio, al parecer, no les ha permitido confiar en alguien "del palo". Creen haber detectado que muchos ya se probaban el traje de intendente muy rápido y hasta se han preocupado ante cierto "achanchamiento" en una comuna donde el PJ está peligrosamente acostumbrado a ganar.

Con el golpe de timón, Bermejo piensa que recuperará autoridad hacia adentro y se pondrá "por encima" de la tropa, por medio de un candidato a intendente ajeno a ese microclima.

Stevanato, ciertamente, viene de otra parte. Fue secretario fiel de Celso Jaque y reconoce al ex gobernador, así como a Alejandro Cazabán, como parte de un "montón de amigos" que consiguió en la política. Pero se deshace de cualquier mochila al sostener que tiene un grupo de maipucinos "sub 40".

Aunque alguna vez coqueteó con el PRO, dijo anoche que "uno nunca deja de ser peronista". Y entierra también la agria aventura de 2015, cuando enfrentó al propio Bermejo en las urnas.

El pasado, pisado. El nuevo jefe de gabinete de Maipú prefiere ceñirse a un plan más vistoso e irreprochable: los Bermejo quieren convertirlo en un símbolo de renovación política. Eso mismo deberá irradiar. 

   

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