Un chisporroteo que no llegó a incendio

El gobernador Cornejo resolvió rápidamente la situación generada por la partida de Vaquié y éste tiene una gran tarea por delante.
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Un chisporroteo que no llegó a incendio(Pachy Reynoso/MDZ)

Un chisporroteo que no llegó a incendio | Pachy Reynoso/MDZ

Un chisporroteo que no llegó a incendio(Pachy Reynoso/MDZ)

Un chisporroteo que no llegó a incendio | Pachy Reynoso/MDZ

La salida de Enrique Vaquié del gabinete provincial produjo un chisporroteo que más tuvo que ver con cuestiones de personalidad de los protagonistas (un ministro hasta entonces poderoso y el gobernador que le dio el cargo) que con un contexto político. Cuando Vaquié decidió avanzar sobre el cargo ofrecido en el Banco Nación, sabía que dejaba un lugar importante, además de postergar sus aspiraciones políticas, pero también puso en la balanza el aporte que una nueva visión del funcionamiento de la principal entidad crediticia del país podía ofrecerle no solo a su currículum -más vinculado a estos temas que a los otros que manejaba en Mendoza- sino a la provincia.

Todo el enojo por el "me lo contaste antes o después" que pudieron tener los radicales en el centro del poder político quedó rápidamente sepultado por una resolución rápida, quirúrgica puede decirse, de lo que apareció como un "problema" (más que como una crisis) cuando se conoció la noticia vía MDZ antes de que se pusiera al tanto de tal probabilidad de migración no solo a la cúpula del gobierno sino a los propios amigos, militantes y equipo. Cosas que pasan cuando la prensa está bien informada y atenta, y no solo espera la "voz oficial" para publicar una noticia, podemos agregar desde nuestro lado.

Finalmente, la decisión de no multiplicar la burocracia y de consolidar los equipos ya existentes, llevando a Lisandro Nieri al frente del Ministerio de Hacienda y poniendo en manos de Martín Kerchner las tareas que hasta ahora hacía Vaquié, demuestran por un lado que se supo y pudo resolver el problema dentro del esquema existente, sin alteraciones ni contratiempos. Le queda en las manos al gobernador (y por qué no al propio Vaquié, ya que la nueva responsabilidad es importante para Mendoza, no solo para él) recomponer lazos y activar los mecanismos que impidan la creación de nuevas chispas y, por supuesto, evitar cualquier pronóstico de incendio político que la provincia no necesita.