Todos somos democráticos si ganamos nosotros

Nos tiramos marchas por la cabeza y disminuimos el peso del voto en las urnas, que muchos creen que pueden ser borrados juntando gente.
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Gabriel Conte

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Todos somos democráticos si ganamos nosotros(Telam)

Todos somos democráticos si ganamos nosotros | Telam

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Lo sucedido en Venezuela es producto de su propia ecología política, como aquí tenemos la nuestra. Allí los que perdieron están enojados por ello y quieren impedirles a los ganadores ocupar sus lugares. Por ello es un espejo válido para nosotros, dado que aquí también hay chavistas convencidos de lo mismo y, por lo tanto, eso solo ya implica la posibilidad de que también estén malinterpretando las posibilidades que les otorga el sistema democrático.

Entre ellas no está precisamente, cambiarlo a su medida, moldeando las normas a su gusto y conveniencia. Ya lo supo Cristina Kirchner cuando intentó modificar la Constitución, pero se dio cuenta de que no contaba con consenso para hacerlo. Y no lo hizo. De hecho, cuando la sociedad leyó el mensaje que indicaba alguna posibilidad de una "Cristina eterna", los desalojó del poder por la vía legal recomendada por la entonces presidenta: "Armen un partido y ganen elecciones".

Ahora cada tanto invitan a movilizarse y a frenar el país. Se pretende que los números de gente agitando las calles representen un poder más fuerte que el de las urnas. Por eso, los argentinos nos tiramos cifras asistentes a marchas como si eso tuviese realmente más valor que el voto. No lo tiene. ¿Está claro que juntar montones de personas en crítica  o inclusive apoyo al gobierno es un evento temático, pero no institucional? Muchos no tienen en claro que la Constitución manda a que nadie delibere ni gobierne sino a través de sus representantes. Esos representantes no son los que dirigen las más diversas corporaciones, sino los elegidos mediante el voto popular.

Este "deporte argentino" de tirarnos multitudes por la cabeza y menospreciar los resultados electorales, que tiene origen en el lejano pasado, responde a una estética fascista del presunto "diálogo del líder con las masas", que ya sabemos que no existe, no es tal, es una puesta en escena para llevar de las narices a los desorientados.

De esas marchas y en eso paros totales no participan, muy probablemente, justamente aquellos que una dirigencia jamás plebiscitada en sus corporaciones dicen representar: están ocupados en sus cosas. A veces, ni se enteran de que hubo una marcha. Pero eso sí: los más despojados del sistema siempre terminan sufriendo los volantazos de una dirigencia voraz de poder, que destruye en lugar de construir y que cumple el famoso precepto de Winston Churchill, pero al revés: "Mejor pensar en las próximas elecciones que en las siguientes generaciones".

Los argentinos somos injustos con la Argentina. Todos somos democráticos si las urnas nos dan ganadores. Creemos que somos vivísimos. El desafío real es seguir siendo democrático cuando gana el otro.

Nada que involucre a esta crisis que se percibe como nueva empezó ahora. Pero ahora sí puede empezar a cambiar todo, si no nos comemos el cuento del "manifestazo" en la calle o paro total de actividades.

Entonces, ¿tiene realmente un espíritu de defensa de los trabajadores la convocatoria a una marcha y un paro forzozo debido a la ausencia de transporte? ¿O se trata de una edición más de las olimpíadas de este "deporte" argentino que es negarle la posibilidad a otros de gobernar, aun cuando hayan ganado las elecciones?

¿No es el momento de dar vuelta páginas ya amarillentas de la historia y no repetirlas? No se puede seguir siendo democráticos solo si ganamos nosotros, dejando de serlo si nos ganan, aunque aunque haya sucedido con fer play.