Tocamos fondo, Mendoza necesita refundar sus instituciones

La encuesta de victimización sólo le puso números a una cuestión que los mendocinos saben, pero que durante años el Estado se negaba a entender. Las instituciones perdieron toda la confianza de la población y sin confianza no se avanza. Hay que barajar y empezar de nuevo.
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Edu Gajardo

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Tocamos fondo, Mendoza necesita refundar sus instituciones(Alf Ponce / MDZ)

Tocamos fondo, Mendoza necesita refundar sus instituciones | Alf Ponce / MDZ

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Tocamos fondo, Mendoza necesita refundar sus instituciones | Alf Ponce / MDZ

"Las personas pasan, pero las instituciones quedan", reza un dicho que en el caso de Mendoza tiene una variante, porque "las personas pasaron y destrozaron las instituciones". 

La encuesta de victimización cuyos resultados dio a conocer el Gobierno el viernes no sorprendieron a la población, o por lo menos no a la población que está más informada. Sin embargo, tiene un valor fundamental desde el momento en que es el Estado el que reconoce y muestra qué tan mal están las cosas, con el objetivo -creo- de tomar medidas drásticas para mejorar las cosas.

Los números son claros y muestran que la población no confía en instituciones fundamentales como la Policía y la Justicia, en este último caso por el accionar de los jueces y fiscales. La confianza es una parte fundamental del desarrollo de una comunidad y si ni siquiera podés confiar en quienes están a cargo de tu seguridad, estamos en un problema muy grave.

La desconfianza hace que el individuo busque refugio y se encierre, lo que también implica que no sea parte del motor de desarrollo que necesita una Mendoza que está en una crisis profunda en todos los aspectos, sociales, económicos y políticos.

Tan poca es la confianza que existe en nuestras actuales instituciones que la población ni siquiera se toma la molestia de hacer una denuncia, porque sabe que no encontrará respuesta. Entonces, y ya con demasiadas pruebas sobre la mesa, es hora de avanzar con reformas radicales que terminen con algo que se arrastra durante años y que es la falta de eficacia de las instituciones, las que -se supone- son las que mantienen en pie el Estado.

El rol de las instituciones es ordenar y regir la vida de las personas para que permitan el desarrollo de las comunidades. Pero cómo podemos desarrollarnos con tranquilidad si vivimos con miedo a que nos maten, nos roben o nos estafen.

Por ejemplo, en la Policía de Mendoza los problemas cruzan toda la fuerza, desde el efectivo de menor rango que hace sus cobros menores por evitar una infracción, hasta las altas esferas que se aprovechan de sus rangos para robar combustible. Cuando un árbol crece "chueco" y se corre el riesgo de caer sobre alguien no queda otra opción que arrancarlo y volver a plantarlo, mirándolo en su crecimiento para evitar que se vuelva a ir para uno u otro lado.

Qué respeto se puede tener por un policía cuando en un video un grupo de chicos "pasados de vuelta" y que se criaron creyendo que el más vivo gana, tiran de su bicicleta a una oficial encargado de entregar seguridad a la población. Los chicos están mal criados y mal educados, pero ese policía también viene mal formado y no hace respetar un uniforme que debería ser respetado por cada uno de los habitantes de la población.

No basta con echar a los comisarios para recuperar respeto, hay que cambiar un sistema con problemas desde su raíz y que permite -por ejemplo- que el puesto de policía se convirtiera en una salida laboral más fácil que otras. Un sistema donde incluso una persona con antecedentes delictuales en su circulo familiar tiene permitido llegar a ser parte de la fuerza.

Es que un policía no puede ser una persona cualquiera en las calles. No puedo respetar a un tipo que fuma como cualquier en una esquina mientras porta su uniforme, no puedo confiar en alguien que se come una hamburguesa mientras usa su uniforme, ni tampoco en alguien que use la camisa afuera, no tenga su ropa impecable o esté más preocupado por chatear con Whatsapp que ver lo que sucede en su entorno.

Es que un policía no es una persona cualquiera desde el momento en que la Constitución le entrega la posibilidad de usar la fuerza y tener un arma, desde el momento en que en sus manos está la responsabilidad de dar tranquilidad a la población y entregarle la seguridad para desarrollarse. Hoy, eso no sucede.

El Poder Judicial es otra parte de la historia, en complicidad con el poder político. Aunque podrían darse muchos ejemplos sólo señalaré que hubo numerosas reuniones del Jury en lo que va del año para tratar casos de fiscales que no hacen su trabajo (con resultados de muerte) o que directamente están sospechados por acordar con delincuentes. En todos los casos, los apuntados "zafaron" y siguen por ahí como si nada hubiera pasado. Con el apoyo de jueces, diputados y senadores.

Ojalá no sólo los pilares del Palacio de Justicia sean imponentes, sino que también las decisiones y las señales de cambio y de seguridad para los mendocinos. 

Ojalá sea más importante dar condenas ejemplares y hacer el trabajo en tiempo y forma, antes que preocuparse porque sus altos sueldos puedan ser alcanzados por el Impuesto a las Ganancias.

La población confía más en la Policía Federal, en Gendarmería y Ejército, instituciones que no ve habitualmente en su vida diaria, pero tiene un menor grado de confianza en la Policía de Mendoza, los jueces y los fiscales provinciales. Eso quiere decir que lo que vemos es tan malo, que confiamos más en aquello que no vemos habitualmente.