También abusaron de las personas con discapacidad: aún hay rehenes

El gobierno que tenía los recursos para cambiar la historia del pais no lo hizo. No levantaron la infraestructura que sí facturaron sus empresarios amigos.
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Gabriel Conte

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También abusaron de las personas con discapacidad: aún hay rehenes

También abusaron de las personas con discapacidad: aún hay rehenes

Durante muchos años en provincias con gobiernos de estilo feudal, sus dirigentes les entregaban a los más necesitados, una zapatilla como promesa de que recibirían la otra, para completar calzado suficiente para ambos pies, una vez que ganaran las elecciones. Así se aseguraron la continuidad en el poder. Lo curioso es que pocos lo recuerden hoy y es probable que sea porque el mecanismo de cooptación social, extorsión y amenaza a los votantes se fue ampliando y normalizando con el paso del tiempo.

Llegar al poder no siempre significó gestionar. Bastó con alcanzar la mayor cuota de poder de modo tal de repartir el resto a socios (o cómplices), considerando a quienes que un sistema republicano son ciudadanos, como clientes. Se trata, ni más ni menos, que particulares que tomaron el Estado por asalto, con legitimidad práctica electoral, pero que una vez en sus cargos demostraron que lo suyo no era gestionar sino sacar provecho para sí y sus amigos, manteniendo en silencio o bien en activa compañía a sectores que podrían resultar un escollo para el ejercicio de la corrupción bajo condiciones normales.

Para que eso funcionara sin críticos, hubo que morigerar toda posibilidad de evasión entre los propios y conformar a sectores. La plata en el bolsillo representa la ideología que imperó, aunque muchos usaron máscaras temáticas que confundieron a muchos que pensaron que representaban a sectores, Ideas, actividades o colectivos sociales. Algunos siguieron el paso inverso, con una ingenuidad que da lastima dejar al descubierto pero que es así: levantaron banderas creyendo que esto no era un montaje de encubrimiento. Los que se dieron cuenta se volvieron hacia el descrédito al sistema democrático, creyendo que aquellas prácticas de las que fueron víctima lo era realmente. Los que no, es probable que sigan creyendo que lo suyo es una "causa".

Todo fue pervertido y cambiar eso no se logra sólo con cambiar de nombres y partidos, sino que es un proceso de desintoxicación que tiene que abarcar a todo el pais. Un país en el que inclusive la fuerza motorizados de los punteros a tracción de fondos estatales que no fueron a cuestiones estratégicas, lograron disfrazar a clientes políticos de "persona se con discapacidad". 

Hicieron creerles que les correspondía un "derecho" y, con ello, terminaron dejando como carne de cañón a los que si tienen alguna discapacidad y sí necesitan un acompañamiento estatal atento a que la sociedad no evolucionó tanto como se dijo, ni se promovió su capacitación y empleo tanto como de propagandizó mientras veíamos "Futbol para todos", ni tuvieron posibilidad de desarrollo en la sociedad por fuera de lo que podría considerarse como "la nota primera zapatilla" que le ofrecía el partido gobernante con plata del Estado. 

El asunto es que perdieron y no pudieron dar la otra zapatilla, una metáfora válida para graficar la crisis brutal que vive la democracia más de 30 años después de recuperada de las manos sangrientas de los militares.

El gobierno que tenía los recursos para cambiar la historia del pais no lo hizo. No levantaron la infraestructura que sí facturaron sus empresarios amigos. Tampoco crearon una renta básica para los sectores vulnerables que pudiera monitorearse y gestionarse en forma transparente. No ampliaron los derecjos basados en cumplimiento de deberes. Y la dádiva resultó carísima no sólo en dinero, si culturalmente: no avanzamos, la idea era estancar para seguir dominando.

Cuando se quiso corregir eso desde las nuevas autoridades, se lo hizo mal. Aparecieron al frente de los reclamos los perjudicados que sí eran beneficiarios reales del sistema y no los que consiguieron un atajo vía punteril, como en esos pueblos en donde -de acuerdo con los datos que empiezan a aparecer- hay más personas con discapacidad que habitantes censados. Nadie que haya sido participe necesario del proceso de engaño para consolidarse en el poder levantó la mano. Permanecen agazapados.

Y si no se aplica un plan serio y sistemático de blanqueo, sin víctimas del fuego amigo, no se podrá rescatar a los rehenes que el populismo (que siempre tiene pies de barro) aún tiene en su poder.