Sin estadistas, estamos condenados al subdesarrollo y la corrupción

En este domingo electoral se recuerda cómo los procesos han cambiado a lo largo de los años. Atrás quedaron esos momentos en que la convicción era la que primaba en las decisiones de un político. Ahora deciden en torno a lo que le digan las encuestas.
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Edu Gajardo

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Sin estadistas, estamos condenados al subdesarrollo y la corrupción

Sin estadistas, estamos condenados al subdesarrollo y la corrupción

Según el nuevo padrón, más de un millón de jóvenes votará por primera vez. Quizás para ellos es algo normal, pero la historia demuestra que es una derecho que costó ganar y un privilegio para los ciudadanos. El problema es que hace muchos años que hay poco de donde elegir, porque la oferta de candidatos no es lo que uno espera. 

Los postulantes a cada cargo dejaron hace tiempo de ser estadistas y representantes de la alta política (en el sentido más profundo de la palabra) y son personas que hacen de la actividad un lugar de poder y beneficio, mas que asumir un rol de verdaderos transformadores que se jueguen por completo por un Estado mejor y más justo.

Según la Real Academia una de las definiciones de política indica que es el "arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados". Si se mira el espectro político nacional es difícil encontrar personas que entren en esa definición y también se hace complejo si se buscan en Mendoza.

Es que hoy los que tienen un cargo, del grado que sea, no pasan de formar gobiernos que poco se ocupan del Estado. Tal como lo dice la palabra, es poco lo que vemos referente a políticas de Estado que sean cambios profundos en nuestra realidad. Hoy las decisiones no se toman con la convicción de que es lo mejor para la ciudadana a corto, mediano y largo plazo, sino que se llama a un consultor y se encargan encuestas para ver qué es lo que será mejor para mi gobierno, aunque eso signifique seguir manteniendo un Estado chato y sin avances que permitan dar una mejor vida a los habitantes.

Hoy, bajo el mando las encuestas, estamos condenados a seguir en medio del subdesarrollo y la corrupción, porque no se atreven a avanzar con medidas que -según las consultoras son impopulares- o cuando lo hacen tratan de ocultarlas.

Un ejemplo de esto se dio en las últimas dos semanas. Todos sabemos que es necesario diversificar la matriz productiva de Mendoza porque hoy está agotada y, peor aún, se deteriora día a día. Sin embargo, el Ejecutivo prefiere avanzar con el fracking apostando a recursos que lo hagan lo menos visible posible porque -tal como sucedió- los grupos ambientalistas comenzarían a hacer ruido.

Es que si hay cosas que no son populares -por desinformación- como la fractura hidraúlica o la minería, es mejor frenarlas o hacerlas sin que todo el mundo se entere. Ese temor es porque se puede poner en riesgo el nicho que tienen los políticos en el Estado, el cual les entrega poder y en muchos casos, les da sustento para toda la vida o gran parte de ella. Mucho menos si es en un año o período electoral.

Si así hubiera sido toda la historia, nada habría cambiado y nunca se habrían logrado los cambios que permiten hacer que los países avancen. Es que un verdadero estadista sabe que fue elegido para hacer lo que corresponde y que si está en su lugar es para que tome esas decisiones, muchas veces drásticas, pero necesarias. A no confundir con dictadores que se creen todopoderosos y pasan por encima de la ciudadanía pasando a llevar sus derechos. Hablamos de personas que saben cómo ejecutar el poder que les da la gente para darnos una vida mejor.

Lamentablemente, esos estadistas hoy parecen no existir y a cambio tenemos a políticos que viven del populismo y que buscan convertirse en figuras casi religiosas o mágicas. O, en su defecto, representantes que viven rodeados de "gurúes" que les dicen que hacer y que no hacen nada sin medir primero el impacto a través de una encuesta.

Así las cosas el país va otra vez a las urnas, con un abanico de precandidatos que a priori no tienen el perfil de esos estadistas que hacen cambios reales. ¿Será que los estadistas ya sólo aparecerán en los libros de historia y nunca seremos testigos de sus obras en nuestras vidas?