San Luis juega caprichosamente a ser una "Cataluña argenta"

Decide quedarse afuera del país quizás porque a sus gobernantes no les importa nada más que ganar elecciones y sostenerse en el pequeño feudo.
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Gabriel Conte

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En la Argentina, la política posee diferentes estratos de funcionamiento, pero siempre implica diálogo y negociación, básicamente. No hay que asustarse con ello: es así.

El gobierno nacional por primera vez en muchos años convoca a reuniones con los mandatarios provinciales en un estado federal. Hasta entonces, recibían órdenes, premios o castigos conforme lo estableciera el jefe del Poderoso Ejecutivo. Pero hay una provincia, San Luis, que no engancha en ninguna definición política. Sus gobernantes han hecho de ella un tablero de Monopoly en el que los demás siempre pierden.

Hoy, decidió -tras asegurarse el triunfo a fuerza de más cargos en el Estado y más gasto público- aumentar los impuestos en 40% para sostener la estructura clientelar construida con manotazos de ahogado tras haber quedado al borde del precipitó en las PASO. Y a la vez, decide quedarse afuera del país que negocia y dialoga, tal vez para no tener que ser controlada, o por no tener de qué hablar, o porque a sus gobernantes no les importa nada más que ganar elecciones y sostenerse en el pequeño y redituable feudo.

Un mediocre papel de "Cataluña argenta", pero sin tener con qué ostentar de aquel espejo en el que pretenciosamente insisten con mirarse.

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