Que alguien les avise que la revolución no existe

Hoy se repite la historia de los Kennedy: son pocos y participan de una falsa revolución. Alguien deberá alertarlos de que el rumbo es otro.
Avatar del

Santiago Montiveros

1/4
Que alguien les avise que la revolución no existe(publicada en Clarín)

Que alguien les avise que la revolución no existe | publicada en Clarín

Que alguien les avise que la revolución no existe

Que alguien les avise que la revolución no existe

Que alguien les avise que la revolución no existe

Que alguien les avise que la revolución no existe

Carmona, Espinoza y Moreau, entre otros, increpando al presidente de Diputados, Monzó(publicada en Clarín)

Carmona, Espinoza y Moreau, entre otros, increpando al presidente de Diputados, Monzó | publicada en Clarín

Hablar de los Kennedy es hablar de John Fitzgerald, expresidente de los Estados Unidos asesinado en Dallas en 1963; de su hermano "Bob", senador que acribillaron cuando era el principal candidato a llegar a la Casa Blanca, o del padre de ambos, Joseph P. Kennedy, diplomático y político que hizo fortunas contrabandeando alcohol en medio de la Ley Seca, entre otros miembros de una familia afectada por distintos hechos trágicos. 

Sin embargo, cuando se habla de los Kennedy en Argentina se puede estar haciendo alusión a tres hermanos entrerrianos que, tras el primer golpe de Estado, contra Hipólito Yrigoyen, encabezaron una revolución para que el caudillo radical sea liberado de la isla Martín García y vuelva a la Presidencia. En 1932, lideraron una revuelta que incluyó la toma de comisarías y de edificios estatales, con un detalle que, irremediablemente, los llevaría al fracaso.

Mario, Eduardo y Roberto Kennedy.

Los Kennedy estaban a cargo de la revolución en su ciudad, La Paz (Entre Ríos), adonde nunca llegó el aviso de que el levantamiento nacional se había suspendido: mientras estos tres hermanos pensaban que la situación de su pueblo se replicaba en vastos sectores del país, la realidad marcaba otra cosa. Rápidamente fueron reprimidos por orden del gobernador Luis Etchevehere, abuelo del actual ministro de Agroindustria, y tuvieron que exiliarse.

Hoy, pareciera que la situación de los Kennedy se repite. 

Hay sectores minoritarios que piensan que forman parte de una revolución global, sin darse cuenta que el mundo avanza en otro sentido o, en todo caso, que los cambios ya no surgen a partir de la movilización violenta. En Argentina, hay un gobierno que ganó su lugar legítimamente en 2015 y lo convalidó recientemente en elecciones, y un Congreso con representación de todos los partidos.

Festejo peronista por una sesión sin quorum.

Es en ese Congreso donde hoy se está discutiendo un proyecto para reformar un inviable régimen previsional, punto en el que, más allá de toda discusión ideológica, coincide la mayoría de los economistas. Sin embargo, hay diputados y senadores que piensan que con una resistencia violenta se suman a una revolución que, como se dijo anteriormente, no existe. Lo mismo va para algunos periodistas que agitan, vía redes sociales, pronosticando una caída del gobierno democrático en abril.

Surgen, asimismo, algunas disparidades entre esta falsa revolución y la de 1932. Cristina, a diferencia de Yrigoyen, no está presa. La dirigente en la que se inspiran algunos de los grupos que se sublevan integra la Cámara de Senadores. También es difícil sostener que hay una "persecución política". Más allá del controvertido procesamiento por "traición a la Patria", sí hay pruebas contundentes para que avancen principalmente dos causas: Hotesur y Los Sauces, sociedades mediante las que se desviaron millones de dólares de la obra pública.

Son pocos, pero agitan desde el lugar que les toca para generar una sensación de desborde que justifique su accionar atemporal. Afirman que representan al pueblo -esa inmensa cantidad de personas que se mantuvo al margen de los hechos violentos- y terminan actuando en pos de sus intereses: a todo o nada para volver al poder. Y como ocurrió con los Kennedy, algún "compañero" deberá avisarles que la revolución de la que participan no existe.