Mirada exterior: "Hay que ver las encuestas post cuadernos"

Alejandro San Francisco, historiador, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad San Sebastián, director de Formación del Instituto Res Publica.
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El de abajo es el análisis de un especialista chileno publicado en España y Chile y que pone foco en la corrupción, pero también en lo electoral.

Los años del populismo en Argentina, por la vía del peronismo tradicional o del kirchnerismo más reciente, han dejado huellas profundas en la política trasandina, así como han tenido consecuencias sobre su economía y la cultura del país. En términos amplios, podríamos situar la experiencia de Néstor Kirchner y Cristina Fernández dentro del desarrollo del populismo latinoamericano reciente, o del Socialismo del siglo XXI, que comenzó con mucha fuerza bajo la égida de Hugo Chávez hace un par de décadas. Sin embargo, es evidente que su historia y circunstancias responden a la realidad específica de Argentina, con su transición a la democracia en los 80, los años de Alfonsín y Menem, la crisis del cambio de siglo, el corralito y una serie de circunstancias que marcaron una época compleja y difícil.

Kirchner gobernó muchas veces con decretos, con soluciones de circunstancia que se fueron perpetuando en el tiempo y con un respaldo popular importante, que se fortalecía ante la falta de alternativas políticas y una situación económica beneficiada por el boom de algunas exportaciones. Lo sucedió Cristina Fernández -la señora K como sería denominada muy pronto-, en la Casa Rosada, donde llegó el 10 de diciembre de 2007, permaneciendo en el cargo hasta el 2015, tras su reelección del 2011, con un excelente resultado de más del 54% de los votos. Su marido, objeto de un culto promovido por ella desde el poder en su segundo mandato, falleció el 2010.

Cristina Fernández hizo crecer el tamaño del Estado y originó una red clientelar que generaba dependencia para los sectores populares y también ingresos ilegales para sus grupos más cercanos e incluso para la propia familia presidencial.

El estilo polémico, personalista y voluntarista de Cristina le granjeó numerosos adversarios, pero no cabe duda que gozaba también de un enorme respaldo popular. Sin embargo, el problema de fondo no era de carácter personal, sino que institucional, y fue horadando las bases del régimen político argentino, al punto de confundir las facultades del gobierno con el derecho para decidir con plena libertad en el ámbito económico, haciendo crecer el tamaño del Estado por una parte, y por otra generando una red clientelar que generaba dependencia para los sectores populares y también ingresos ilegales para sus grupos más cercanos e incluso para la propia familia presidencial.

Es lo que se ha develado al comenzar agosto, con ocasión de conocerse los "cuadernos de las coimas", que han hecho salir a la luz pública una serie de millonarios sobornos durante el kirchnerismo, en una de las tramas de corrupción más impresionantes que se hayan conocido en América Latina en los últimos años. Algunos ya han comenzado a hablar del caso Odebretch argentino, y a medida que se van conociendo detalles se convierte en una verdadera novela cuyos primeros capítulos recién están empezando a desarrollarse.

En síntesis, se trata de unos cuadernos con una serie de anotaciones de Oscar Centeno, chofer de Roberto Baratta -alta figura del kirchnerismo-, y quien conducía el automóvil que transportaba los dineros de las coimas, registrando con particular detalle las distintas operaciones ilegales. Lo que comenzó como una investigación periodística de Diego Cabot, Candela Ini y Santiago Nasra, pasó rápidamente al plano judicial y significó este martes 1° de agosto la detención de cercanos colaboradores de Kirchner y Fernández, además de algunos empresarios de obras públicas y energía. Siguen pendientes otras detenciones y la propia señora K deberá declarar el próximo 13 de agosto: mientras tanto le ha bajado el perfil a la situación, que considera parte de la discusión política y que estaría basada en la baja de popularidad del presidente Mauricio Macri.

El problema, para la ex presidenta y para su grupo cercano, no está solamente en el detalle que contienen los cuadernos sobre los cuantiosos fondos destinados a coimas -que ascenderían al menos a 160 millones de dólares- sino también que ya se ha llamado a declarar a numerosos empresarios y se prevén graves consecuencias políticas y económicas para el país. Otro problema para Fernández y su círculo es que Centeno -quien se encuentra detenido desde el martes- podría acogerse a la condición de imputado colaborador, y por ende podría revelar algunos aspectos esenciales del modus operandi.

El gobierno está intentando controlar la inflación, reducir el déficit fiscal y hacer que la economía crezca, pero las cosas no cuadran y los resultados no han ido a la par con las expectativas que había sobre la nueva etapa que se inició el 2015.

Paralelamente, la situación global del país no está fácil para Macri ni sus compatriotas. Como señaló The Economist hace unos meses, al referirse a "la crisis del gradualismo argentino", el gobierno está intentando controlar la inflación, reducir el déficit fiscal y hacer que la economía crezca, pero las cosas no cuadran y los resultados no han ido a la par con las expectativas que había sobre la nueva etapa que se inició el 2015. Esto ha llevado, entre otras cosas, a una baja en la popularidad de Macri y también al crecimiento de la evaluación negativa de su gobierno. De hecho, las últimas encuestas muestran las dificultades que podría enfrentar frente a una eventual reelección, incluso contra la propia Cristina Fernández.

Sin embargo, todas esas encuestas fueron antes que se conocieran los cuadernos de las coimas. Por lo mismo, no se puede saber todavía el impacto político que tendrá la investigación judicial, que junto con perjudicar a la señora K, podría terminar perjudicando al propio Macri, si las fuerzas peronistas logran unirse en torno a una figura que, junto con oponerse al gobierno, genere menos rechazo que Fernández. No es claro que exista esa voluntad en todos los actores políticos relevantes.

América Latina en los últimos años ha mostrado novedades importantes al mundo, como el resurgimiento de las dictaduras o regímenes represivos de origen electoral -son los casos de Venezuela y Nicaragua-; también ha visto caer a dos gobiernos elegidos democráticamente y que han terminado por vía constitucional, aunque excéntrica, como fueron las situaciones vividas por Dilma en Brasil y por PPK en Perú. En muchas de esas circunstancias ha estado presente el problema de la corrupción en el centro de la crisis, lo que llevó a Andrés Manuel López Obrador a poner este tema en el corazón de su proyecto político en su reciente triunfo electoral en México. Ahora el golpe sacude a Argentina y a una de sus líderes más queridas y odiadas, más admiradas y temidas, cuyo futuro político y judicial se ha vuelto a abrir hacia un final que no es fácil de predecir.

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