Mientras Alvear deshojaba su margarita, Cornejo le robó un beso

Cornejo se desmarcó del populismo que prometió de más en el pasado. Se mostró firme, y adelantó lo que le espera a Alvear en el futuro.
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Gabriel Conte

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El gobernador Alfredo Cornejo optó por ignorar los reproches "preventivos" que le hizo un desconfiado anditrión de la Fiesta Nacional de la Ganadería de Zonas Áridas, Alberto Larrégola, y decidió hacer suyos los objetivos planteados por el presidente de la Cámara de Comercio de Alvear.

Con un discurso encendido, que en el público algunos creyeron más de enojo que de firmeza, atento al tono, el mandatario provincial fue el protagonista de la fiesta ya que evitó hacer propio el tradicional estilo de los gobernadores anteriores de querer "taparle la boca" al anfitrión.

Reprochón por demás, se notó que el titular de la Cámara de Comercio quiso embanderarse y pidió de más, por las dudas, y hasta se dio el lujo de desconfiar de las cosas en marcha. "el gobernador me pidió ante de entrar que no me quejara tanto así que si lo hago, es por un error en el texto", advirtió serio, pero con cierto humor el anfitrión de la fiesta.

Y Cornejo lo tomó con soda. Al hablar levantó todas las banderas de los ganaderos alvearenses sin exagerar promesas. De hecho, culpó al populismo por prometer más de lo que se puede hacer. Dejó en claro que muchas veces el populismo es alimentado por los que piden promesas y se olvidan de supervisar los hechos.

Una contradicción de Larrégola fue quejarse de que se hable de reformas de la Constitución y luego pedir que se lo haga para que haya mayor representación en el Senado para los departamentos, como pasó a nivel nacional. Pidió en simultáneo bajar el gasto político, pero estaba reclamando aumentar la cantidad de senadores.

Cornejo decidió abrazar a todos y embestir contra el gobierno de La Pampa por sus reclamos que cree injustificados sobre "un Atuel que no tiene agua". Allí recibió el aplauso más fuerte de los participantes del megaalmuerzo anual de los famosos costillares a la llama.

Y fue Cornejo quien recibió un gran argumento de parte de los empresarios y ganaderos alvearenses para avanzar con el dique Portezuelo del Viento, vetado por La Pampa: fue cuando al argumental por el lado en que lo había hecho la senadora Fernández Sagasti de que la obra no incluye el trasvasamiento previo de aguas del río Grande al Atuel, terminó dándole un espaldarazo al proyecto en trámite al "reclamar" algo que el gobierno necesitaba que le reclamaran: que las regalías energéticas tras la puesta en funcionamiento sirvan para esas obras que espera todo el sur.

Los alvearenses no se quedaron con las manos vacías al final de la fiesta, ya que se ratificó el avance de un gran acueducto de 500 kilómetros que dejará con potencial de irrigación al 65 por ciento de la superficie de este departamento.

La fiesta, como siempre, fue una oportunidad para la rosca. Acompañaron al gobernador todos los miembros del frente Cambia Mendoza y se ausentó masivamente el peronismo, salvo algunas expresiones muy locales. En sus palabras elogió al intendente Walther Marcolini, a su delfín el ministro Martín Kerchner y mencionó a la ministra de Salud, Claudia Najul, de cuya candidatura al Congreso había hablado en la semana el senador Ernesto Sanz.

El resultado de la fiesta de este año parece prometedor, aunque sin promesas vacías. Los alvearenses no se dejaron de quejar, como siempre, pero es que tienen la piel curtida por las mentiras e incumplimientos. Pero todo se vivió en un clima que si bien no es de "manteca al techo", sonó a "decisión de aportar al despegue". Y mientras los ganaderos le pedían al gobernador que el Estado haga todo porque ellos no tienen plata, Cornejo les retrucó invitándolos a conformar fideicomisos con su aporte para garantizar equilibrio y, además, que las cosas se hagan. Sin populismo.