Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Una mirada crítica de la sociedad mendocina a modo de provocación para el pensamiento sobre cómo sacar el freno de mano y avanzar.
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Gabriel Conte

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"Fiesta de orgía", J.Ortuño Muñoz.(J.Ortuño Muñoz)

"Fiesta de orgía", J.Ortuño Muñoz. | J.Ortuño Muñoz

"Escena de una orgía", J.Ortuño Muñoz.(J.Ortuño Muñoz)

"Escena de una orgía", J.Ortuño Muñoz. | J.Ortuño Muñoz

"Orgía pagana", Ariel Arias Jiménez.(Ariel Arias Jiménez)

"Orgía pagana", Ariel Arias Jiménez. | Ariel Arias Jiménez

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe(Luis Graterol.)

Mendoza, las orgías del poder y un "círculo rojo" que destiñe | Luis Graterol.

"Orgia amazónica", Luis Graterol.(Luis Graterol.)

"Orgia amazónica", Luis Graterol. | Luis Graterol.

Redondos. Jaime Durán Barba importó el término "círculo rojo" que no todos interpretan del mismo modo. Mientras algunos creen que se refiere la élite, las "very important person", el importador del concepto y su mejor alumno, Mauricio Macri, sostienen que lo componen "un minúsculo grupo de personas sumamente informadas sobre política". Y es por ello que hablar de ese ámbito se presta a confusiones. Algunos de los que creen estar abarcados allí piensan que se trata de un exclusivo club al que entrar es solo cuestión de plata: un lugar en el ranking de tenedores de dinero les resultaría suficiente para abonarse a ese espacio exclusivo. Sin embargo, la teoría duranbarbeana indica que se trata de personas que están informadas y muchas veces, el solo hecho de tener plata y roce social sirve más disimular la desinformación en la que viven sumergidos, que ser quienes saben y conocen más sobre la política. De hecho, en algunos ámbitos elitistas se la ningunea y desprecia, mientras en paralelo tratan de manejarla o, francamente, de que los políticos se fijen en ellos, consiguiendo un atajo más en la vida para conseguir lo que quieren.

Un club del campo no es el country club. Estas enseñanzas de un subvalorado genéricamente Durán Barba son cruciales. Está encarnada en la práctica política una especie de superstición con respecto a los poderosos económicos y los ven redondos y colorados. Pero cuando el especialista en ganar elecciones habla de "círculo rojo" no se está refiriendo a los acaudalados. El propio Macri acusa al "círculo rojo" de hacerle zancadillas y los acusó antes de atentar contra su llegada a la presidencia. Es cierto que puede haber algunos empresarios que no se han sumado a partidos políticos, pero que la ejercen mejor que nadie y son parte del "minúsculo grupo" colorado. Pero el resto de sus integrantes es solo gente informada del acontecer político cotidiano, de sus embrollos y posibles salidas, de sus vericuetos y roscas. A quienes están dentro les parece que eso es "lo normal" en la sociedad democrática, pero se sorprenderían si salieran del frasco en el que viven su escabeche discursivo y sensitivo y pasaran a escuchar de lo que se habla en el almacén de cualquier barrio, o a charlar en un club del campo (que no es lo mismo que un country club) o intentaran discutir de política en la tribuna popular de una cancha con quienes los rodean. Son pocos los que entenderían de qué cornos quieren hablar. En general la percepción de la sociedad en su conjunto no pasa por los análisis meticulosos y académicos, sino por gestos, ademanes y percepciones sobre los políticos (y también sobre el resto de las cosas que inciden en la vida). De allí que Durán Barba siempre aconseje (y reciba críticas burlescas por los costados) no darle pelota al "círculo rojo" para llegar a la mente de una mayor cantidad de personas.

Una gestión capicúa. A Alfredo Cornejo Jaime Durán Barba ni le va ni le viene, pero con sus propias técnicas y asesores vernáculos, ayudado de encuestas permanentes, ha logrado construir una idea de lo que espera la gente y trata de transmitir la idea de que hace lo que la gente espera. Así, una frase casi capicúa. De paso, hay que saber que en Mendoza rigen otros condicionantes, más bien del tipo máscara, que hacen que lo parezca que es una cosa no lo sea, y resulte ser otra. Hablamos de Cornejo, pero podríamos mencionar los apellidos de todos los intendentes, que acaparan a su escala el mismo nivel de fuerzas que el gobernador, en función de una Constitución hecha para otro tiempo, cuando los intendentes no eran tales ni los gobernadores tenían todo esto que tienen como tarea. El propio peronismo busca su reformulación en función de cosas concretas y no de recuerdos de "épocas gloriosas" o imaginarios folclóricos colectivos. El que no hace, no gana. (Aunque faltaría que se cumpla otro dicho popular: "Que quien las hizo, las pague"; pero efectivamente y no en forma simbólica).

Desteñidos. Mendoza es el lugar más lindo del mundo. Todos sabemos lo que le falta para ser perfecta pero, así y todo, es difícil pensar en vivir fuera de ella. Pero a la vez es el lugar más feo del mundo. Hay una variedad de facetas de cada uno, de cada cosa que ocurre, si puediéramos mirarla a vuelo de pájaro (como suele ocurrir cuando salimos de aquí) nos dejan con gusto a fósforo. Se representa en una metáfora de un auto que amenaza con salir a toda velocidad, pero con el freno de mano puesto. Por cierto, lo sabemos: vivimos en un lugar en donde el liberal vive de contratos con el Estado y el libre mercado resulta un gran tema para una conferencia, pero le preocupa cuando su producto debe regirse por esa norma mayúscula de su supuesto pensamiento. Y en donde el, por decirlo de algún modo, "comunista", cada vez se parece más al modelo de la China de hoy en día: ricos, caóticos, desinteresados de las normas que ponen límites y electoralmente con epicentro en la Quinta o Chacras, "hippies con Osde" que les dicen. Las apariencias aquí lo son todo. Cambiar algo que está mal es bueno para tema de conversación -"queda bien"- pero a la hora de tener que hacerlo, desata frenos inconcebibles: "No vaya a ser cosa que...", "guarda, veamos que lo haga primero otro", o "mejor así a que tengamos problemas por tocar algo". Estáticos, más que conservadores, porque ni siquiera sabemos conservar las cosas y costumbres que en algún momento de la historia nos hicieron visibles en el país. En francés se diría: "cagones". El círculo rojo acá está, entonces, desteñido, porque el que sabe de política también es alcanzado por esos condicionantes locales y, por lo tanto, dice pensar tal cosa "porque queda bien" en su ámbito de relaciones. Derechosos e izquierdosos, y hasta los que se dicen "apolíticos" terminan en un gran juego de truco: una actitud lúdica de engaño y traición.

"Opinión pública/da". Entonces lo que queda por mirar con detenimiento es lo que durante muchos años se denominó "opinión pública", que no es otra cosa que "la opinión publicada", aquello que sostienen personas con poder de una amplia difusión de su palabra. Hoy internet lo ha democratizado y ha dejado al límite de sus capacidades de extorsión y manipulación política a las viejas formas de comunicación del siglo 19. Una falsedad es fácilmente refutada por, digamos -en mendocinés- "un cualquiera". Vale decir, que alguien sin roce, con el árbol genealógico talado o inclusive sin existencia identitaria más que un fake en las redes sociales, puede dejar en ridículo al mendaz de turno. Entonces, ya no hay un solo círculo al cual convencer o acatar: aparece por primera vez en mucho tiempo una "sociedad", o "la gente" en un amplísimo juego de, acaso, círculos concéntricos en los que la puja por llegar al centro es atroz, pero a la vez, imaginaria: nadie cree estar por debajo de nadie y todos creen estar por encima de todos. Apariencias en lugar de aspiraciones.

¿Una nueva instancia? En este contexto es que Mendoza vive por primera vez en muchos años una situación en la que las figuras del gobernador y de los intendentes cobran carácter de liderazgo. A su alrededor se aglutinan sectores que buscan mantenerse en pie, es cierto, el famoso "calor del poder", pero también representación, contención y estabilidad con planificación para una sobrevida al paso de los gobiernos. Hasta ahora, cada uno que llegaba a la Casa de Gobierno generaba su cohorte de empresarios y en la actualidad parece haber alguna unanimidad en apoyar lo que se está haciendo, más allá de apetencias o simpatías personales (aunque empacharse de poder podría generar en el gobierno una gravísima e imperdonable vuelta al pasado). Los que hacen cosas, los que han hecho plata, los que han opinado con o son conocimiento, también han visto caer a muchos grandes a un precipicio que les resultaba invisible por tercos o engreídos. Por aparentar lo que no eran o por decirse ajenos a la política que los alimentaba mientras ellos le daban de comer no a Mendoza, sino a los políticos de turno.

Desnudos. Es probable que la disputa del poder esté recién ahora con su centro en la política y, dentro de ella, en la gestión pública. Todos miran, todos pueden cuestionar y, de hecho, cuando encuentran algo malo, lo escupen a los cuatro viento y hace que la sociedad esté más atenta y en debate. El "círculo rojo", si así es que ocurre, se informa y se amplía. Las instituciones quedan desnudas ante la rasgaduras que produce el clamor de "transparencia" en los cortinados que las mantenían a cubierto y oscuras. Las verdaderas "orgías" de nombramientos en áreas de control y de manejo de recursos, y los vasos comunicantes entre poderes y familias van quedando a la vista. Las caretas se empiezan a caer y, a no ser que el ejercicio de tantos años de hipocresía reconstituya su energía encubridora, podremos celebrar que empieza un nuevo tiempo en donde a la hora de elegir y ser elegido en cargos de decisión sobre el resto de las personas, deban caminar desnudos, sin que nadie alcance a señalar defecto alguno.