¿Mendoza es un juego de mesa?

El dirigente Guillermo Elizalde, del sector "Construir puentes" del peronismo mendocino reflexiona sobre las circunstancias actuales.
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Guillermo Elizalde

¿Mendoza es un juego de mesa?

¿Mendoza es un juego de mesa?

Sábado a la tarde. Otoño mendocino. El grupito de amigos del barrio se refugia en la casa de uno de ellos y mientras el olor a bizcochuelo se escapa por las rendijas del horno, la tropa baja de la biblioteca una caja de cartón de la que salen un tablero, dados, fichas y la promesa de una tarde de risas y conspiraciones inocentes.

La caja podía tener muchos títulos, como el belicoso T.E.G. (un tablero de 50 países, seis cajas con fichas de colores, seis dados, 50 tarjetas de países y 15 de objetivos), el tradicional Estanciero (1 Tablero, 6 peones, 61 tarjetas, 32 chacras, 12 estancias, 2 dados) o el clásico y antiquísimo Juego de la Oca (1 tablero, 63 casilleros, 2 dados, 8 fichas de jugadores). Todos garantizaban lo mismo con distintas temáticas.

La palabra "Mendoza" (dos millones de personas, un Estado, tres Poderes, una Constitución, 18 Departamentos, 150mil km2) nunca estuvo impresa en una de esas cajas. Quizás hoy merecería estarlo, ya que parece haber pasado por algún proceso misterioso que la convirtió en uno de esos juegos de mesa a pesar de ser un lugar real en el mundo y de estar habitado por una ciudadanía con derecho a ser respetada y escuchada, sobre todo porque es esa ciudadanía la que le da razón de ser a todo los elementos que vienen "dentro de la caja".

Parece casi imposible que algunos dirigentes políticos y representantes elegidos en las urnas confundan todo con un tablero donde sumar puntos y ganar posiciones se vuelve más importante que darle a los mendocinos la provincia que merecen, pero los últimos acontecimientos protagonizados por la política vernácula dan cuenta de que no sólo es posible, sino que parece ser lo único que sucede en los tres Poderes de Mendoza. ¡31 El pozo! Pierde dos turnos

Sin preocuparse por cómo afecta a la ciudadanía cada decisión que se toma, los jugadores de la política hacen alianzas y las deshacen, construyen y demuelen ministerios y se disputan ferozmente cada espacio que signifique algo de poder. Justamente en estos días estamos ante una buena muestra: el Poder Ejecutivo extremadamente fuerte ha cooptado una parte de la oposición para que lo ayude dentro del Poder Legislativo a sancionar una Ley que le permita controlar el Poder Judicial, donde no se obedecían del todo sus órdenes. Parece una versión terrorífica de aquellas tardes de lluvia en los tiempos en que Internet no era más que una palabra difícil de pronunciar y los bizcochuelos todavía no perdían la batalla contra las galletas y los alfajores industriales. Un tablero de juego en el que cada cada casillero es parte de un territorio real habitado por ciudadanos de verdad. Casillero 35 ¡Marche Preso!

Este proyecto de Ley que modificaría el Poder Judicial es el último y quizás uno de los más macabros exponentes de esta forma irresponsable y dañina de entender la política. Un sector de la oposición acuerda con el gobierno de turno para ser reconocido como el sector líder de esa oposición, a cambio de facilitar la votación legislativa de un proyecto que pondrá durante los próximos 20 años a todo el poder judicial bajo el control de la persona que hoy gobierna el ejecutivo, pero que una vez terminado su mandato, seguirá ejerciendo el control fáctico de la justicia mendocina durante décadas, a través de los subordinados que nombre como ministros en la Corte Suprema. Todo el mapa ataca a Kamtchaka ¡Objetivo cumplido!

Mientras tanto, los mendocinos no pueden ni opinar. A penas se les dio la chance de elegir los nombres de sus representantes, para que luego estos agarren un puñado de dados y comiencen a jugarse sus cartas en este juego donde lo único que realmente se arriesga es el futuro y la calidad de vida de esas dos millones de personas que día a día gastan el lomo para hacer de Mendoza su hogar