Mejor que la reelección salga

El intento de reforma constiucional y falencias de gestión, desencadenaron la salida de Enrique Vaquié del gobierno. Por qué Alfredo Cornejo se mintió a si mismo y podría salir debilitado.
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Marcelo Arce

Mejor que la reelección salga

Mejor que la reelección salga

Solo la incontenible ambición política de jugar siempre con todas las cartas en la mano explica por qué Alfredo Cornejo rompió con una de las premisas que se había autoimpuesto: no aparecer nunca metido en temas que a la opinión pública no le interesan.

Con la intentona de reformar la Constitución, el gobernador se mintió a si mismo.

Un puñado de cosas aparecen claras hasta acá, luego de que pasara ya casi un mes desde que se lanzó el globo de ensayo reformista.

A Cornejo nunca le interesó la reforma de la Carta Magna, tarea que había delegado, con el mismo desdén con que la trata, a la vicegobernadora Laura Montero. Si el tema surgió, fue solo porque está buscando tener abierta la posibilidad de su reelección.

El argumento de por qué el tema fue planteado ahora no tiene mucho de secreto: Cornejo entiende que sin la posibilidad de ser reelecto su poder declinará indefectiblemente.

Puede que sea así. Es lo mismo que sintieron los últimos cuatro gobernadores que lo antecedieron, quienes, a su tiempo, también lanzaron sus correspondientes proyectos de reforma.

Pero no deja de ser extraño que, por ejemplo, Cornejo tenga los mismos miedos que Francisco Pérez en ese sentido.

El que más liderazgo político consiguió acumular (Cornejo), explica la reelección de la misma manera que aquél cuyo poder (Pérez) estaba jaqueado por todos los intereses locales y nacionales que uno pueda contabilizar.

Si Cornejo consolidó un liderazgo fuerte, fue porque durante su primer año gobernó. Si la cabeza no estuviera solo en lo electoral y apostara a lo mismo durante el tiempo que le queda (que además es mucho todavía) nada indica que ese poder pueda licuarse.

Hay otra cosa que se sabe. Hasta acá, la reforma de la Constitución no sale. El gobierno está esperando que el peronismo se decida, mientras mira como corren las agujas del reloj. Para que Cornejo pueda lograr su berretín a tiempo, el proyecto de ley que declare la necesidad de la Reforma debería estar listo para mayo.

Los encargados de la UCR de la rosca en la Legislatura no consiguieron hasta el momento ni un solo aval más de los que ya tenían. Dentro del PJ, el de un par de intendentes como Alejandro Bermejo o Jorge Omar Giménez. Pero eso no alcanza para lograr las mayorías especiales que se precisan en la Cámara de Diputados.

Los demócratas, socios políticos en Cambia Mendoza, se encerraron sobre su histórica posición antirreformista y, más allá de que también cuestionan que el proyecto oficialista plantea una reforma demasiado abierta, entienden que en la actual Constitución no hay nada que le impida a Cornejo ocuparse en hacer una buena gestión.

Con la Izquierda ni fu ni fa. Los radicales están esperando a que se defina el peronismo, antes de tratar de incluirlos a ellos también en la aventura.

Con este escenario, el otro punto que está claro. Para Cornejo, después de la jugada que hizo, mejor que la reforma salga.

De no lograrla se enfrentará ahí sí a todos sus miedos. El estratega político infalible, el dirigente arrollador, el líder fuerte que trata siempre de imponer sus condiciones a sindicalistas, opositores, jueces y periodistas habrá fallado. Mostrará un costado débil imperdonable en él.

Y lo que es peor, dejará al desnudo que el afán por controlarlo todo hasta el límite de a obsesión está afectando su gestión.

El último en enterarse

Enrique Vaquié no abandonó el gobierno solo porque Cornejo jugó a reelegirse. El ex ministro en cierta forma esperaba la jugada, subido también a la lógica de que ese angustia de poder tarde o temprano le iba a agarrar al mandatario.

Sin embargo cuando el proyecto de reforma apareció, tuvo la pauta de que las razones por las que había aceptado el cargo en 2015 (construir una candidatura a gobernador para 2019) ya no estaban.

Podría haberse quedado. De hecho el propio Cornejo y su reemplazante en el superministerio, Martín Kerchner, se lo pidieron. Y con reproches fuertes.

Para el cornejismo, con su salida, Vaquié le pega al equipo en el arranque de la campaña de la primera elección para el oficialismo.

Y los obligó, además, a reestructurar un gabinete a las apuradas.

No sirvió tampoco que le prometieran ser el número uno en caso de que la reelección no prospere. Vaquié argumentó que quería "oxigenarse" y se fue.

¿Se suma un problema partidario interno? Vaquié podría terminar decidiendo que competirá igual por la gobernación, pero ya lo hará por afuera del control de Cornejo.

La alternativa que le ofreció Javier González Fraga en el Banco Nación cayó justo, más allá de que no es para el ex funcionario la salida ideal. Ni mucho menos.

Pero el ofrecimiento de esa vicepresidencia sirvió para acelerar un proceso que más temprano que tarde se iba a desencadenar. Vaquié siempre tuvo buen trato con Cornejo, pero desde hace meses había entrado en conflicto con el entorno del gobernador en el Poder Ejecutivo que frenaba o demoraba iniciativas de su cartera.

En el modelo de gestión radial que está implementado, en donde toda decisión pasa por el gobernador, los conflictos se dirimen una vez que Cornejo opina.

No hay reuniones de gabinete, debate entre ministros. Este gobierno no es un equipo del todo. Funciona como un núcleo duro que es el que toma las decisiones e incluso, como en el caso de Cultura, con claras muestras de falta de profesionalismo.

Más que la salida de un ministro, a Cornejo le molestó la forma en que se enteró. O por qué no se enteró, mejor dicho.

Más allá de que uno y otro hacen públicas sus fechas, lo cierto es que el gobernador supo lo de Vaquié mucho más tarde de lo que lo debería haber sabido. No se enteró por los medios, pero por algunas horas de diferencia nada más.

Hubo algo que quizás lo pudo haber hecho enojar aún más: mientras ya lo habían hablado con Vaquié, ningún funcionario de Maurico Macri lo consultó a tiempo. Y hubo dos que, incluso, estuvieron en Mendoza para la Fiesta de la Vendimia como Nicolás Dujovne y Rogelio Frigerio.

La forma rápida en la que se solucionó la crisis con Vaquié es otra muestra. Cornejo no confió en otro para ocupar la mega cartera de Economía, Infraestructura y Energía que en Kerchner.

Y la designación de Lisandro Nieri en Hacienda puede llevar a engaño. Nieri se formó en los equipos técnicos de Vaquié y se acopló el año pasado al ministerio de Kerchner.

En Hacienda tenían dos tareas por realizar. Una, que los sueldos de los empleados públicos nunca superaran la pauta de gastos prevista. Y la otra, conseguir plata para pagar las deudas que había dejado Pérez.

La primera tarea la cumplió a rajatabla el ahora ex ministro de Hacienda. Y la otra, no se hubiera logrado sin la participación de Nieri. No había mucho más en dónde abrevar.

Sera cuestión de tiempo para que se demuestre que, si no sale la reelección, será el súper encolumnado Kerchner el número uno que le prometieron sin éxito a Vaquié.