Política Mendoza debe mirar hacia adelante y salir del pantano

Los por qué de un "sí" a la reforma y a la reelección

Egoísmos políticos e imposición de intereses sectoriales han privado a Mendoza de un destino de grandeza. Podemos hacer las cosas bien y poner controles, sin engañarnos. Esto pensamos.
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MDZ

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Los por qué de un "sí" a la reforma y a la reelección(Prensa Gobierno)

Los por qué de un "sí" a la reforma y a la reelección | Prensa Gobierno

Los por qué de un "sí" a la reforma y a la reelección(Prensa Gobierno)

Los por qué de un "sí" a la reforma y a la reelección | Prensa Gobierno

En varias oportunidades MDZ se ha expresado con relación a la posibilidad de avanzar con una reforma constitucional en Mendoza. Atento a el nuevo intento reformista que ha comenzado a plantearse y discutirse en el ámbito político, 101 años después de aprobada la Carta Magna que rige aún hoy, creímos pertinente fijar posición acerca de tema tan importante, como una forma de instar a los más diversos sectores a que se manifiesten sin mezquindades de sector o interés particular, y con el pasado, el presente y el futuro de Mendoza latentes a la hora de reflexionar.

La Constitución mendocina ha sido un instrumento excelente que, dado el paso del tiempo y la evolución de los procesos políticos y la necesidad de mayor participación ciudadana, necesita una actualización que incorpore algunas instituciones fundamentales. Citaremos a modo de ejemplo algunas de ellas:

1) Mayor control ciudadano: El pueblo tiene derecho y debe contar con instrumentos que le permitan mayor control e injerencia sobre los órganos de poder. Consultas públicas vinculantes sobre cuestiones fundamentales al interés común, deben conseguir status constitucional que las consolide y transfiera poder directo a los ciudadanos.

2) La posibilidad de revocatoria de mandatos, consiguiendo un número determinado de firmas certificadas, es otra posibilidad de control y de intervenir activamente para desplazar a funcionarios que estén en condiciones de ser investigados por sus vicios graves de gestión, incluyendo al propio Gobernador.

3) Reforma del Consejo de la Magistratura: La baja calidad de funcionamiento y la actitud corporativa de los miembros de la Suprema Corte en el juzgamiento de los miembros del Poder Judicial, más la especulación política de los legisladores por encima de la búsqueda de la verdad objetiva, hacen imprescindible crear una nueva institución, objetiva, transparente y que genere confianza en los ciudadanos.

4) Reelección del Gobernador: el término de duración del mandato constitucional, cuatro años, ha demostrado, por razones de calidad de gestión y por las urgencias electorales que provoca, ser un obstáculo para poder plantear políticas a más largo plazo y poder gobernar con más tranquilidad, capacidad y a su vez ser evaluados con mayor rigor por el pueblo. Todas estas características se potencian cuando los problemas que afronta el gobernador en el Poder Ejecutivo y la Vicegobernación en el Poder Legislativo, son resultado de graves crisis. Y éstas, lamentablemente, han sido recurrentes en nuestra provincia.

Finalizado el primer año del actual gobierno, ya se sabe que comienzan los preparativos, chicanas, especulaciones y se pone el foco en las elecciones de medio término.

Tan solo, un año "tranquilo" para afrontar la solución de problemas acarreados y para proponer sus propias políticas públicas y planes a corto, mediano y largo plazo. El sentido común indica que es cuasi imposible llevar adelante con eficacia y eficiencia la tarea delegada.

Hay dos vías para solucionar la escasez de tiempo de gobierno. 

- Una, es ampliar la duración del mandato a 6 años y en esta caso sin reelección. Eso aseguraría dos años mínimos de tranquilidad gobernando sin las urgencias electorales. También le daría al pueblo una mayor certeza en la evaluación sobre el accionar del gobierno electo y en consecuencia más y mejor posibilidad de un voto con convicción y confianza. Y con la posibilidad activa de una revocatoria del mandato antes de término, se pondría un freno a los vicios que podría acarrear la posibilidad de que, ante una perspectiva de 6 años por delante, el gobernante "se siente en los laureles".

- La segunda vía es permitir la reelección del gobernador por una sola oportunidad, para que pueda el gobernador aplicar con tiempo y sin urgencias inentendibles, sus políticas comprometidas en su plataforma electoral.

Para sostener la posición de no permitir la reelección del Gobernador, se ha argumentado siempre sobre dos puntos básicos:

1) Que con un solo período se evita la posibilidad de afirmar "caudillismos" inconvenientes al sistema democrático y también se asegura transparencia institucional. Observando el estado general de la provincia y el devenir de la política doméstica, estos argumentos carecen de validez en la realidad. La "Isla de la transparencia" como se calificaba a nuestra provincia ha quedado como un chiste de mal gusto o como la definición equivocada, dado el verdadero y real devenir de nuestra cotidianeidad institucional. No somos ninguna isla de ninguna transparencia, y mucho deberemos trabajar para lograrla en el futuro.

2) Tampoco resulta inconveniente la reelección del gobernador. Ocho años máximos no son un tiempo que conviertan a nadie en caudillo. Y si se apartara de la ley o tuviera conductas autoritarias, con la institución de revocatoria de mandatos, se le pondría límite a cualquier sueño caudillista o autoritaritarismo.

Finalmente, debe ser permitida la reelección al gobernador que está administrando la provincia durante la instauración de la reforma. Cualquiera sea el tiempo en que está se sancione. Sea ahora o más
adelante. 

En definitiva será el pueblo quien decida si otorga la reelección o no. Y su voluntad es soberana y asegura legalidad y legitimidad de origen.

Decimos entonces, sí a la reforma, sí a la reelección o sí a un periodo de seis años. Sí a las instituciones de más participación directa y de más control. Sí al control cierto y efectivo del Poder Judicial reemplazando a este poco confiable Consejo de la Magistratura.

Y entonces, decimos que sí, también, a la mayor participación democrática directa ciudadana y a la posibilidad de mejor gestión gubernamental. 

Temas
  • Reforma de la Constitución