Los ministros de Trabajo sí están en blanco

Los casos de los máximos referentes laborales de Argentina y Brasil confirman que el poder ya no garantiza inmunidad e impunidad. Revisar las reglas del juego también los incluye.
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Rubén Valle

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A Jorge Triaca y a Cristiane Brasil les calza como guante eso de "en casa de herrero, cuchillo de palo". ¿Qué tienen en común el ministro argentino y su par de Brasil? Que ambos son los máximos responsables de la cartera de Trabajo y los dos hoy están en la mira de la opinión pública por tener empleados en negro.

Al funcionario nacional le estalló el tema casi por casualidad. Un audio filtrado por Sandra Heredia, su casera y asistente durante los últimos años, terminó revelando una extraña trama en la cual se supo que, en realidad, había sido contratada por la intervención del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), comandado por Omar Caballo Suárez antes de caer preso y actualmente monitoreado por el ministro Triaca según lo dispuso el juez Canicoba Corral.

Heredia aseguró que trabajó de manera irregular para la familia del ministro desde noviembre de 2012 hasta el 2015. "Veinte días antes de las elecciones", aclaró la mujer.

Si bien Triaca reaccionó pidiendo a través de su cuenta de Twitter "disculpas por el exabrupto que circula en un audio", el caso produjo gran incomodidad en el gobierno, que salió a bancarlo tibiamente. Desde la Oficina Anticorrupción (OA), su titular, Laura Alonso, dijo que el caso del ministro de Trabajo se encuentra "en una primera etapa de investigación".

Tras el escandalete, hubo humo blanco, se arregló una compensación económica para la excasera y esta desistió de iniciar acciones legales contra el ministro.

Cristiane Brasil la tiene aún más difícil. La decisión del presidente Michel Temer de ungir como ministra de Trabajo a la diputada del Partido Laborista Brasileño, naufragó por la decisión del Tribunal Supremo que le impide asumir su cargo. Fue luego de que salieran a la luz varias violaciones a la leyes laborales de parte de esta abogada de 44 años. Por ahora, su caso sigue en medio de una batalla jurídica.

A raíz de los casos puntuales en que está involucrada la ministra brasileña, la jueza Carmen Antunez considera que un condenado en un juicio laboral carece de las condiciones "morales" necesarias para dirigir el Ministerio de Trabajo.

Los casos de Triaca y Brasil son emblemáticos de una época donde la política -y los políticos en especial- necesitan despegarse de prácticas que hoy difícilmente puedan mantener en secreto, lejos de la mirada escrutadora y el reclamo ciudadanos.

"La era de la transparencia", a la que se refería Santiago O'Donnell en una entrevista con MDZ, no tiene vuelta atrás. Si ya ni los paraísos fiscales tienen garantía de secreto insobornable, mucho menos cualquier funcionario de un gobierno democraticamente validado en las urnas.

La reforma laboral que se empezará a debatir a partir de marzo, considerada por lejos la madre de las reformas de este gobierno, exige gestos coherentes y un profundo sentido común en un país con casi el 9% de desocupación.

En un mundo que cambia no ya año a año sino minuto a minuto resulta lógico repensar cuáles deben ser las reglas de juego en materia laboral. Siempre y cuando, claro, los beneficios sean ecuánimes, no según la objetable lógica de los Triaca o los Brasil.