Los encapuchados, las molotov y la profunda grieta

Alguien que acude a cualquier tipo de manifestación con la cara cubierta no tiene otro fin que no sea generar violencia. Son personas que no respetan ni los casos más dramáticos y todos sirve para sus fines de odio y división.
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Edu Gajardo

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Los encapuchados, las molotov y la profunda grieta(Télam)

Los encapuchados, las molotov y la profunda grieta | Télam

Los encapuchados, las molotov y la profunda grieta(publicada por Neofix.com)

Los encapuchados, las molotov y la profunda grieta | publicada por Neofix.com

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Todo el mundo tiene derecho a protestar si considera que algo no se está haciendo bien o lo perjudica. Es una de las cosas que se permiten en democracia. No se puede criminalizar la protesta, pero tampoco se puede permitir que quienes lo hacen sean grupos de encapuchados que se aprovechan de un reclamo legítimo para fomentar su cultura de odio, división y de anarquía.

Lo que ocurrió el viernes durante la marcha por la aparición de Santiago Maldonado, no es lo que se espera de una manifestación que pide por una cuestión totalmente válida como es la aparición de un ciudadano que -según la carátula de la investigación- fue víctima de una desaparición forzada. Algo que no debe ocurrir y que el Estado debe investigar y castigar si es que alguna de sus instituciones tuvo que ver en el hecho.

Pero en muchas manifestaciones que hemos visto hay decenas de personas que llegan con palos, capuchas y con sus rostros cubiertos. Si llegan así, y no me cuenten cuentos, es porque van dispuestos a generar violencia.

Nadie con fines legítimos, en un país que se rige por la democracia, tiene justificación para acudir a una marcha con el rostro cubierto. Ese recurso lo utilizan los delincuentes que entran a una casa medianoche o son propios de los ladrones en los western.

¿Por qué entonces no salir y dar la cara? Simplemente porque son personas que van a cultivar la violencia y ven en eso un reclamo legítimo, lo mismo los que pintan paredes o rompen los espacios públicos.

En muchas de estas situaciones me llama la atención el uso que se hace de la palabra represión y que según la Real Academia es el acto, o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales.

El uso de la fuerza está permitido por la ley en situaciones puntuales y los organizamos de seguridad no se deben hacer uso excesivo de la misma (que también debe ser castigado), como tampoco los manifestantes deben llegar a una marcha o protestas pacíficas con capuchas o bombas molotov. Si tenes las botellas, la nafta y los pañitos claramente no vas a pedir en paz que algo cambie.

Las molotov tienen el potencial de matar y en muchos países del mundo las personas que las portan son juzgados por la utilización de un arma letal.

Los ciberencapuchados

Los encapuchados tienen su versión menos dañiña desde el punto de vista físico, pero que también generan el odio y apuestan por la división.

En las redes sociales hay miles de personas que, ocultos en Internet, generan un ambiente de violencia que va de un lado a otro y fomentan la famosa grieta que existe en el país. Ellos son responsables, por ejemplo, de generar un sentimiento en muchas personas que después explotan contra algunas personas o movimientos. Los mismos que fomentan el odio y la intolerancia que -por ejemplo- se vio reflejada en la reacción de algunos participantes de la marcha de Santiago Maldonado en contra de un periodista de TN.

Tal como el que se encapucha en la calle (guardando las proporciones), se aprovechan de los foros, las redes sociales para apuntar contra todo. En este caso el margen es más amplio y los grupos de sectores que no marchan también aprovechan el anonimato de las redes sociales para poner su punto de vista y aportar a la grieta.

Así las cosas, los encapuchados -reales o virtuales- no son mas que personas que apuntan a la división de un país a la generación de odio con sus acciones. De ahí la importancia de no naturalizar su presencia y darles validez, y que sea el Estado el garante de que no estemos a merced de estos personajes que actúan fuera de los márgenes democráticos que rigen el país.

No se puede fomentar el odio entre los ciudadanos dando entidad a la utilización política que hacen algunos sectores interesados del caso que hoy conmueve al país o cualquier otra situación. El fondo y la verdad no les interesa, sólo les interesa sacar provecho a todo lo que se les pase por delante.