Los caciques sindicales empiezan a bajar del Olimpo

En el #Wok de hoy: Mientras algunos rinden cuentas tras las rejas, otros se eternizan en sus tronos + En Mendoza, dos históricos -Navarro y Pereyra- dejaron el sillón mayor + La reforma laboral, ¿tendrá líderes gremiales a la altura de un país del siglo XXI?
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Rubén Valle

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Los caciques sindicales empiezan a bajar del Olimpo

Los caciques sindicales empiezan a bajar del Olimpo

{ Maridaje } Para musicalizar la lectura de esta columna, el autor propone My Tuke, por Art Feynman

#El trono está en crisis. Vaya que soplan nuevos vientos y si no veamos por caso cómo el #8M se hizo sentir en el mundo. Tan fuertes soplan que hasta los popes sindicales que parecían eternizados en sus tronos empiezan a bajar del Olimpo o, al menos, deben pagar con cárcel sus tropelías (Omar Caballo Suárez, Juan Pablo El Pata Medina, Marcelo Balcedo, Humberto Monteros). 

El retiro a cuarteles de invierno del líder ATSA, Juan Carlos Navarro, tras ¡33 años! al frente del gremio de la Sanidad, es uno de esos casos sintomáticos. A fines del año pasado, había hecho lo propio el líder de los empleados de Comercio, Guillermo Pereyra, quien con "apenas" 20 años en ese cargo decidió no ir por la reelección. El actual diputado provincial había llegado al Centro de Empleados de Comercio (CEC) en 1992 como tesorero y, cuatro reelecciones de por medio, estuvo dos décadas en el sillón mercantil.

Cuando se recuerda los años que muchos de estos referentes sindicales llevan enquistados en el poder, la justificación ad hoc suele apelar a ciertas trampas argumentativas -o falacias lógicas, como analiza Ezequiel Spector en su muy recomendable libro Malversados. Una de esas trampas es, para evitar dar explicaciones y datos duros, hacer creer que porque se cuestiona esa perpetuidad lo que en realidad se está cuestionando es al movimiento obrero en general y al gremialista en particular. Matar al mensajero no cambia nada: ahí están los nombres, las fechas y el prontuario o la foja de méritos de cada uno para certificar si es así o no.

Improvisemos un ránking para dejar que los números hablen por sí solos. A nivel local, marcha a la cabeza Juan Carlos Ortiz, de la Asociación Obrera Minera Argentina, con 34 años. Le siguen: José Escoda (Sindicato de Estaciones de Servicio de Mendoza, 29); Lucio Quilpatay (Sindicato de Frutas y Hortalizas de Cuyo, 29); Rodolfo Calcagni (Sindicato del Personal de Micros y Ómnibus, 19); Jorge Córdova (Sindicato de Unidos Petroleros e Hidrocarburíferos, 18); y Rubén Zárate (Camioneros, 16). Esto sólo para mencionar a los que superan la década y media en sus puestos de combate, pero los hay también que ya alcanzaron su decena y no dan señales de amagar con el retiro.

A la mayoría, claro está, le cuesta dar un paso al costado para que la renovación oxigene no sólo de nombres la anquilosada estructura del sindicalismo argentino (Daer, Barrionuevo, Cavalieri, Moyano, Piumato, Martínez, West Ocampo, entre otros tantos longevos dirigentes). Que actualmente se los señale más que antes tiene que ver con ese giro que nos gusta tanto a los periodistas y con el que creemos explicar todo: "hay un cambio de paradigma" en la sociedad argentina. Y es cierto. Como sabiamente nos alertara don Zygmund Bauman, ya nada queda sólido en el mundo de hoy. Corren tiempos líquidos. También para quienes creían no tener fecha de vencimiento.    

Hay una fuerte demanda social que apunta a que en muchos sectores se baraje y dé de nuevo para "normalizar" un país anómalo como el nuestro. 

En rigor de verdad, no es que todos los males sean achacables a los gremios y sus históricas cabezas, pero hay que reconocer que conservan una importante porción de la torta del poder como para que no sea menor la pretensión de que se democraticen y cumplan su rol esencial: defender y hacer valer los derechos de los trabajadores.

En el debate que se viene por una nueva reforma laboral, los popes gremiales tendrán un protagonismo que supone estar a la altura de una discusión sin precedentes. El currículum de la mayoría de esos caciques no invita a tener demasiadas expectativas de que, más allá de los lógicos y necesarios planteos salariales, vayan a poner sobre la mesa argumentos de peso para ese análisis más de fondo que reclama el trabajo en la Argentina. 

#El ResaltadoR

Estamos bien, pero vamos mal

"Estamos bien y vamos mal. Puede ser que estemos muchos años bien, pero con un rumbo equivocado, o sea, mal. Este modelo se parece a los planes radicales por su blandura, su ternura para enfrentar los problemas. Hay un plan: mantener más o menos a flote lo que dejó Cristina, normalizando aquellas cosas que eran muy bizarras. Eso es lo que ha hecho el macrismo. Económicamente hablando, Cambiemos, o el Pro, es kirchnerismo con buenos modales. Muy elegante, pero es populismo, sin dudas. La Argentina es un país que viene de una decadencia lacerante y sigue en decadencia".

{ José Luis Espert, economista, en A24 }

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#LaDataFlora

En promedio, las informaciones falsas reciben un 70% más de retuits que las verdaderas, según un estudio realizado por un equipo de investigadores del MIT que analizó el período 2006-2017.

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#Tuiteado