Lilita y el Club de la Pelea de Cambiemos

El podcast ampliado de la columna de Gabriel Conte en el programa "Otra Manera", por MDZ Radio, junto a Santiago Montiveros y Federico Croce, con pàrticipación de la audiencia. Un párrafo: "Encandilados todos, actores y público, relatamos los hechos sobre el ring, pero no nos fijamos si está cumpliendo con las reglas de un buen combate. Por ejemplo, ya le puso fecha al pedido de juicio político contra el ministro de Justicia, Germán Garavano, por declaraciones que fueron interpretadas por la dirigente de la Coalición Cívica como respaldatorias a la libertad de Cristina Kirchner. Si se trata nada más que sobre declaraciones periodísticas, ¿cuál es el elemento de prueba para someterlo a un instituto constitucional tan grave como el juicio político? ¿No es más grave cercenar la libertad de opinión a otra persona?".

Gabriel Conte

Lilita y el Club de la Pelea de Cambiemos(NA)

Lilita y el Club de la Pelea de Cambiemos | NA

En la política siempre ha habido peleas internas. Muchas veces, a los tiros. De hecho, hasta después del '83 fue común que los grupos adversarios se persiguieran a balazos o palazos. Piedrazos, cuando no había otra arma a mano.

Puertas adentro de los partidos, igual. Las asambleas partidarias para determinar quiénes debían ser los candidatos han estado siempre (y probablemente lo estén aun) llenas de extorsiones, secuestros, condicionamientos, promesas vanas y amenazas. En muchos casos, inclusive, han originado despidos y nombramientos con plata ajena, la nuestra en lugares del Estado. En otros, hasta hubo sangre.

Hay un mito que dice que una familia política mendocina aun hoy pone el arma sobre el escritorio como si se tratara de la copa en el Juego de la Copa, por si algún fantasma le quiere quitar el cargo.

Una leyenda familiar dice que a mi abuelo Eleodoro Toledo, un hombre de campo de Alto Verde, un comité de campaña en carruajes tirados por caballos con José Néstor Lencinas abordo le mató el perro, su mascota, de un tiro, porque hacía mucho barullo al ladrarle al forastero que se había metido a su rancho. Mi abuelo tendría que haber sido radical, porque peronismo no había y era obrero. Ganso no hubiera sido jamás. Y se hizo socialista de Juan B. Justo o Roberto Chediack.

El asunto es que peleas hay siempre. Voy al grano: no las inventó la señora María Elisa Avelina Carrió. Lo que sí pueden haber inventado Lilita y su fiel compañero Twitter es la escenificación al estilo talk show.

Ella también dice odiar y pelearse con Jaime Durán Barba. Pero su actitud pareciera ser resultado del mejor consejo del asesor comunicacional ecuatoriano que se formó en la Facultad de Filosofía y Letras de Mendoza: las peleas dentro de Cambiermos desvían la atención del público/electorado hacia esa opción política y lo vuelven interesante para la gran audiencia, a pesar de todo.

Lilita Carrió tiene más rating que Intratables. Tiene más que Tinelli. Y al final, consigue dividir las opiniones para un lado u otro, pero conteniéndolas en un espacio en el que al final parece que "hay debate", aunque en realidad puedan estarse matando, extorsionando o traicionándose.

Fijémonos que ha sido tan hábil esta señora en el manejo de la opinión pública que ha conseguido que a un experto en peleas (el peronismo con sus Triple A, Montoneros, Renovación, "66 organizaciones") ya nadie le cree cuando dicen que se van a unir. Por más que pongan cara de "Gato con botas" tristón, no conmueven a nadie. No se los mira.

Es que ni siquiera ya saben pelearse: la gente habla de las peleas de los otros. Por ejemplo, las de Elisa Carrió. Y su accionar hoy -en los prolégomenos de las definiciones electorales- tienen un valor extra estar en la escena y con las luminarias activas sobre ella y no en los problemas.

Encandilados todos, actores y público, relatamos los hechos sobre el ring, pero no nos fijamos si está cumpliendo con las reglas de un buen combate. Por ejemplo, ya le puso fecha al pedido de juicio político contra el ministro de Justicia, Germán Garavano, por declaraciones que fueron interpretadas por la dirigente de la Coalición Cívica como respaldatorias a la libertad de Cristina Kirchner. Si se trata nada más que sobre declaraciones periodísticas, ¿cuál es el elemento de prueba para someterlo a un instituto constitucional tan grave como el juicio político? ¿No es más grave cercenar la libertad de opinión a otra persona?

Solo resta saber si es show o es institucionalidad. Porque sería grave subir los preceptos constitucionales al ring, al escenario del talk show. Si así fuera se estaría banalizando todo. O sea, haciendo lo mismo que se critica.


 

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