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La endogamia del Gobierno y un plan para "pasar a la historia"

El equipo que conduce el Gobernador concentra funciones y se encierra cada vez más. Esquivan la crítica y eligen la arenga. Las dificultades y desafíos para mejorar la calidad de vida.
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Pablo Icardi

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La endogamia del Gobierno y un plan para "pasar a la historia"(Alf Ponce / MDZ)

La endogamia del Gobierno y un plan para "pasar a la historia" | Alf Ponce / MDZ

La endogamia del Gobierno y un plan para "pasar a la historia"(Alf Ponce / MDZ)

La endogamia del Gobierno y un plan para "pasar a la historia" | Alf Ponce / MDZ

Son radicales de cuna, pero es un nuevo movimiento. El "cornejismo" no pretende ser un espacio pasajero. Y como tal, tiene características propias. Una de ellas es la endogamia; un grupo que se maneja de manera cerrada, que no aceptan la incorporación de "agentes externos", que se cuida y se cierra ante lo que consideran una amenaza. Ante un problema, se encierra aún más. Esa característica se mantuvo y se potenció en las crisis que afrontó el Gobierno en las últimas semanas. No se admiten errores, sino que se exculpa. No hay autocrítica, sino arenga. Todo bajo un mando único: el de Alfredo Cornejo.

Pasó con la escandalosa renuncia de Giacchi a principio de año, donde hubo negación hasta que fue insostenible. También con "las" crisis en Cultura. Primero en el ECA y luego en el Teatro Griego hay sobradas pruebas de la negligencia estatal, pero el discurso oficial habla de errores de empresas y un fuerte respaldo a la gestión política. Ello a riesgo de no haber mensurado las consecuencias de lo que pasó. Lo más grave fue haber puesto en riesgo la vida de cientos de personas. Pero la segunda consecuencia la sufre la economía de Mendoza. La ira de los empresarios turísticos es enorme. Perdieron clientes actuales y futuros por el papelón de haber tenido que despedir pasajeros sin haber cumplido los contratos. La Vendimia es un espectáculo bajo total responsabilidad estatal, pero las culpas se buscaron afuera.

Con la tensión generada por la renuncia de Enrique Vaquié también se potenció la endogamia cornejista y en ese caso actuó el rigor político. A los fieles, todo. A los díscolos, nada. La frase forzada de Vaquié lo ilustra. "Quiero que Cornejo sea reelecto", dijo luego de su renuncia. Sabido es que Vaquié tenía intenciones opuestas: tratar de competir por el sillón de San Martín. La salida a ese problema fue bien interna. Cornejo se apoyó nuevamente en su grupo de extrema confianza y ungió al heredero: Martín Kerchner. Si el plan de reelección del Gobernador no se da, el flamante superministro queda en la primera línea sucesoria. Mastican bronca algunos intendentes y otros dirigentes radicales. Kerchner quiere seguir el camino de dos ex ministros de obras con los que él no comulga: Julio Cobos y Francisco Pérez. Ambos llegaron a la gobernación sin mayor recorrido político propio. A Cobos lo bendijo Iglesias. A Pérez, Mazzón. A Kerchner, Cornejo; como candidato muleto.

Cómo pasar a la historia

Antes de empezar la gestión el Gobernador tenía en su horizonte una premisa: ningún gobernador pasa a la historia por alguna obra. Esa idea heredada de los faraones egipcios de "inmortalizarse" en una pirámide o megaconstrucción según la visión de Cornejo no sirve. Un poco de realidad, un poco de autoconsuelo por saberse impotente para poder ejecutar cambios más visibles ante la falta de recursos. Por eso Cornejo tiene otro plan para pasar a la historia: ser el gobernador "de los cambios estructurales". Las reformas judiciales, las reformas en la administración y la reforma de la Constitución, con reelección incluida. Es quizá, el mandatario que más cerca está de concretar esa ambición. Desde que asumió lo niega, pero aún antes de llegar al poder lo piensa. Para ello trabajan ahora sus alfiles y también los ajenos: varios dirigentes del PJ están dispuestos a apoyar el plan reformista de Cornejo, a cambio de mayor autónoma para manejar recursos municipales y otros cambios.

Pero todo lo bien que a Cornejo le va en lo político, le cuesta en mostrar algún cambio sustancial en el día a día de los mendocinos. En su plan de gestión el Gobernador logró construir una imagen fuerte, que le permite jugar con algunos límites. Asegura estar dispuesto a "pagar los costos que haya que pagar" para ejecutar reformas. Aunque está encima de todos los temas, a Seguridad es el que le presta más atención; casi actuando como ministro. Sabe que es quizá el área que puede desatarle una crisis sin aviso, como le ocurrió en su época de ministro. En el resto aún cree tener margen, aunque cada vez más corto.

Pasa con los servicios básicos: luz, agua y transporte siguen siendo deficitarios en cuanto a la calidad; en gran parte por la herencia recibida que el Gobierno lo logra dar vuelta. Con el agua se da uno de los casos más tangibles. El principal operador fue intervenido en 2009 y se reestatizado en 2010. La tarifa subió más del 358% desde que se estatizó. Si alguien pagabas 100 en 2009, hoy paga 458. A ello se le suman los subsidios provinciales que aportó el Ejecutivo año tras año. La intención era que la empresa fuera sustentable. Nunca lo lograron. Los aumentos fueron solo a financiar salarios. Incluso ocurrió algo que roza la ilegalidad: un crédito por casi 500 millones de pesos que debía ir a Aguas Mendocinas, se destinó a gastos corrientes del Estado. En algo más de un año esa impronta no cambió: este año se volvió a romper el "caño maestro" de calle Viamonte y muchos barrios de Las Heras y Guaymallén siguen con su problema crónico de falta de agua. Ni hablar de la crisis sanitaria: las cloacas colapsadas en casi todo el Gran Mendoza y San Rafael siguen poniendo en riesgo a la población.

En electricidad ocurre algo similar, pero con una empresa privada. La provincia financió la línea eléctrica Comahue Cuyo, pero nunca se hizo una subestación para conectar Mendoza a esa línea, Por eso pende de un hilo: cuando sale un generador de funcionamiento, simplemente Mendoza se queda sin luz, como le ocurrió a miles de mendocinos cuando se rompió un generador de la central térmica. Ni hablar de las obras de distribución: con la excusa de falta de tarifas EDEMSA nunca siguió el plan de mantenimiento que debía por contrato. El plan de convergencia funcionó a medias y ahora que la empresa tiene tarifa, no hay una exigencia extra de obras. Recién con la nueva discusión tarifaria se vendría un pedido de obras. El servicio de transporte también colapsó. La concesión de las empresas está vencida y siguen manteniendo un plan que ya era viejo cuando se puso en marcha en 2005. El modelo de transporte atrasa tres décadas. Las frecuencias son incontrolables y la calidad empeora. Recién a fin de año podría haber un "Plan" para ejecutar varios meses después.

Con las obras, pasa algo similar. La vivienda es la prioridad por la carencia que hay y por el impacto que tiene para las familias. El primer año de gestión se pasó en gestiones financieras y administrativas. Hubo trabajo, pero se movieron pocos ladrillos. Tuvieron que pagar la deuda, negociar los bonos y actualizar valores para evitar conflictos. Incluso pasó algo poco habitual. Para salvar los barrios, la provincia aportó recursos propios que permitan retomar las obras, debido a la demora en las transferencias nacionales. Ahora los barrios se retomaron pero aún así el 2017 estará por debajo del promedio de casas inauguradas.

En ese contexto Cornejo quizá tiene a mano el desafío para pasar a la historia más allá de sus propios intereses políticos. No necesita una pirámide, ni una obra faraónica; alcanza con mejorar la calidad de vida de los mendocinos.