La Cristina de siempre, sin autocrítica y con el manual de los 70

El primer discurso de la presidenta en 43 días, su ausencia más larga, no trajo sorpresas. A no ilusionarse. Es la de siempre.
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Ricardo Montacuto

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La Cristina de siempre, sin autocrítica y con el manual de los 70(Telam)

La Cristina de siempre, sin autocrítica y con el manual de los 70 | Telam

La presidenta esta tarde en el balcón.(Telam)

La presidenta esta tarde en el balcón. | Telam

Intentó ser moderada e inclusiva, es cierto. Pero duró poco. Tal vez un turista de paseo instalado frente a algún televisor pudo haber creído que estaba ante una presidenta preocupada sinceramente por los problemas del país y dispuesta a resolverlo todo con amplias convocatorias. Pero la que volvió fue la Cristina de siempre. Una presidenta sin autocrítica, obsesionada por los medios, la imagen y las encuestas. “La vida es conflicto” dijo, y lo sostuvo con su discurso por cadena nacional desde la perspectiva particular del cristinismo. Tuvo un par de frases que harán historia. Apenas si pudo contener la bronca y las ganas de revancha cuando habló de los medios y de la oposición, y de los encuestadores, a quienes acusó de haberla querido “desaparecer” en estas semanas, y buscó apoyo a sus palabras en la mirada de las incondicionales Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto, a quienes mencionó. Un mal paso de la presidenta: pretendió comparar a los medios que la critican con la dictadura sangrienta que asesinaba y desaparecía personas. Las manías setentistas no abandonan el pensamiento de Cristina.

Es raro el comportamiento de la presidenta. Pidió que las diferencias no separen al país, defendió el conflicto como método y modo de vida donde no existe el “rosa”. Pidió trabajar juntos e incluir al otro. Apeló otra vez de “todos los sectores”. Y a los poco minutos habló de “trogloditas”, “cavernícolas”, de los que la quieren “desaparecer”, y tuvo gestos durísimos para con la oposición y también con los medios que no puede dominar.

La presidenta volvió ayer a un discurso público después de 43 días y lo hizo con un anuncio social importante y que demuestra algún reflejo para atender una franja de la población que hoy es carne de cañón del narcotráfico y del delito, aunque Cristina no mencionó estas palabras. Significaría reconocer un problema que es bien propio de la “década ganada”. Sí sugirió que el gobierno buscará atender a estos chicos -1,5 millones en todo el país- para que no se los lleven “otros”. ¿Esos otros quiénes son, sino los carteles y las bandas que operan en la Argentina? Los jóvenes de 18 a 24 años están afectados en un 18 % por el desempleo. Y los 600 pesos de subsidio serán contra prestaciones educativas bien certificadas, según prometió la presidenta.

El primer discurso de Cristina después de su ausencia pública más prolongada en diez años de kirchnerismo estuvo despojado de autocrítica. No hubo referencias a la inflación, al cepo, a las dificultades de la Economía. Tampoco habló de la crisis energética. Sí hubo apelaciones concretas de CFK a su manual “anti noventa”. Dijo que este plan “Progresar” es para los chicos que son “hijos” de aquella “destrucción” y del “neoliberalismo”.

La Cristina que volvió es la de siempre. Habló de la realidad del país como si no fuese ella misma la presidenta, criticando a la oposición y a los medios por “mentir”, el mismo día que su gobierno hizo la mayor devaluación en doce años llevando el dólar oficial a 7,14 pesos y empujando el paralelo a más de 12 pesos. Es la misma presidenta que el 6 de mayo del año pasado dijo “Por lo menos, mientras yo sea Presidenta los que pretendan ganar plata a costa de devaluaciones que tenga que pagar el pueblo van a tener que esperar otro gobierno”. Desde ese día la devaluación del peso fue del 38 %.

Después de su discurso en el que además se quejó de los que criticaron las estampillas de la “Década ganada” la presidenta les habló a los jóvenes de La Cámpora y de agrupaciones kirchneristas que cantaban contra Clarín y contra los “gorilas” en los patios de la Casa Rosada. Con ciertos mohines adolescentes y algún guiño de “rock star” la presidenta saludó a la militancia, admitió haber tenido dificultades de salud pero dijo que había quienes querían crear un “clima” de que ella “no podía más”. Es decir, las especulaciones no fueron por su silencio de 43 días en el medio de una crisis energética feroz, sino porque hay una conspiración permanente que quiere dar un golpe, imponer el neoliberalismo, atacar a los jóvenes, o barrer con su gobierno. Sí hay que reconocerle a CFK su compromiso con los jóvenes militantes que no sólo la siguen: la aman sin condiciones y ella devuelve ese amor con gestos, con palabras, y con roles centrales en el Estado y el gobierno. Y con recursos generosos.

Volvió Cristina. La de siempre. La que no conoce de autocrítica aunque su sector político lleva diez años al mando. La pregunta es cómo hará esta misma Cristina, la de siempre, para atender los problemas del país –especialmente los económicos- contra los que su gobierno parece no hallar la receta correcta.