Política De la impudicia al debate sobre la industria farmacéutica

¿Hay o no remedio para gente como Roemmers?

La impúdica celebración del heredero de Laboratorios Roemmers puede servir para muchas cosas, pero también para debatir el rol del sector.
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Gabriel Conte

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En 2013 un grupo de 100 destacados oncólogos de todo el mundo escribieron una carta abierta para disminuir el precio de los medicamentos contra el cáncer. Brian Druker, director del Instituto Knight y uno de los firmantes, pregunta: "Si ganás US$3.000 millones al año con (la droga para el cáncer) Gleevec, ¿no podrías ganar US$2.000 millones? ¿Cuándo se cruza la línea a las ganancias excesivas?".


Hay personas que son tan pobres, que lo único que tienen es dinero. De tal modo que se refugian bajo sus billetes, cual pobre entre los despojos en un basural urbano. Ambos pueden sentirse igual de contentos con la vida que llevan o igual de tristes, solo es cuestión de acomodar las cargas y encontrar los momentos para justificar su paso sobre la faz de la tierra, Unos y otros tienen herramientas distintas, pero su angustia puede ser la misma. El remedio para los pobres se basa en oportunidades, educación, trabajo y retribución. Pero, ¿hay o no remedio para gente como Alejandro Guillermo Roemmers? Se trata del heredero del imperio farmacéutico que le estampa su apellido a muchos de los medicamentos que mucha gente no puede boicotear, por bronca o por lo que sea, aunque quisiera,  por la sencilla razón de que les garantizan la supervivencia.

En Wikipedia se lo expone como "escritor, embajador de las letras" y hay una cándida historia que habla de un joven que pasó su adolescencia cultivando la poesía por el mundo.

Pero ahora es popularmente conocido por otra cosa. Cumplió años, 60 precisamente, y se sintió movido a celebrarlo con un festejo de dimensiones fastuosas. Tanto, que hasta la prensa acostumbrada a los lujos se sorprendió se su caso. No fue aquí, en su país, sino en la exótica Marruecos. Allí dispuso de cinco de sus mejores hoteles: le Royal Mansour, el Beldi Country Club, La Mamounia, el Palais Namaskar y el Ez Saadi.

Roemmers olvidó las esquirlas que tuvo que esquivar cuando apareció en los "Panama Papers", cuando una secretaria del estudio de finanzas Mossak Fonseca filtró su listado de clientes y sus cuentas no declaradas. Y se lanzó a imitar a la fiesta que siete años después de su nacimiento brindó el notable escritor Truman Capote en el Plaza Hotel de Nueva York, frente al Central Park. Por eso, el primero de los festejos, un día sábado, en el Palais Namaskar, todas las mujeres debían ir vestidas con túnicas blancas y los hombres con túnicas negras.

Los detalles ya son conocidos. El impacto de la noticia fue tan contundente que empalagó hasta los cultores del glamour extremo, aquellos que creen que la estética y el despilfarro son un "valor humano". Hasta desde la empresa salieron a operar sobre los medios para avisar que Alejandro solo pasa de vez en cuando por el directorio, y que no los representa.

Algo más que tuvo que corregirse con el paso de los días: los 6 millones de dólares de los que se habló inicialmente fueron recalculados. El empresario y poeta invitó a sus 600 festejantes con todos los gastos cubiertos. La nueva cifra de gastos se calculó en 11 millones de dólares, casi el doble. 

"Las organizaciones irradian lo que transmiten sus miembros", dijo el mismísimo Roemmers, citado para un seminario de negocios por la Universidad Austral, como presidente de su empresa. Fue hace 7 años. Resulta extraño que ahora casi no tenga relación, como quieren despegarse desde la firma. Está en un video:


Si Roemmers es feliz o no con su tremenda fiesta, le importará a él y a sus circunstancias. Lo que sí importa a mucha más gente es el precio de medicamentos sustanciales para sostenerse en pie, esa forma de porfiar que tienen hasta los que no tienen en donde caerse muertos.

El debate social y mediático se fue por todas las ramas posibles. De hecho, cada asistente quedó liberado a contar todo lo que quisiera (o pudiera) recordar de esos momentos, con fotos y videos, transformándolos en penosos embajadores de su propia lujuria.

Pero no hay poesía en mostrar cómo le sobra lo que a un 30 por ciento de la población argentina que está bajo la línea de pobreza le falta. Sería largo y remanido sacar la cuenta de todo lo que pudo hacerse con esos 6 u 11 millones de dólares que evidentemente representan una mínima parte de lo que puede dejarle como rédito una empresa farmacéutica a la que "a veces" concurre para ver como van las cosas. Pero sí abre un debate necesario, más allá de lo político.

Hace unos días, a raíz de estos hechos, el exgobernador de Mendoza, Arturo Lafalla metió en la misma bolsa las políticas del gobierno con el despilfarro insolente de Roemmers. Acudió a un discurso tradicional de la política de ideologizar la riqueza y la pobreza y de ponerle nombres propios. Solo faltó trazar los límites entre el "ellos" y el "nosotros" para diferenciarse aun más. 

Los lectores de MDZ valoraron su intención en los comentarios de su nota, pero a la vez le recordaron su paso por la gobernación. Entre frases dignas de una cloaca y opiniones pensadas, convivieron aquellas que recordaron que las cosas se hacen cuando hay que hacerlas, vale decir, cuando se está en el poder. Lo demás, suena a excusa.

Sin embargo, que un exgobernador, aparentemente alejado de la política partidaria, asome para llamar a la reflexión sobre un tema, como ciudadano que es, es un elemento a rescatar, sobre todo en una provincia en donde la mayoría de los que deben hacer y decir son cultores del método del avestruz: esconden la cabeza en lugar de jugar un partido -la vida en sociedad, la política, la economía- en la que hace falta que más gente gane y no solo un grupito.

Los debates pendientes del caso Roemmers son, en todo caso, muy interesantes para que los legisladores nacionales los incorporen a su agenda:

- El sistema de laboratorios y de provisión de remedios ¿es el mejor?, ¿es el ideal? ¿Cuál sería el más apropiado?

- ¿Cómo se aplica la legislación de remedios genéricos en la Argentina? 

- ¿Los médicos son totalmente honestos a la hora de recetar un medicamento? ¿Piensan en nuestro problema de salud o en las playas a las que los llevarán los laboratorios si recetan tal o cual marca?, ¿están con nosotros o soñando con ser Truman Capote en Marruecos?

A todas luces, quedan dos cosas en evidencia: que a la gente le sale carísimo medicarse (y a veces puede ser que lo haga movida a ello por sus médicos, no porque los necesite) y que hay al menos un empresario que se muestra impúdicamente gastando fortunas que hace gracias a que la gente consume sus productos.

Luego, quedan otras cuestiones por resolver: si todo lo que se gana se declara, si sus márgenes de ganancia son los adecuados, y un montón de cuestiones más que le toca al Estado controlar, empoderado y no "asociado" a quienes detentan un poder fáctico y no institucional.

El periodista británico Richard Anderson, de la BBC, que nadie puede acusar de medio "alternativo", publicó una reveladora investigación que indica que los laboratorios medicinales ganan más que los bancos. Y eso que los bancos ganan mucho. En él dio la receta del éxito en estos términos: 

"Imagine una industria que genera el margen de utilidad más alto y a la que no es extraño que multen por malas prácticas. Agregue acusaciones de colusión y sobreprecios e inevitablemente pensará en la industria bancaria. Pero la industria descrita es responsable del desarrollo de medicinas que salvan vidas y alivian el sufrimiento, no de la generación de ganancias. Las compañías farmacéuticas han desarrollado una amplia gama de medicinas conocidas por toda la humanidad, pero han lucrado enormemente al hacerlo y no siempre bajo parámetros legítimos".

BBC dio a conocer este gráfico comparativo en 2014:

¿Es el caso de Roemmers? No tendríamos por qué afirmarlo, ni siquiera por bronca o envidia. Pero la exposición del ricachón que escribe poemas y que mucha gente llegó a saber de él solo por sus fiestas en Marruecos da la oportunidad de pensar sobre el tema. A nosotros, como sociedad. Pero fundamentalmente al poder político, que no debe resignar el poder ciudadano en otras manos.

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