Política La crisis monetaria del país en la escena mundial

Hasta qué punto Brasil puede ayudar a la Argentina

En los últimos días, la prensa mundial está haciendo foco en las decisiones del gobierno de Cristina Fernández, en el que culpa a la crisis, en gran parte, a la inflación y al desorden en el gasto. La prensa brasilera, al igual que la estadounidense, también destaca los ciclos reiterados (y por eso, crónicos) de devaluaciones. En un artículo, sin embargo, se plantea si la principal potencia del Mercosur hoy está en condiciones de darle una mano al gobierno de Cristina.
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Hasta qué punto Brasil puede ayudar a la Argentina

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Hasta qué punto Brasil puede ayudar a la Argentina(Facebook CFK)

Hasta qué punto Brasil puede ayudar a la Argentina | Facebook CFK

Argentina es noticia en el mundo por las reiteradas crisis con devaluaciones que ha vivido a lo largo de los años. Como lo describió este lunes Wall Street Journal la situación es patológica porque se repite desde que prácticamente Argentina existe como nación y puso como ejemplos la devaluación del 33,2% en 1827, 34% en 1838, 65,5% en 1839, 95% en 1845, 40% en 1851, 116% en 1971; 1.346% entre 1981 y 1991. También crisis cambiaria en 1938, 1948, 1949, 1951, 1954, 1955, 1958, 1962, 1964 y 1967. Y el más conocido de todos, el de 2002.

La prensa brasilera también se está haciendo eco del presente argentino y entre varios artículos difundidos en los últimos días se destaca uno que aporta, al menos, una visión más constructiva que crítica, hecho por Vinicius Torres Freire, columnista del periódico Folha de Sao Paulo. El título es ¿Puede Brasil ayudar a la Argentina? Y coincide también con Wall Street Journal en destacar que aunque duela hace falta una verdadera devaluación.

Brasil tiene los medios para ayudar a la Argentina a atravesar la crisis.

"Atravesar la crisis" significa, por lo tanto, salir de ella. Para eso sería necesario que Brasil asumiera más o menos un papel semejante al del Fondo Monetario Internacional (FMI), con una actitud menos tonta y perversa.

Asumir el papel de FMI significa, de un modo u otro, exigir contrapartidas a ese auxilio. Con la finalidad de que el auxilio no sea una mera solución pasajera, la Argentina debería abandonar la política económica que causó esa crisis.  

Parece políticamente inviable por la resistencia argentina a condiciones impuestas por Brasil.

Pero los problemas también están de este lado de la frontera. Uno de ellos es que Brasil tendría que pedirle a la Argentina que tomara decisiones que el gobierno brasileño también está evitando tomar.

Brasil está mucho, muchísimo más lejos del descalabro argentino, pero, en esencia, en la "estructura" los problemas son similares: exceso de consumo, en especial del gobierno. Hay menos dólares para financiar nuestros excesos y tenemos inflación.

El gobierno argentino tiene déficit porque subió demasiado los subsidios que le da a la energía y al transporte público, principalmente, y por causa del reajuste de los salarios de los empleados. No tiene cómo financiar el déficit en el mercado internacional, al que no tiene acceso y enfrenta juicios debido al default de 2001-2002.

Tampoco financia su déficit en el mercado doméstico porque tendría que pagar intereses altos, lo que llevaría al país a la recesión (que, sin embargo, será más o menos inevitable).

El Banco Central de Argntina paga los excesos de los gastos del gobierno, lo que es combustible en el fuego de la inflación y un método primitivo de hacer política económica.  

El exceso de consumo y la desorganización de la actividad productiva causada por las intervenciones desastrosas del gobierno causan déficits externos (el país compra más que lo que vende en el exterior), lo que no puede financiar, a no ser por medio de una incierta y candente inversión directa: de ahí la escasez de dólares, grosso modo.

Brasil puede ayudar a la Argentina de un modo más organizado. A evitar una devaluación descontrolada del peso, pese a que la devaluación sea un requisito para que el país salga de la crisis (sus productos son caros porque la inflación está muy alta).

Pero para que la devaluación funcione, el gobierno argentino necesita contener la inflación, controlar los gastos, lo que implica reducir subsidios.

Todo eso tiene que realizarse de a poco, para no despellejar al pueblo, para evitar así provocar otro caos político. En fin, la Argentina necesita elevar sus intereses, ahora negativos (menores a la inflación). Allí no tiene sentido ahorrar.

Un programa de este tipo significaría la rendición del modelo político y económico de los últimos 12 años, que se agotó después de la crisis de 2008-2009.

En otro artículo publicado en O Globo -escrito desde Buenos Aires por Marcelo Falak, quien trabaja en Ámbito Financiero- explica que en los últimos 12 años, la historia económica de Argentina ha sido suficientemente traumática para que cualquier estornudo fuera interpretado externamente como una neumonía grave.