¿Hasta cuándo Mendoza va a seguir "raspando la olla"?

Celebramos que la Nación nos entregue recursos y también festejamos cuando nos salvamos de un impuesto. Vivimos de lo que nos dan y exprimimos al máximo las industrias que aún siguen manteniendo a duras penas a la provincia.
Avatar del

Edu Gajardo

1/2
¿Hasta cuándo Mendoza va a seguir "raspando la olla"?

¿Hasta cuándo Mendoza va a seguir "raspando la olla"?

¿Hasta cuándo Mendoza va a seguir "raspando la olla"?

¿Hasta cuándo Mendoza va a seguir "raspando la olla"?

Cuando arranque en el periodismo me encontré con un personaje que no sé cómo llegó a ser autoridad, pero que hasta el día me saca una sonrisa cuando lo recuerdo. Fue en la ciudad de Antofagasta, norte de Chile, y me dejó frases como "no quiero la ciudad sea como Brasil que está lleno de 'Falabellas'" o "no sé de dónde sale tanto algodón si todavía no veo ninguna oveja (durante un viaje a Asia)". Sin embargo, la frase que más recordé esta semana fue una que dijo cuando se le preguntó de dónde se iban a conseguir recursos para una obra. "Vamos a tener que raspar la olla", respondió.

El término en cuestión no es más que un indicador de lo que se hace cuando no hay otro lugar de donde conseguir recursos y se tiene que sacar hasta el último rastro de lo que se pueda comer y vivir de eso, porque no hay forma de llenar la olla otra vez. En términos parecidos, pero ya en Mendoza, y en referencia a la matriz productiva un funcionario me dijo que "por ahora tenemos para la polenta", pero también se lamentó porque no alcanza para la salsa y para pensar en otro menú.

Por eso esta semana y también la anterior, cuando se celebró que no se aplicara el impuesto al vino y también cuando se firmó el pacto fiscal. Eso no es otra cosa que "raspar la olla", porque estamos pendientes de lo que viene o sucede más allá de nuestras fronteras, pero adentro todo se mueve igual - o menos- que hace 20 años.

Después de celebrar que no haya impuesto al vino el tema quedó allí y la unión del arco político y social no pasó más allá. Entonces, no esperemos que se solucionen los graves problemas que tiene la industria más representativa. Es que no sirve de nada llenarnos la boca con que el vino es la bebida nacional cuando en la cadena productiva hay algunos que ganan mucho y otros que sufren en cada temporada por el granizo, por los bajos precios o decenas de otros factores que la hacen una industria deficitaria.

Esa misma unión debería reflejarse ahora en un profundo análisis y mejoras palpables para hacer que una industria fundamental funcione de mejor manera. No siempre se trata de exprimir lo que hay, también hay que trabajar para mejorar y crecer.

Cómo nos hacen falta los estadistas

Entonces, mientras nuestros representantes salen contentos de recibir recursos de la Nación me queda la sensación que nos estamos conformando con lo que podemos recibir o acordar por una cuestión de cercanía política. No veo que actúen como verdaderos estadistas que, más allá de lo justo o no de los juicios a los que se renuncia y el dinero que se recibe a cambio, apunten a desarrollar nuevos frentes que permitan mejorar la economía regional.

La industria no se recupera y las empresas locales miran hacia afuera para poder pensar en mantenerse o mejorar su situación. Las opciones de crecimiento son las mismas, con funcionarios que intentan buscar alternativas que ya sostienen a la provincia, como el petróleo, apuntando a licitar áreas recuperadas e intentando ponerlos en valor como una herramienta para ponerle "salsa a la polenta".

En la semana un ministro sanjuanino deslizó que en una reunión realizada en Buenos Aires Macri le reclamó a Mendoza revisar su posición sobre la minería, algo que desde Casa de Gobierno se apresuraron en desmentir. Sin embargo, más allá si lo que dijo el funcionario de la vecina provincia es real o no, claramente en la Nación no están contentos con el tema. Es que mientras Macri pide inversionistas para el sector, acá hay inversiones que pueden llegar hasta los 800 millones de dólares por una cuestión política.

No están cómodos asumiendo el costo político que puede significar modificar o aplicar algún decreto reglamentario a la Ley de Glaciares para atraer inversiones, mientras en un territorio aliado no asumen ningún costo y apuestan al status quo.

Menos celebración y más ideas

Con ese panorama, desde este rincón creo que hay que celebrar menos y apuntar a activar las ideas para que Mendoza tenga alternativas. Falta menos de un mes para que se cumplan dos años de la gestión actual y aún seguimos necesitando de lo prestado. Puede haber justificación, claro que sí, pero ya pasó el tiempo para echar culpas.

Personalmente, también espero escuchar menos funcionarios que a través de mensajes de Whatsapp le pidan a los beneficiados por una gestión que los recuerden a la hora de hablar con los medios, porque eso demuestra que apuntan al rédito político y no a una convicción de que hicieron lo correcto por el bien de la provincia.

Ojalá que cuando termine esta gestión me tapen la boca y alla muchos aspectos para celebrar, pedir votos y buenas declaraciones. Ojalá que haya opciones de desarrollo y no se tenga que seguir "raspando la olla".