Gobernar el Estado para poder gobernar Mendoza

Cornejo se sigue mostrando en lucha para poder gobernar al Estado, objetivo previo y básico para poder enfocarse en la instancia superior, que es la Provincia.
Avatar del

Gabriel Conte

1/2
Gobernar el Estado para poder gobernar Mendoza(Pachy Reynoso / MDZ)

Gobernar el Estado para poder gobernar Mendoza | Pachy Reynoso / MDZ

Gobernar el Estado para poder gobernar Mendoza(Pachy Reynoso / MDZ)

Gobernar el Estado para poder gobernar Mendoza | Pachy Reynoso / MDZ

El gobernador Alfredo Cornejo no se corrió ni un milímetro de la posición sobre la que apalanca su gestión: se sigue mostrando en lucha para poder gobernar al Estado, objetivo que exhibe como elemento previo y básico para poder enfocarse luego en la instancia superior, que es la Provincia. En su mensaje anual se autodefinió como un combatiente en acción. Solo con eso, obliga a quien lo escuche a optar por sumarse a su tropa o a ser parte de sus adversarios.

Si lo planteó así, es porque percibe bajo esas circunstancias la mayor cuota de respaldo. Pero además, encuentra allí una dosis formidable de sutileza que lo exime de echar culpas en forma directa por un lado, y de hacerse cargo de lo que todavía no funciona, por el otro.

Un Cornejo en "modo beligerante" es un gobernador montado en un caballo bravío que avanza en la conquista de un territorio que considera "enemigo", representado por un aparato estatal mañoso y viciado. Desde allí arriba, confía en que sus combatidos se retiren más por el agotamiento producto de su condición de pusilánimes, que por el avance concreto de las armas en su poder. Sigue prometiendo que, una vez rendidos, los reemplazará con un ejército que la sociedad construirá para definir el destino colectivo en forma práctica y enérgica. Según se entiende de sus palabras, otorga algo así como un inmenso protagonismo al "mea culpa" que le reclama a la política, para luego poder mirar a su alrededor.

En ese rol, el mandatario se desenvuelve con soltura y cosecha laureles. Tanto así, que se permite acusar a quienes no lo aplauden a su paso, como si se tratara de detractores o quintacolumnistas, dejándolos al descubierto. ¿Por qué pensaría moverse de un sitio en el que todavía aparece por encima de la medianía, si nadie parece empujarlo hacia definiciones más concretas sobre los tiempos que, así planteadas las cosas, podrían denominarse como "de posguerra" contra los enemigos que identifica en su camino?

Su "revolución de lo sencillo" lo muestra enfrascado en la pelea e invita a imitarlo. Lo que resta como objetivo es qué será lo que vendrá: si Mendoza será mejor solo porque los servicios del Estado funcionen efectiva y eficazmente, o si ese es solo el primer paso hacia un verdadero plan que involucre ya no solo pensar en el Estado, sino en todo lo que hay a su alrededor y que conforma toda una provincia.

Será sino hasta después de las elecciones en que se nos otorgue la posibilidad de pensar en nuevas formas de participación política. Hablar antes de reformas en la Constitución y hasta de prolongar el mandato de este gobernador o de los que vengan, es entendido desde el campo de batalla contra el estancamiento estatal como una distracción del objetivo central que, por ahora, parece ser lo único que envuelve a todo el Gobierno: batallar.