Evolución o involución: ¿Cómo sería un gobierno chavista de Mendoza?

El peronismo ha designado al frente de su "unidad" a un chavista que defiende el modelo de gobernar de Nicolás Maduro. ¿Es lo que se espera de un partido que apueste a ganar las elecciones, a mostrar mejores equipos que el actual gobierno o que pretenda ponerle límites a lo que considera como "gestos autoritarios" de Alfredo Cornejo? Guillermo Carmona terminó liderando al PJ tras una decena de derrotas. ¿Encabeza la recuparación y una agenda de futuro?

REDACCIÓN MDZ ONLINE

Evolución o involución: ¿Cómo sería un gobierno chavista de Mendoza?

El peronismo mendocino decidió entregarle la conducción del Partido Justicialista a un dirigente que se inscribe en la más rancia defensa del chavismo y su continuidad en Nicolás Maduro: el diputado nacional Guillermo Carmona. Kirchnerista él, lo secunda una cristinista (y ya es hora de que se haga la diferencia entre unos y otros) que fue impulsada por el sector de Anabel Fernández Sagasti, Unidad Ciudadana. Este último sector no comulga con su "medio hermano" Carmona en muchas cosas y, si es que alguna vez festejó al chavismo y su "Socialismo del Siglo XXI" (del que hasta el teólogo y filósofo del PT brasileño Frei Betto critica hoy), lo ha dejado de lado para abrir una agenda de futuro y, posiblemente, ponerse de cara a una sociedad que mira azorada el fallido venezolano que alguna obnubiló a muchos y que hoy solo tiene encandilados a pocos, como el caso de Carmona.

El chavismo no es un "Demonio", pero si un rotundo fracaso que, sin embargo, tiene quiénes lo defiendan. Por supuesto, nada de esto puede decirse libremente sin consecuencias en Venezuela.

Los intendentes del PJ -en muchos de cuyas administraciones han gestionado bien, aunque no en todas- cedieron. La necesidad de "unidad" amontonó a todos: a los que votaron en contra de la incorporación de nuevos derechos durante la gestión kirchnerista, como el marimonio igualitario, y a los que lo levantan como bandera; a aquellos que piden que se abra la discusión para reformar la ley 7722 que le pone un techo indefinido y zozo a la actividad minera y los que tajantemente se oponen, casi en forma dogmática. Hay muchas otras diferencias que los reune: pero allí radica el espíritu de la "unidad" al que han invocado sus médiums.

El asunto es que todo cierra hacia adentro del partido, pero hacia afuera, ¿le ofrecen a los mendocinos una agenda de futuro o una que lleva a vincular su conducción, equipos y proyectos a un fracaso político, económico, social y cultural como es el de la "revolución bolivariana".

El mensaje hacia la sociedad mendocina que está dando el PJ (y la marca que decidan adoptar para competir electoralmente) es de atraso. ¿Cómo sería un gobierno chavista de Mendoza? ¿Sería mejor o peor que las últimas dos gestiones que el justicialismo llevó adelante con esta misma gente en sus equipos, y Celso Jaque y Francisco Pérez al frente?

Pero hay algo más que los mendocinos tenemos derecho a preguntar: ¿Se alinea este PJ a la política de derechos humanos de Nicolás Maduro? ¿A su política alimentaria? ¿A su irrespeto por la Constitución? ¿Eliminaría de cuajo una Legislatura que no responda ciegamente a sus intereses para armar una claque paralela que le aplauda todas las ocurrencias?

Ninguna instancia del peronismo mendocino a lo largo de la historia reciente de la democracia se ha mirado antes en un espejo tan autoritario y complejo de comprender para el resto de la sociedad. Recordemos que han sido gobernadores de esa fuerza José Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli, Arturo Lafalla, Celso Jaque y Francisco Pérez. En los últimos casos pudo darse alguna obligación a admirar al bolivarianismo chavista por indicación de la Casa Rosada. Pero nunca -como lo ha venido sosteniendo el actual presidente del PJ- ha manifestado una admiración tan profunda por lo que puede llegar a creer como la matriz ideológica de lo que viene para Mendoza.

¿Es válida una unidad en torno a este modelo? Posiblemente para las intenciones de sobrevivir en el mapa político sí, pero difícilmente resulte para catapultarse al gobierno. Lo que ocurre es que es necesaria una oposición seria, vanguardista, con proyectos y no ocurrencias, con referencias democráticas y no autoritarias, para que el oficialismo no sea "mejor", a simple vista, porque lo que se le oponga resulte impresentable. Mejora al oficialismo una oposición con estatura y dignidad.

¿Habría que darle una oportunidad al chavismo en Mendoza?

¿Tiene el PJ mejores dirigentes para construir una agenda de futuro?

¿Qué piensa quien conduce a la principal fuerza de la oposición en Mendoza? Su línea de acción pasa por aquí, y tiene derecho a pensarlo, aunque también existe la posibilidad de criticarlo, por ahora, por sus preferencias políticas:

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