Escribe Pablo Lacoste: Peronismo 75 años

El historiador mendocino Pablo Lacoste analiza los 75 años de peronismo y su rol en la nueva democracia recuperada en 1983.
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Pablo Lacoste

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El peronismo se encamina a sancionar la ley de congelamiento de tarifas subsidiadas, justo cuando se acerca el 75 aniversario de su nacimiento. ¿Están conectados estos dos elementos? ¿Son casualidades? ¿O existe un lazo conceptual entre ambos?

Para algunos observadores, el eventual congelamiento del valor real de las tarifas de servicios públicos implicaría perpetuar los subsidios del Estado, el déficit fiscal y la inflación. ¿Tiene algo que ver el peronismo en sus 75 años de historia con esos conceptos?

A ello se suma la crisis de gobernabilidad y el deterioro de la calidad institucional de la Argentina. ¿Cuál fue el papel del peronismo en ello, en estos 75 años? En resumidas cuentas, mirar la historia del peronismo a la luz de los problemas de hoy, puede ser esclarecedor.

El 4 de junio de 1943 el entonces coronel Perón realizó el golpe de Estado y se convirtió en figura central del gobierno de facto emanado del mismo, ocupando los cargos de Vicepresidente, Ministro de Defensa y Secretario de Trabajo.

Perón tenía experiencia previa en estas lides. Había participado en el golpe de Estado de 1930, y fue premiado por ello, al ser nombrado como agregado militar en misiones en el extranjero, tanto en América Latina como en Europa. Por ende, al realizar el golpe de 1943, Perón conocía la conexión entre causa y efecto; entre la acción del golpe, y las ventajas que luego podía obtener del poder.

El gobierno de facto de 1943 hizo mejoras sociales importantes, como el Estatuto del Peón rural, entre otras. Ese es su mérito para la historia argentina. Pero junto con ellas, introdujo otros elementos de carácter regresivo, cuyas consecuencias se han mantenido vigentes hasta hoy.

El primer elemento fue el concepto sectario del poder. Para los críticos al gobierno la respuesta era la represión; aquel gobierno donde Perón era figura central, encarceló al entonces senador socialista Benito Marianetti, uno de los más brillantes intelectuales que ha dado Mendoza en su historia, junto a Angel Bustelo y otras personas de gran talento. Los tuvo como presos políticos largo tiempo, causando una seria advertencia a los pensadores independientes y críticos.

El gobierno de Perón también impulsó políticas fiscales expansivas, lo cual se tradujo pronto en déficit fiscal y alta inflación, lo cual marcó un hito histórico; un antes y un después.

En 1943 Argentina llevaba 50 años sin inflación. El peso moneda nacional (m/n) mantenía una correlación equilibrada con el dólar: en 1913 el dólar valía $2 m/n y en 1943, $3 m/m. Este equilibro se había logrado a fuerza de disciplina fiscal. La Argentina tenía moneda soberana. Para muchos economistas, esa era la principal salvaguarda de la independencia económica, la soberanía política y la justicia social en el país: una moneda sana, que permitía ahorrar y diseñar proyectos a largo plazo. Los más beneficiados eran las pymes, los jubilados y los trabajadores asalariados, porque su moneda tenía valor constante. Podían ahorrar y progresar.

En 1943, junto con el déficit fiscal, comenzó la inflación y ya nadie la puso parar. A partir de ese año, el valor de la moneda argentina se comenzó a depreciar velozmente. En 1954, para comprar un dólar se necesitaban $22 m/n. Este proceso se profundizó en el tiempo, hasta hoy.

En la década de 1990, se interrumpió aparentemente la inflación y la depreciación de la moneda, gracias a la ley de convertibilidad; pero fue solo maquillaje, porque el déficit fiscal siguió alto, y se compensó engañosamente con endeudamiento externo. Cuando los prestamistas externos perdieron la confianza, estalló la crisis del 2001. Y luego, volvieron los dos amigos inseparables: déficit fiscal e inflación. Hasta hoy.

La aplicación de esta dupla (déficit e inflación) durante 75 años tuvo fuertes efectos en la economía argentina. Nuestro país estaba en el 6° lugar del mundo en ingreso per capita en 1943. Hoy, 75 años más tarde, está en lugar 66°. Lo mismo ocurre con la pobreza: a pesar del discurso pro justicia social del peronismo, la situación ha empeorado. Antes del golpe del 43, Argentina era el país del futuro; millones de inmigrantes de todo el mundo pugnaban por venir a vivir aquí. Votaban con los pies. Venían porque tenían información fehaciente de sus familiares, amigos y vecinos, que en este país se podía prosperar; había gran movilidad social. Argentina próspera se distinguía del resto de América Latina, donde había mucha pobreza. La situación es muy diferente 75 años más tarde, cuando un tercio de la población argentina es pobre, casi igual que en el resto de América Latina.

La expansión del gasto fiscal ofreció al peronismo los medios para construir una formidable maquinara política. Sus competidores quedaron desorientados por su nueva forma de hacer política, basada en vulnerar todos los límites. La expulsión de senadores electos de la oposición, para formar el Bloque Unico de Senadores Peronistas, y encarcelamiento de legisladores de oposición de la Cámara de Diputados fue una práctica introducida por el peronismo. A ello se sumó la expulsión de los jueces de la Suprema Corte, para imponer en su lugar una corte adicta. Como justificativo, Perón alegó que los echaba por haber legalizado los golpes de Estado de 1930 y 1943, que él mismo protagonizó. ¿Cómo se puede evaluar esta forma de argumentación? ¿Hipocresía? ¿Cinismo?

En todo caso, el peronismo construyó una máquina de poder dispuesta a todo con tal de controlar el Estado. Con su discurso de identificación del peronismo como único representante del pueblo soberano, se cerraron todos los caminos a aceptar principios básicos de la democracia representativa y republicana, que establece la periodicidad de las funciones de gobierno y la alternancia en el poder. Las prácticas peronistas implicaban un concepto subyacente por el cual, ninguna fuerza no peronista tenía legitimidad para gobernar la Argentina; simplemente porque la soberanía radica en el pueblo y el pueblo es peronista.

Este corolario se aplicó en estos 75 años de historia: a lo largo de este tiempo, ningún gobierno no-peronista lograó cumplir su mandato constitucional. Todos fracasaron y se fueron antes de tiempo empujados directa o indirectamente, por factores de poder fáctico, alentados por la tradición peronista.

Por ejemplo: Perón, con su conducta de 1930 y 1943, demostró que los militares podían realizar golpes de Estado y luego, recoger los beneficios del poder. Muchos camaradas de armas, militares, se sintieron inspirados por el ejemplo de Perón, y realizaron los golpes de 1955, 62, 66 y 76. Además, el peronismo usó otras armas para desestabilizar gobiernos como los sindicatos. En 1961 el gobierno de Frondizi soportó una huelga ferroviaria de 63 dias ininterrumpidos; lo mismo sufrieron después Illia, Alfonsin, De la Rua, y ahora Macri. Fuerzas de choque peronistas para impedir la gobernabilidad. Las mismas que ahora cortan los servicios del subte de Buenos Aires, porque la tarifa se trata de subir del 30% del valor real, al 50% del valor real, manteniendo un subsidio del 50%.

Algo parecido ocurre también en el Congreso, donde los bloques peronistas utilizan sus espacios de poder para impedir la gobernabilidad. En el gobierno de Alfonsín, los senadores peronistas, en nombre de la "soberanía nacional" se opusieron cerrilmente a los acuerdos con la empresa sueca SAS para hacer de Aerolíneas Argentina una empresa mixta con aporte de capitales que la hicieran viable. Después, cuando tomaron el poder, esos mismos legisladores peronistas no dudaron en privatizar todas las empresas públicas. Se volvió a aplicar la ley del cinismo instalada por Perón cuando expulsó a los jueces de la Corte por avalar los golpes de Estado que dio él mismo.

Esos mismos legisladores peronistas ahora reivindican la ley de congelamiento del valor real de tarifas, en cifras muy inferiores al costo de los servicios. En Uruguay y en Chile, la gente vive normalmente su vida pagando el valor real de esas tarifas. El boleto de subte en Santiago es de $30 argentinos. Y las clases trabajadoras lo eligen todos los días, en vez de ir en micro que es más barato, por su mayor rapidez y mejor servicio. A cambio de ello, esos trabajadores tienen la tranquilidad que no hay inflación; que su dinero vale; y pueden comprar su casa con crédito hipotecario a 30 años con tasa del 3% anual.

Han pasado 75 años del surgimiento del peronismo como fuerza política hegemónica en la Argentina. Los resultados están a la vista. Es hora de hacer una profunda autocrítica y encontrar un camino de mayor equilibrio que pueda rescatar su positiva actitud por lo social, juntamente con mayor rigurosidad en el manejo de la economía, principalmente a partir del reconocimiento del equilibrio fiscal y la baja inflación como prerrequisitos indispensables para cualquier proyecto de desarrollo futuro.