En la justicia hay mucho más que una grieta

La politizacion de tribunales no se camufla. Se viene la elección del presidente de la Corte. Los tres "cachetazos" que le dolieron a Cornejo y las operaciones cruzadas.
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Pablo Icardi

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En la justicia hay mucho más que una grieta(Alf Ponce / MDZ)

En la justicia hay mucho más que una grieta | Alf Ponce / MDZ

En la justicia hay mucho más que una grieta

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En la justicia hay mucho más que una grieta

En la justicia hay mucho más que una grieta

En la justicia hay mucho más que una grieta(Alf Ponce / MDZ)

En la justicia hay mucho más que una grieta | Alf Ponce / MDZ

Hace pocos días desde Tribunales planteaban un debate, una provocación para pensar. ¿Cuál es la diferencia entre la condena mediática y la condena judicial? Aunque tengan naturalezas y responsabilidades muy distintas, ambos conceptos pueden contener un factor común. Los periodistas buscamos, en nuestra construcción de la noticia, acercarnos a una utopía; inalcanzable, pero anhelada. Es la utopía de la verdad. En Tribunales también van tras un objetivo utópico cuya búsqueda debería ser inclaudicable más allá de los fracasos asegurados: hacer justicia. Ambos conceptos deben tener una base imposible de omitir: la honestidad.

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Las internas y tensiones generadas dentro de Tribunales parece haber nublado ese objetivo. 

El fallo de la octava cámara del crimen que dejó libre a todos los acusados de la organización Tupac Amaru es un capítulo más en esa historia: errores en la investigación, influencia política y sesgo en la interpretación de los hechos. De uno y otro lado. En el medio quedó una sensación clara: más allá de lo que se resuelva, no se sabrá la verdad.

Si la búsqueda de justicia es una utopía; la independencia del poder judicial una quimera. Lo es desde la designación y sanción de funcionarios judiciales y también en la propia toma de decisiones internas. La politización de tribunales tomó tal grado que hasta la propia Corte lo oficializa: decidió postergar una decisión del jury para que no se "contamine" con el proceso electoral. Entonces habrá que entender que se sienten influidos en sus decisiones por la propia política o que año por medio no habrá que esperar que haya justicia en ese tribunal. Será por eso que demoran sentencias de trascendencia pública como con la legalidad o no del ítem aula. Después de todo no faltan antecedentes del "tiempismo" de la Corte: es el mismo tribunal que determinó que en Mendoza hubo dos legisladores y 6 concejales que habían asumido de manera ilegal. Pero lo hizo cuando ya habían culminado su mandato.

Es el poder

Aunque algunos lo bautizan como grieta, la trama es mucho más compleja y se da en un contexto electoral. En noviembre la Suprema Corte renueva las autoridades y hay dudas sobre quién será el presidente del máximo tribunal. Las disputas bloquean decisiones y desde adentro y afuera acusan problemas de gestión.

El Gobierno tiene ambiciones de influir, pero saben que tienen un alcance acotado. En la cabeza de Cornejo y sus asesores ronda una idea: "acompañar" al retiro al presidente actual de la Corte, Pedro Llorente, para que se abra una vacante y sumar un adherente más en la cúpula de tribunales. Es la misma estrategia usada con el Procurador Rodolfo González a quien "retiraron" con elogios para nombrar a Alejandro Gullé, el ejecutor de las principales reformas impulsadas por Cornejo. Sin embargo esa estrategia no es de tan corto plazo y el Gobierno seguirá con la idea de tener "minoría" en la Corte. Consideran inquebrantable el bloque de Palermo, Adaro y Gómez, a los que se suman aliados circunstanciales.

El mismo día de noviembre se renovarán las salas y allí sí Cornejo tendrá un guiño: asumirá José Valerio como presidente de la Sala 2, que atiende en materia penal. El principal objetivo de Cornejo con el nombramiento del ex camarista era que se contraponga a la figura de Palermo. Ahora tendrá un espacio de poder más tangible.

Los tres cachetazos

Tras el fallo de la Octava Cámara y casi como acto reflejo, el Gobierno salió al cruce: acusó influencia política y directamente atribuyó la decisión al grupo judicial filo K Justicia Legítima. Esa puja la corporizan en Omar Palermo, el juez más progresista de la Corte y marcado por Cornejo y sus asesores como el ideólogo de la mano blanda para "liberar presos".

Desde que asumió Cornejo hay una máxima no escrita: el Gobernador dispara con verbos, y desde Tribunales le responden con fallos que le duelen. O al revés: Cornejo responde con verbos tras sentencias que no le agradan. Y ocurren con dos temas centrales: la prisión preventiva y las causas donde hay sospechas de corrupción de funcionarios de la gestión anterior. En ese camino hubo tres hitos que están concatenados.

En diciembre del 2015, cuando Cornejo aún no se acomodaba en el sillón de San Martín la Suprema Corte le dio la razón al hábeas corpus presentado por organismos defensores de los derechos humanos para restringir las prisiones preventivas, acotar los tiempos y ponerle coto a las atribuciones de los fiscales para detener personas sin control de los jueces. Para Cornejo fue una cachetada. Una parte quedó remendada con la modificaicón del código procesal penal, pero la ratificación nacional de esa sentencia dejó una bomba de tiempo en el sistema: si no se agilizan los procesos el cuello de botella producido entre las detenciones y las demoras en el control jurisdiccional de los jueces podría estallar.

Las otras dos sentencias que golpearon al Gobierno tienen que ver con la figura de "asociación ilícita" que fueron configuradas por fiscales y derrumbadas por la Corte y la octava cámara del Crimen. Fue en los casos de Sergio Salgado y de la Tupac. En ambos casos los tribunales superiores acusaron a los fiscales de forzar las imputaciones para mantener detenidos a los acusados. Además de las declaraciones públicas, en la causa de la Tupac también aparecieron operaciones desde el oficialismo, como la distribución de fotos antiguas de Omar Palermo y Luis Correa Llano, con la intención de sugerir que hubo reuniones previas para "dictar el fallo de la Tupac". La respuesta de los allegados a los jueces de la cámara también fue política: recordaron que el abogado querellante en esa causa es Carlos Aguinaga, que es militante y funcionario del gobierno de Mauricio Macri.

Cornejo, el reformista

A pesar de esos traspiés, quienes analizan con la cabeza más fría la situación en el Cuarto Piso sacan un balance positivo. "No nos ha ido mal en la justicia", remaracan. Y comparan gestiones anteriores donde hubo crisis institucionales graves. De hecho Cornejo es el gobernador que más reformas ha implementado en el Poder Judicial, con cambios en todos los códigos de procedimientos incluidos. Ahora va por más y por eso buscará cambiar el semillero de los jueces. La idea formal es "darle chances a los abogados que tienen experiencia en litigios". El condimento político es "romper" la endogamia de la corporación judicial.

  Al propio Gullé fue quien blanqueó el abismo conceptual que parece haber entre fiscales y jueces y acusó a sus compañeros de edificio de vagos por no querer trabajar a la tarde. Luego hizo causa común con los fiscales de todo el país que viven una realidad similar. Mientras el Procurador acusa de falta de respuesta de la Corte y los jueces de garantías para gestionar mejor, los magistrados cuestionan las metodologías "livianas" para detener: "No le voy a poner la firma a cualquier cosa". Esa es la frase que repiten los jueces de garantías principalmente, que deben hacer el control jurisdiccional de las prisiones preventivas.  

Sin embargo el gobernador se queda aún con gusto a poco: su intención de fondo era, en materia penal, darle plena autonomía a los fiscales para ejecutar medidas y achicar el margen de maniobra de los jueces. Incluso hasta último momento pensó en reformar la constitución para buscar ese fin.