Empresarios de los cuadernos: ni diablos ni santos

"Recordemos que el juez Claudio Bonadio procesó a todos los empresarios como integrantes de una asociación ilícita, y calificó a indistintos procesados bajo las figuras delictivas de cohecho, dádivas, administración fraudulenta o incumplimiento de los deberes de funcionario público".

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Empresarios de los cuadernos: ni diablos ni santos

Empresarios de los cuadernos: ni diablos ni santos

Se avecina el fallo de la Cámara Federal de Apelaciones por el caso de los cuadernos, ante las diversas apelaciones interpuestas por funcionarios, comenzando por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y por los cuantiosos dueños o Ceos de las diversas empresas
involucradas.

Recordemos que el juez Claudio Bonadio procesó a todos los empresarios como integrantes de una asociación ilícita, y calificó a indistintos procesados bajo las figuras delictivas de cohecho, dádivas, administración fraudulenta o incumplimiento de los deberes de funcionario público.

El calificativo de integrantes de una asociación ilícita con funcionarios públicos nos pareció exagerada y errada para con algunos empresarios procesados.

Parece apropiada en el caso de Carlos Wagner ex presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, también para Ernesto Clarens el financista de los Kirchner e incluso también para Gerardo Ferreira de Electroingenieria. Surge errada para la mayoría de los empresarios y
sobretodo para los CEO que cayeron bajo esta figura.

No fueron diablos.Pero tampoco fueron santos.

Desde el extremo de Paolo Rocca de considerarse “ víctima” de un sistema en el que se vio forzado a entrar y permanecer para no perder su compañía Sidor en Venezuela, hasta los variados dueños de compañías “arrepentidos” que ahora alegan que estaban constreñidos obligatoriamente a entregar dinero al sistema recaudatorio K , para poder mantener a sus empresas y sus miles de empleados trabajando.

Techint está bajo severos procesos de investigación en Brasil e Italia y en Argentina también lo golpea el caso Odebrecht. No hay ninguna empresa que salvar del autoritarismo y la corrupción chavista/madurista que amerita delinquir.

Varios del resto de los empresarios aparecen en más de una causa penal. Retornos por transporte, concesiones viales, grandes obras de infraestructura  los involucran reiteradamente y en diversas obras.

Más de 70 años de intervencionismo estatal, populismo, militarismo, corrupción, institucionalidad débil, devaluaciones y severas crisis económicas alumbraron un sistema de negocios y un empresariado débil, equilibrista sin red de contención y prebendario.

Terreno muy difícil  para emprender , invertir y crecer con reglas claras, permanentes y que brindarán seguridad jurídica y estabilidad económica.

Ninguna de estas reales y graves dificultades, casi permanentes, habilitan a los empresarios a usarlas de justificativo para sus conductas ilícitas o de victimizarse. Cometieron delitos, hay que ajustar la figura penal, pero los delitos estuvieron.

No era fácil ni sencillo afrontar la realidad descripta. Una manera cierta podría haber sido, a través de las distintas Cámaras que los nuclean , tomar una decisión corporativa unánime o mayoritaria y evadir la situación de cohecho o dádiva. Y de última, en la soledad de su conciencia, negarse, pese a todas las presiones y desventuras, a incursionar en el camino delictual.

Doloroso individual y familiarmente , perjudicial para la economía real, pero cierto.

No fueron diablos, pero tampoco santos.

Deben afrontar su responsabilidad y hacer su mea culpa para seguir un mejor camino.

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