El trabalenguas judicial que se transforma en "trabacausas"

Los protagonistas del Poder Judicial se sienten condicionados por la precaridad. De allí que sostengan que no pueden atender todos los expedientes, aunque sean importantes.
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Gabriel Conte

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El trabalenguas judicial que se transforma en "trabacausas"(Alf Ponce / MDZ)

El trabalenguas judicial que se transforma en "trabacausas" | Alf Ponce / MDZ

El trabalenguas judicial que se transforma en "trabacausas"(Alf Ponce / MDZ)

El trabalenguas judicial que se transforma en "trabacausas" | Alf Ponce / MDZ

 Un "bucle" operativo impide en la justicia mendocina que los jueces y fiscales puedan darle tratamiento expeditivo a causas que no tengan detenidos. Ese es el argumento que gran parte de los magistrados antepone como escudo cuando se les reclama por la lentitud evidente en determinadas investigaciones. La respuesta es que los cambios producidos recientemente en la legislación provincial, que buscaban agilizar las causas y que menos personas sospechadas de delitos salieran de prisión, promoviendo las prisiones preventivas, los ocupa casi al cien por ciento. "No avanzan las causas que no tienen detenidos, ya que todo el tiempo hay que ocuparse de aquellas que tienen personas privadas de su libertad, por la premura que esos casos implican", es el argumento.

Ese bucle (para usar una figura simbólica), ese círculo que gira sobre sí mismo sin solución de continuidad, es el que les impide a los magistrados siquiera pensar en mirar hacia otros expedientes y sumar -si resultase necesario- detenidos a la larga lista, aunque esas detenciones resulten necesarias para evitar que se obstaculicen las investigaciones en marcha.

Por supuesto que ni la Procuración, ni la Corte, ni el Poder Ejecutivo lo admiten, ya que son los impulsores de la normativa que los magistrados sostienen que los tiene acorralados en interminables y vertiginosas audiencias y plazos demasiado perentorios. Esa es la respuesta que hay frente a casos que adquieren trascendencia en los medios, como las vinculadas a la corrupción o que tengan impacto político. Esa trascendencia, además, pone los pelos de punta de jueces y fiscales, porque los consideran casos iguales ante la ley. Lo que jueces y fiscales creen es que viven en medio de una precariedad que les impide trabajar y no están hablando de condiciones edilicias, sino de una construcción mucho más importante: la de los procedimientos penales.

Los abogados se enojan cuando los periodistas no hablamos en su idioma, plagado de párrafos textuales de códigos y artículos legales. Pero esa endogamia que los hace sentirse cómodos en sus ámbitos es lo que aleja al promedio de la sociedad de sus acciones y, por lo tanto, deja un saldo de descrédito en la Justicia que resulta peligroso por un lado e inconducente por otro.

En definitiva, para ponerles nombres y apellidos, si los políticos bajo investigación como Luis Lobos, Paco Pérez o Rubén Giacchi no están detenidos, no es solo porque no corresponda, sino porque tampoco hay probabilidad de que se los vaya a detener si antes no se desagotan las detenciones ya existentes. Parece un trabalenguas, pero es el resultado de un "trabacausas".