Política A cuatro años de su asunción

El plan "Disimulemos" del papa Francisco y sus piqueteros

El Papa moviliza o detiene. En las calles o en las iglesias sostiene un doble juego de poder por intermedio de dirigentes del peronismo.
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Gabriel Conte

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El plan "Disimulemos" del papa Francisco y sus piqueteros(cdn.urgente24.com)

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El plan "Disimulemos" del papa Francisco y sus piqueteros(Publicada por La Política Online)

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El plan "Disimulemos" del papa Francisco y sus piqueteros(i1.mendozapost.com)

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Rústicos, acostumbrados a la matriz del "amontono, reclamo, recibo, distribuyo, y viceversa, así todo el tiempo", los sectores del peronismo que actúan bajo la figura de "movimientos sociales" habían organizado una gran movilización de celebración de los cuatro años de papado de Francisco, que se cumplen el 13 de marzo, que incluía una crítica al gobierno de Mauricio Macri. Sin embargo, un aviso desde el Vaticano, los despabiló para ponerlos al tanto de que tal acción -aunque es agradecida desde Santa Marta- sería al menos "inoportuna".

Fuentes de la "Santa Sede" (tal el nombre oficial del estado Vaticano ante los organismos internacionales) subrayaron el término utilizado: "Inoportuno". Radica allí una formidable fuerza y mensaje y es que el pontífice argentino no es que esté en contra, sino que, en todo caso, prefiere disimular.

En la estructura del Vaticano está conchabado Juan Grabois bajo el rango de asesor del Papa. Abogado, católico y peronista, es uno de los múltiples nuevos amigos de Bergoglio que, entre otras cosas, activa, desactiva, multiplica o acota el rango de las movilizaciones "sociales" en el país. Es una especie de embajador político que deja al nuncio apostólico las tareas que corresponden a los asuntos místicos y estructurales de la Iglesia y se reserva para sí el poder de empujar o directamente decidir políticas con la cruz como estandarte, aunque sin usar sotana. Mientras la nunciatura dialoga con la Cancillería y sostiene las relaciones institucionales, Grabois, desde su cargo en el Consejo de Justicia y la Paz del Vaticano, condiciona la pacificación social a que el gobierno se cuadre a lo que piden las entidades que él controla desde Roma.

En un contexto como el cuarto cumpleaños de Bergoglio en el rol de Francisco, y de consiguiente transfiguración milagrosa de adversario del kirchnerismo en el pasado a ser su fuente de inspiración y escudero en el presente, el gobierno cedió al reclamo de los piqueteros del Papa. Apuró la reglamentación de la ley más populista que, probablemente, vaya a haber promovido el macrismo en su historia: la de Emergencia Social, que les destina 30 mil millones de pesos a lo largo de tres años.

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Quedará en el aire que la movilización que le daría protagonismo una vez más al reclamo por la pobreza la semana próxima se levantó porque el gobierno reglamentó la ley y aseguró el cumplimiento del reclamo de los piqueteros. Pero el trasfondo es otro. Tiene un todo que ver con la simbiosis adquirida por el eje Roma - Buenos Aires que tiene pocos objetivos celestiales y una dosis contundente de ambición de poder terrenal.

Para disimular, es probable que los dirigentes "sociales" hasta vayan a misa y, con el eso, se cierre un círculo perfecto que permite disimular un objetivo mayor: conseguir poder, se gane o se pierda elecciones, rijan o no los principios de la República y usando los métodos que se crean convenientes para esos fines. Una especie de teocracia mentirosa porque, se sabe, no hay ningún dios dictando estas estrategias, sino gente que -como hace siglos- le hace creer a mucha, muchísima otra gente a la que no quieren sacar de la pobreza, sino mantenerla justo allí, de que son su única posibilidad de salvación.

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