El placebo envenenado de la "sensación de justicia", populismo judicial

La alegría descontrolada por la detención de Boudou, mirada con cautela. La búsqueda de la justicia no es venganza ni revanchismo.
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Gabriel Conte

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El juez Lijo junto al papa Francisco y el legislador Gustavo Vera.(web)

El juez Lijo junto al papa Francisco y el legislador Gustavo Vera. | web

El placebo envenenado de la "sensación de justicia", populismo judicial(web)

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 Hemos asistido a una catarsis social que empacha de alegría a unos y que a otros los llena de preocupación: la detención a la vista de todo el mundo del ex vicepresidente Amado Boudou. Pero hay algunas cosas sobre las que hay que pensar y reflexionar, y que seguramente no les gustará escuchar a los que prefieren no pensar. Es muy probable que Amado Boudou esté realmente involucrado como responsable en las causas en la que se lo ha imputado. Pero a diferencia de lo que mucha gente cree, quiere creer, prefiere creer, desea creer, la justicia no se ha personificado al detenerlo y mostrarlo en vivo y en directo. No fue así porque no estaba prófugo, ni era intensamente buscado. Solo en esos casos puede decirse que corresponde la satisfacción de haberlo hallado y es así porque tenerlo a mano, al alcance del "largo brazo de la ley", permite que sea juzgado.

No es ese el caso de Boudou. 

Y si bien estamos hartos la corrupción y los corruptos, aunque tenemos una ansiedad de gestos en forma urgente, los hechos simbólicos no son los hechos definitivos; esto que pasó este viernes es impactante, pero no es justicia: es solo una puesta en escena.

Para que la justicia sea tal se requiere un juicio con acusaciones, pruebas y defensas. Sobre Boudou no sabemos si es inocente, pero tampoco sabemos si es culpable. Y una vez más el problema es el estado de la justicia. Porque el juez -una y otra vez tenemos que hablar de un juez- no es precisamente un ejemplo de algo que deba ser imitado y hasta está sospechado de administrar las causas no de acuerdo a los tiempos de la justicia sino a los que él fija, vaya uno a saber debido a qué intereses.

El peligro que nos deja exagerar el valor simbólico de la justicia televisada con el de la que realmente aplica el Código Penal, es que los jueces terminen teniendo un poder extra: el de administrar tiempos y televisaciones. Eso sería una especie de "justicia paralela" que hoy alegra a muchos que en otras circunstancias podrían entristecerse. 

Entonces, mejor la justicia real. Que no es esta. Todo populismo se sostiene básicamente en la seducción de un engaño que invita a ser creído, y aquí parece estar cumpliéndose ese requisito.

Muchos se sienten -por la repetición de la impactante imagen del ex vicepresidente siendo detenido en jogging y descalzo- saciados de justicia, repletos, completos, con solo haber visto eso por tv en vivo y en directo. Pero ese no es el juicio ni la condena. Eso todavía no llega. Al juez le recordaron en una solicitada que apurara las 28 causas que muchos creen que sus plazos se agotan en cajones. Y se apuró.

Hasta ahora, la justicia no está solucionando los problemas de corrupción de la Argentina sino los que tienen los jueces, sobre quienes hay una lupa. Hay una guerra dentro del Poder Judicial sobre la que no se filtra ni una sola imagen a la TV. 

Ante esto, da la idea de que en lugar de actuar, sobreactúan. Con todos los peligros institucionales que ello implica.