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El fracaso de todas las roscas

El rechazo a la reforma de la Constitución fue un golpe importante para el Gobierno, pero también para la nueva conducción del justicialismo, que la quería, pero bajo condiciones particulares que no logró imponer.
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Juan Carlos Albornoz

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El fracaso de todas las roscas

El fracaso de todas las roscas

El cónclave peronista que bajó la reforma constitucional.

El cónclave peronista que bajó la reforma constitucional.

El rechazo peronista a la reforma de la Constitución fue un golpe importante para el Gobierno, pero también para la nueva conducción del justicialismo, que la quería, pero bajo condiciones particulares que no logró imponer.

Parte del peronismo había aceptado abrir la negociación. Se notó eso incluso ayer, en la reunión amplia a la que convocó Omar Félix, quien desde fines del año pasado dirige sus destinos.

Félix había sondeado en las últimas semanas (por lo menos, desde la Fiesta de la Vendimia) una vía intermedia para darle vida a la reforma. Pero era una maniobra electoralmente compleja, que ni siquiera terminaba de convencer al radicalismo.

Ayer practicó un último intento. Hizo circular un documento provisorio en el que proponía la enmienda del artículo 221 de la Constitución con el objetivo de eliminar la obligatoriedad de hacer la consulta popular para la reforma en forma conjunta con "la próxima elección de diputados".

"Sólo cuando esta enmienda sea aprobada, se podrán considerar los proyectos de modificación propuestos por las distintas fuerzas políticas", decía el documento, que agregaba: "Esta enmienda permitirá que los mendocinos podamos abocarnos al estudio de las posibles reformas en un escenario desvinculado de los intereses partidarios".

Pero el plenario peronista hundió la propuesta en menos de una hora de discusión. La mayoría rechazó esta opción, porque consideraba que sólo abría las puertas a que Alfredo Cornejo consiguiera la reelección el año que viene.

Distinta era la mirada de los hermanos Félix. Con la enmienda, la reelección dejaba de ser un tema electoral y el líder peronista alejaba el peligro de que el PJ se quebrara entre los que están de acuerdo y los que no.

La propia reelección no era ni siquiera mencionada en esa carta. La sugería con eufemismos tales como "las realidades partidarias circunstanciales". Quedaba depositada en un limbo e iba a ser un tema para discutir después de los comicios de este año.

Puede pensarse que el plan de Félix propiciaba la reelección de Cornejo. Pero también puede creerse que, con este formato, la conducción del partido le daba un camino posible a la reforma constitucional, que siempre ha sido un objetivo para el PJ.

El radicalismo nunca le dio aval a esta idea, porque en 2009 ya fue rechazado el intento de modificar el reglamento que impone la propia Constitución para su reforma.

Y las autoridades del PJ probablemente equivocaron el camino para convencer a los propios. En un escenario de divisiones, trataron de imponer el sí a la reforma a través de una convocatoria sorpresiva, que más de un peronista interpretó como una maniobra a favor del gobernador.

"Nos quiso agarrar con la guardia baja", bramó un peronista de esa línea. La reacción con la que se encontró anoche obligó a Félix a renunciar a su idea y respetar la organicidad partidaria.

Todas las roscas fracasaron, al final, y dejaron otra vez a la vista la ineptitud de la dirigencia política para impulsar cambios de fondo.