Política El triunfo electoral

El desafío de ser cada vez más poderoso

La gente votó por darle a Alfredo Cornejo más poder del que ya tenía. Las claves para entender por qué no puede dejar pasar la oportunidad de mejorar su gobierno, así como tampoco cometer los mismos errores que, hace diez años, hicieron que el radicalismo perdiera el poder.
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Marcelo Arce

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El desafío de ser cada vez más poderoso(Prensa Gobernacion)

El desafío de ser cada vez más poderoso | Prensa Gobernacion

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Si por él fuera, en el año 2020 se tomaría seis meses sabáticos. Y en tren de deseos, el verdadero objetivo sería estar al menos un año alejado de la política a partir de que tenga que dejar el poder. Pero hoy, a escasos dos años de poder cumplir esa fantasía, la verdad es que Alfredo Cornejo no está haciendo nada para cumplir ese sueño. Con el triunfo del oficialismo, el gobernador rompió un par de moldes el domingo pasado que se habían formado en elecciones de medio término anteriores. Pero fundamentalmente revirtió la tendencia de que en Mendoza, durante la segunda mitad de mandato, lo que le espera a los dueños del sillón de San Martín es solo una lenta agonía. Cornejo consiguió lo que ni Celso Jaque ni Francisco Pérez a su turno: revalidar su gestión de gobierno y que la gente, lejos de controlarlo o reclamarle cambios de rumbo, le otorgue más poder. ¿Qué hará con toda esa acumulación?, es una de las incógnitas políticas para los próximos años. Aunque algunas cuestiones se pueden ir avizorando. Cornejo sabe que, más allá de lo que se pregonó en la campaña, su gobierno estos últimos 22 meses se ocupó de ajustar el tremendo desbarajuste en el que encontró el funcionamiento del Estado. Y que no se avanzó, salvo en el combate contra el funcionamiento de la Justicia, en intentos de cambios profundos.

Así se vio en seguridad. Las nuevas leyes y las medidas tomadas al respecto, sirvieron para sacar de las calles a varios centenares de delincuentes que hoy están presos aún a costa del colapso del sistema carcelario. Esto le permite al Gobierno mostrar algunos índices alentadores, pero el problema de fondo sigue estando allí.

En educación sucede algo similar. El ítem aula consiguió que los maestros estén presentes al frente del aula, lo que no es poco para comenzar a mejorar. Pero nadie puede sostener que aquí hubo una verdadera reforma en la materia. Algo revolucionario se hizo (si se compara con gestiones anteriores) y se nota que ese camino no se abandonará hasta el final: el prolijo manejo de las cuentas públicas. El proyecto de Presupuesto 2018 es probablemente un ejemplo. La provincia seguirá siendo deficitaria el año que viene en unos $6.000 millones y se necesitará otra vez toma de deuda. Sin embargo el ministerio de Hacienda asegura que el total del nuevo endeudamiento, cerca de $2.000 millones, se destinará con exclusividad a proyectos de inversión. Después de varios años, dejará de utilizarse la deuda para cubrir gastos corrientes. Algunos datos negativos se lograron revertir en la proyección del año que viene. La inversión en obra pública está recuperando los mismos niveles de hace diez años, es decir, que se volcará para ese fin el 10% del Presupuesto. Entre 2011 y 2017, el promedio fue del 7% y llegó, en el final del gobierno de Pérez, a estar en el 5%. Esto mejora a posición de Mendoza con respecto al gobierno nacional, entre otros aspectos, porque le da un margen de independencia mayor para el financiamiento de obras.

Pero hay una distinción que hacer con respecto a Mauricio Macri. Mañana el presidente anunciará un profundo plan de reformas, que según el Gobierno, serán el pilar del país del futuro.

No hay que esperar lo mismo acá. Las reformas importantes del gobierno provincial ya han sido presentadas y, en muchos casos, aprobadas en la Legislatura. La provincia del futuro, es la que hay.

Cornejo sí está decidido en ampliar la matriz productiva apostando a los proyectos de inversión en energía renovables, pero falló hasta aquí en uno de los grandes desafíos de gestión. No ha podido encontrar cómo solucionar el transporte público de pasajeros. El gobernador sacó pecho en 2015 cuando le pidió a Pérez que frenara un nuevo proceso de licitación porque él sabía cómo encararlo. Pasaron casi dos años y todo sigue igual. Para el año próximo, la provincia destinará $700 millones para subsidiar el sistema de transporte sin que todavía haya un solo pliego redactado para saber cómo seguirán, si es que seguirán, las actuales concesiones. Un fenómeno raro: Cornejo es un gobernador poderoso, aunque con fecha de vencimiento y su futuro político no depende tanto de él. Esa situación lo incomoda, claramente. Quizás más por deseo de su entorno en Mendoza de que lo que marca la intención presidencial, podría ser candidato a vicepresidente de una eventual nueva postulación de Macri en 2019. El gobernador tiene un problema. Hace más de una década que no da cuentas a nadie de sus acciones políticas. Cuesta imaginárselo como ministro de un gabinete.

Lo que sí está claro, es que todo el poder que tenga lo utilizará para elegir a su delfín.

Cornejo no quiere repetir los mismos errores que Julio Cobos en 2005 cuando, después de ganar las legislativas, utilizó todo su capital político para proyectarse a nivel nacional y para librar una guerra de guerrilas en el radicalismo mendocino que lo llevó primero a la fractura interna. Y tiempo después a una derrota electoral que lo dejó fuera de carrera durante ocho años.

En ese sentido encarará, tal como le prometió a los suyos un camino distinto esta vez. Sin proyecciones personales desmesuradas y concentrándose en su Gobierno.

Cornejo fue uno de los generales en uno de esos bandos, en esa pelea interna entre cobistas e iglesistas, que todo lo que provocó fue el comienzo de la degradación de la provincia. Y el comando de operaciones de aquella pelea, fue armado en el mismo despacho que ocupa hoy. La lección de lo que ocurrió, debería ser aprendida.