El Gobierno repitió la fórmula de Pérez: el "autocontrol"

El Gobernador propuso a una funcionaria de su máxima confianza para el Tribunal de Cuentas.
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Pablo Icardi

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El Gobierno repitió la fórmula de Pérez: el "autocontrol"(Pachy Reynoso/MDZ)

El Gobierno repitió la fórmula de Pérez: el "autocontrol" | Pachy Reynoso/MDZ

El Gobierno repitió la fórmula de Pérez: el "autocontrol"(Pachy Reynoso/MDZ)

El Gobierno repitió la fórmula de Pérez: el "autocontrol" | Pachy Reynoso/MDZ

 No resistieron la tentación. Aunque hace un par de años cuestionaban duramente a Francisco Pérez por nombrar "amigos" en organismos extrapoder, la gestión actual repitió la fórmula: el autocontrol.

La propuesta de Liliana Lázaro como vocal del Tribunal de Cuentas es más una señal política que un gesto de búsqueda de transparencia. Es que se trata de una funcionaria de máxima confianza del Gobernador: en Casa de Gobierno aseguran que Lázaro es "los ojos de Cornejo" en Salud. Incluso con más llegada que los ministros (Giacchi en su momento y Najul ahora). 

Si pasa el filtro, la contadora deberá inhibirse de firmar varios fallos del organismo. Por un lado porque está a cargo de las cuentas del Ministerio de Salud. En esa cartera controla las compras centralizadas que se hacen y la ejecución de la emergencia sanitaria. Tampoco podrá controlar de manera imparcial al Ministerio de Seguridad, pues su hijo, Diego, es el encargado de Administración de esa repartición. Otra coincidencia: Seguridad también está bajo el paraguas de la emergencia, cuestión que permite comprar por montos altos sin llamar a licitación y exceptuando algunos controles.

Cornejo durará 4 años en el cargo, pero las consecuencias de sus decisiones, como ocurre con todos los gobernadores, perduran mucho más. Lázaro tendrá un cargo vitalicio y podrá controlar o custodiar las decisiones de su actual jefe.

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Las últimas designaciones realizadas en el Tribunal de Cuentas tuvieron el mismo perfil: personas de máxima confianza de quienes deben ser controladas. Ocurrió con Ricardo Petignano y, sobre todo, Héctor Caputo en la gestión de Pérez, y ahora con Lázaro con Cornejo. Las consecuencias no son personales sino institucionales: el descrédito de uno de los pocos organismos de control que tiene Mendoza.