Cuevas, pozos y dólares con hongos: un signo de los tiempos

En la Argentina está pasando algo que alimenta el mito urbano (hasta que la Justicia defina lo contrario) de los escondites masivos de billetes.
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Gabriel Conte

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Cuevas, pozos y dólares con hongos: un signo de los tiempos

 Una cueva es un cavidad producida por la erosión del agua, el hielo o la lava. O  -en Argentina- es un lugar de reputación cambiante (según quien se refugie en ella) en donde se trocan cheques por dinero a cambio de una comisión y sin pasar por el sistema financiero formal. Pero indefectiblemente, la una remite a la otra. 

Tanto es así que la preocupación que hay en la City porteña -un lugar que podría metaforizarse como una ciudad encima de un verdadero queso Gruyere de cavidades de manejo de dinero sin que pase por el sistema formal- es la aparición de un hongo en una punta de los dólares que se empiezan a vender depreciados hasta en un 30% por esa razón.

Pero no es por circular por cuevas húmedas y subterráneas. Al menos, no por las literales. Y muchos se preguntan en dónde es que estuvieron guardados, bajo qué presiones físicas o con qué descuidos apresurados como para llegar a pudrirse.

En este país, el mito urbano habla de dólares enterrados en la Patagonia, a lo Breaking Bad. O sostenidos en tanques de agua o cisternas, sino en estructuras esculturales junto a piscinas en countries o, directamente, bajo el jardín. O debajo del colchón.

Todas, parecen muy buenas razones para que los dólares circulen con hongos y, solo por ello, su valor se resienta hasta en casi un tercio. Pero indica algo más: que fueron desenterrados, que si los buscan, no serán hallados. Bah, que si los buscan en donde estaban no los hallarán porque si se les pudiera hacer un trackeo ahora y allí, en donde están a la venta con tan pretencioso champiñón como marca particular, tal vez podrían dar con su origen real.

Se desconoce la proporción exacta de los ingredientes necesarios para hacer un dólar. Como si fuese la fórmula de la Coca - Cola, es parte del capital intangible del Tesoro de los Estados Unidos. Sí se conoce que el papel fiduciario utilizado como soporte está compuesto por un 25% de lino y un 75% de algodón, y que las tintas negras y verdes usadas para darles la imagen mundialmente famosa se "estampan" sobre el papel con una presión de cuatro toneladas por centímetro cuadrado, de forma que penetren hasta la médula del billete. Entonces, la humedad afectará siempre tanto el papel como la tinta. 

Tal vez nada de esto fue gugleado por los que se apuraron en esconderlo y ahora tienen un apuro en sentido inverso en desparramarlos por el mercado. Pero debieron conocer que, más allá de verificar las condiciones de humedad, en estos casos les convenía revisar mucho más sobre el sitio elegido como resguardo.

Por supuesto, ya hay remedio para todo. Y no hablamos de la Justicia, sino de Youtube, como lo indica este video uruguayo: