Cornejo y su hiperrealismo depresivo

El Gobernador construyó su discurso desde el pesimismo y la baja autoestima colectiva. Ahora tiene la posibilidad de cambiar y marcar un horizonte. Los datos de su propia herencia.
Avatar del

Pablo Icardi

1/2
Cornejo y su hiperrealismo depresivo(Pachy Reynoso/MDZ)

Cornejo y su hiperrealismo depresivo | Pachy Reynoso/MDZ

Cornejo y su hiperrealismo depresivo(Pachy Reynoso/MDZ)

Cornejo y su hiperrealismo depresivo | Pachy Reynoso/MDZ

Podría hasta dar vergüenza. Pero es así institucionalmente: mañana, con casi un semestre andado, arranca el "año político" en Mendoza. El Gobernador abre las sesiones ordinarias de la Legislatura, brinda su discurso anual con balance y objetivos, y los legisladores ahora sí pueden presentar proyectos de ley para que sean discutidos en el recinto. Ese esquema atrasa tanto que da pudor. Sin embargo en la "realidad" ya pasó casi medio año y lo que hará Alfredo Cornejo mañana será poner el acento el alguno de los temas ya instalados. Hasta el 1 de mayo el Ejecutivo tiene el monopolio del debate en la "casa de las leyes", pero, visto lo que ocurrió en el período anterior, tampoco va a cambiar demasiado: Cornejo mantiene la hegemonía en la agenda política y esa impronta intentará mantenerla.

Claro que el Gobernador tiene una oportunidad. En realidad una obligación. Dar un paso adelante en la construcción de su discurso y de su proyecto político. Hasta ahora Cornejo ha potenciado las limitaciones de la provincia, más que sus virtudes. Su discurso está construido desde el desánimo y así lo mantuvo no desde que asumió; sino un año antes. Durante la campaña y también en la extensa transición que hubo.

Como contraste a los discursos grandilocuentes, el relato cornejista es "hiperrealista depresivo"; suma tirando la autoestima colectiva por el piso; mucho diagnóstico del mal. No hizo anuncios ni promesas; puso la vara "baja" y objetivos mundanos.

Él mismo reconoce que por su impronta y sus objetivos es un gobernador "poco sexy". Cornejo también tiene bastante austeridad en su estética discursiva: lee de manera torpe y cuando improvisa tropieza con una "virtud" que lo limita: da la sensación que mientras elabora una frase piensa tanto lo dice y las repercusiones que sus dichos pierden fluidez. Pero para no ser duros con el Gobernador, lo que importa es lo que dice más que el cómo. Mañana tendrá su primer discurso en el que deberá hacer mención a una herencia propia, tras casi un año y medio en el Gobierno, más de un tercio del mandato.

Es la política

Seguramente habrá en el discurso la mención a algunos temas estratégicos: reforma del código procesal civil, plan de ordenamiento territorial y agudización de la reforma en el ámbito penal de la justicia. Cornejo está tentado de mencionar algunas cifras relacionadas con los delitos que podrían sonar positivas. Pero sabe que es un tópico sensible y de doble filo. Si bien está encima de todos los temas, en seguridad es distinto: Cornejo ejerce como ministro.

La estrategia política atraviesa cualquier decisión y por eso Cornejo mandó un globo de ensayo a través de los intendentes amigos: intentar promulgar la enmienda de la Constitución que limitaba la reelección de los intendentes, votada durante la gestión de Celso Jaque. Al asumir el tema estaba en carpeta pero la mayoría consideraba que había pasado mucho tiempo. El oficialismo intenta con ello una maniobra múltiple: presionar a los jefes comunales del PJ que se retobaron contra la Reforma de la Constitución, retomar la iniciativa con el tema (para insistir con la reelección del Gobernador) y ganar agenda. Si avanzan podrían forzar que la Corte reinterprete cuál es la mayoría de votos que se necesita para avalar la reforma. Desde el máximo tribunal aclaran por las dudas para ponerle coto a la ambición del radicalismo: la ciudadanía ya bochó un intento de reforma del artículo 221 de la Constitución, justamente el que exige la mitad más uno de los electores. La interpretación que hacen algunos mnistros es que la gente votó para que no se cambie el criterio histórico de ese artículo. Y ese argumento podría tirar abajo el intento oficialista, si el tema llega a la justicia.Del otro lado suman encuestas de opinión en las que, aseguran, hay un amplio respaldo a la idea reformista. 

Logros, herencias y autoestima baja como estrategia

A Cornejo le encantaría decir que Mendoza está mejor que cuando él asumió, algo que probablemente la mayoría sienta, porque también la mayoría de los indicadores estuvieron en rojo durante todo este tiempo. Durante el primer año de gestión Cornejo tuvo más éxitos políticos que de gestión. Hubo mucho más trabajo "sucio" que inauguraciones. Fue, por ejemplo, el año en que menos cantidad de vivienda se entregó en la historia. Pero logró sanearse una deuda que parecía imposible sin que mediara una explosión y la obra pública hoy retomó un buen ritmo. Logró sanear las cuentas públicas, en base a un fuerte endeudamiento cuyo mecanismo de pago o renegociación será parte de la herencia que dejará.

Si se toman variables económicas y sociales, el diagnóstico que pueda plantearse en la Legislatura mañana podría ser catastrófico para el Gobierno si no se contextualiza. La economía local cayó 4%, casi el doble que a nivel nacional. El empleo se mantuvo bajo, pero con tensiones y la pobreza supera también la media nacional: más del 33% de los mendocinos vive en la pobreza porque no les alcanza el sueldo. El primer dato está fuertemente ligado a le realidad nacional. El segundo no es un resultado que tenga a Cornejo como responsable exclusivo en la Provincia. Sí puede mostrarse, también como resultado de un trabajo de décadas, la baja de la mortalidad infantil como un logro. Quizá la excepción que confirma la regla de que Mendoza está mal en todo. Perdón, casi todo.

Como dijimos el discurso hiperrealista depresivo de Cornejo sirvió. Pero necesariamente tiene que haber una evolución. Para él el desafío es que deje de ser un buen gobernador por carencias ajenas. No hablamos de bombas de humo ni de volver al realismo mágico con promesas insólitas. Pero al menos sí, sembrar un horizonte.