Cornejo repitió su "fórmula del éxito"

En 2013, Alfredo Cornejo comenzó a consolidar su poder político haciéndose de los hilos de la Legislatura provincial. Ahora, volvió a colocar leales en las listas para conservarlo aún cuando deje la gobernación.
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Mariano Bustos

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Cornejo repitió su "fórmula del éxito"(Pachy Reynoso / MDZ)

Cornejo repitió su "fórmula del éxito" | Pachy Reynoso / MDZ

Cornejo repitió su "fórmula del éxito"(Pachy Reynoso / MDZ)

Cornejo repitió su "fórmula del éxito" | Pachy Reynoso / MDZ

Hoy en día, muchos legisladores de la oposición se quejan de que la Legislatura provincial parece "una escribanía de Cornejo". Si bien lo dicen porque el oficialismo tiene mayoría suficiente como para imponer sus proyectos, detrás de esta acusación existen argumentos que ratifican la incuestionable influencia del gobernador en la Casa de las Leyes. Y esto no es casual, sino que forma parte de una estrategia nacida hace años y gracias a la cual Alfredo Cornejo llegó a la gobernación.

Como opositor, el ex intendente de Godoy Cruz supo ser paciente y apostó a largo plazo. Cuando los referentes del radicalismo se sacaban los ojos por la gobernación, en 2011 Cornejo dio un paso al costado a cambio de poner gente propia en las listas de legisladores. Lo mismo ocurrió en 2013, mientras Julio Cobos arrasaba en las urnas en las elecciones legislativas, el actual gobernador volvía a apostar a ocupar las bancas de ambas cámaras con personas de su entorno. Sobre todo en Diputados.

Así fue como llegaron, entre otros, Néstor Majul, Martín Kerchner y Tadeo García Zalazar. Poco a poco, estos tres ex funcionarios cornejistas de Godoy Cruz comenzaron a tomar protagonismo en la Legislatura, convirtiéndose en un dolor de cabeza para el ex gobernador Francisco Pérez. La historia ya la conocemos: le negaron endeudamiento, no le aprobaron el presupuesto provincial y desde el Poder Legislativo denunciaron muchas de las irregularidades que hoy se investigan de la gestión anterior.

Hoy, muchos de estos alfiles cornejistas ostentan altos cargos en el Ejecutivo, como el ministro de Economía, Infraestructura y Energía, Martín Kerchner, o el Subsecretario de Seguridad Nestor Májul. A García Zalazar se lo premió como elegido para suceder a Cornejo en la intendencia de Godoy Cruz y a otros leales les asignaron algunos cargos de menor jerarquía. Eso sí, todos fueron recompensados.

Aunque ahora la situación es otra, el gobernador volvió a trazar la misma estrategia. Si se mira en detalle la lista de diputados nacionales de Cambiemos, ninguno de los candidatos pertenece al riñón de Cornejo. Quizá la más cercana sea su ministra de Salud, Claudia Najul, pero esta proviene en realidad del entorno del sanrafaelino Ernesto Sanz e inclusive fue este último uno de los que exteriorizó su deseo de que Najul llegara al Congreso. Algo similar ocurre con Luis Petri, mimado de la Casa Rosada y pedido por el entorno del presidente, o el joven Federico Zamarbide, el cual responde a la vicegobernadora Laura Montero. Ni hablar de Marcela Gazali -mujer del PRO- y Gustavo Gutiérrez, protegido de Lilita Carrió.

Si bien todos esos nombres fueron aprobados por el mandatario mendocino, no fue allí donde se jugó sus fichas. Una vez más, Cornejo eligió priorizar el ámbito local para garantizarse así no solo el control de la bancada oficialista hasta el final de su mandato, sino a conservar poder real en la provincia una vez que deje la gobernación.

Por eso, la mayoría de las nóminas de legisladores provinciales son encabezadas o están integradas por personas de estricta confianza del Ejecutivo. Un ejemplo de ello es su secretario privado Diego Costarelli, cabeza de lista a senador en el tercer distrito electoral.

Casualmente -o no tanto tal vez- los pocos legisladores radicales que en algún momento se plantaron frente a Cornejo no renovarán sus bancas. Entre ellos Julia "Mumi" Ortega, Raúl Ferrer y Gustavo Soto.

A esta vieja táctica sumó una variante innovadora. Al dejar que los intendentes influyan en el armado, no solo se gana su confianza sino que divide lealtades y evita que se forme un contrapoder dentro del oficialismo.

Sin la posibilidad de ser reelecto, es usual que el poder de los gobernantes se vaya mermando a medida de que se acerca el fin del mandato. Da la impresión de que Cornejo no está dispuesto a ver que esto le ocurra y ya empezó a pensar en sus últimos dos años de gobierno.