Cornejo: el orden es el modelo

Cornejo hizo una autoevaluación positiva y sin autocrítica. Sus carencias como "valor positivo" y la humilde revolución cornejista.
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Pablo Icardi

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Cornejo: el orden es el modelo(Alf Ponce / MDZ)

Cornejo: el orden es el modelo | Alf Ponce / MDZ

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Repite, redunda y reafirma: el "orden" es el modelo. El eje del discurso y casi la obsesión de Alfredo Cornejo tiene que ver con ese plano. Orden fiscal, orden administrativo, orden en las escuelas, en la policía, en las calles. 

"Mendoza ha necesitado durante estos casi 17 meses que llevamos al frente del gobierno de la Provincia, y seguirá necesitando en los próximos tiempos, de un claro y firme sentido de orden. Sobre todo orden fiscal, ya que sin un esquema fiscal adecuado es imposible gobernar con éxito. Pero también de un firme orden en materia política para terminar con la demagogia y cambiar los espejismos dañinos del populismo por la verdad.", dijo.

Al igual que el año pasado, despojó su discurso de demagogia. Tampoco hizo anuncios. Pero trató de tomar esa carencia como valor positivo al bautizar a su gestión como la "revolución de sencillo". Apunta a los objetivos mundanos que dijo haber trazado al asumir como gobernador. El heperrealismo que ha caracterizado a su construcción discursiva desde que asumió se mantiene para justificar también la mirada humilde sobre el futuro.

Fuera de los datos puntuales, el Gobernador hizo una autoevaluación de la gestión, pero con un sesgo claramente "optimista" sobre lo hecho y con poca autocrítica. En ese sentido, tomó como ejemplo dos temas sensibles: la educación y la seguridad. En el primer caso hizo una fuerte defensa del ítem aula, medida que calificó como exitosa. En cuanto a la seguridad, sugirió que el delito había bajado producto de las reformas impulsadas.

En lo estético, se mostró mucho más seguro que en el discurso del año pasado. Aunque fue menos político, no dejó de lado su impronta y hasta tuvo tiempo para chicanas. "Puede aplaudir el Frente para la Victoria", dijo irónicamente a los legisladores opositores que estaban en el recinto. 

Claro que hay una trampa: Cornejo disocia lo que dice de lo que ejecuta. Con habilidad, esquivó todo el entramado político que sus allegados arman y planifican. Por eso no mencionó ni una frase sobre la reforma de la Constitución, tampoco sobre las elecciones, ni la reforma política. Y sí dijo que se considera un político con una oreja en la calle. "Soy un gobernador que se apoya constantemente en la mirada del ciudadano común. Por eso también sé que aún no se perciben en la calle algunos de los resultados positivos que vamos teniendo", aseguró.

El único anuncio realizado tiene que ver con esa percepción que Cornejo tiene sobre lo que piensa "la calle" (tomada en base a encuestas) y que tienen un fin más efectista que efectivo: que los presos trabajen, como sugiere, va a requerir mucho más que una ley. Pero nuevamente le sirve para ganar agenda, endulzar oídos y tomar "la palabra de la gente".  Por el resto, el discurso 2017 pasará de largo.